Historia de Cuba: la verdad de un investigador titular

Historia de Cuba: la verdad de un investigador titular

Los Castro no siguieron el camino de sus antiguos aliados del campo socialista porque les interesó más mantenerse en el poder

Raúl y Fidel Castro

LA HABANA, Cuba.- No lo digo yo, ni la realidad cubana. Lo dice el Historiador e Investigador Titular, profesor de la Universidad de La Habana y de la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba Ñico López, señor José C. Cantón Navarro, en su libro Historia de Cuba (1959-1999), publicado en La Habana hace nueve años.

Comienza este estudioso de la historia de Cuba explicando en su texto que en aras de elevar el nivel de vida de los trabajadores -algo que nunca se pudo lograr, y por supuesto menos ahora-, la Revolución Cubana cometió “algunos errores”. Tantos, agrego yo, que hoy estamos padeciendo de un régimen que tiene de cabeza a una población que no sabe qué hacer, ni por dónde ir.

Esos “algunos errores” que señala el Titular pinareño son tantos, que señalarlos aquí requiere de una síntesis para una mejor comprensión.

Cantón Navarro comienza su análisis y lo señala como “una concepción poco realista sobre la construcción del socialismo” – ¿poco profesor? – “…el hecho de dictar numerosas medidas que elevaron desmesuradamente los ingresos de la población y tuvieron consecuencias negativas para el país”.

Pero lo más curioso de esto es que esas numerosas medidas que dañaron al país, servicios gratuitos en general, continuaron a lo largo de casi sesenta años hasta que, enfermo Fidel, el general de ejército Raúl Castro asumió por herencia filial la presidencia del país el 24 de febrero de 2008.

¿Fue a partir de entonces que estos dos estadistas descubrieron el daño que habían ocasionado al país?

El profesor Cantón señaló en su libro que esos daños ocasionaron que “el salario se desvinculara de la norma, ligándose a la conciencia del trabajador y desdeñándose el estímulo material”. Y terminó afirmando que “la gran mayoría de las medidas eran desacertadas”.

Luego mencionó el burocratismo y su lucha contra este mal como una “lucha justa”. Pero, habría que añadir que el burocratismo continúa y su peor secuela: la corrupción, tanto se ha generalizado, que el mismo gobierno no cesa de destacarla en la prensa oficial, así como la indisciplina laboral.

Cantón destacó en ese mismo capítulo de su libro “el profundo malestar de la población” ante ese fenómeno natural, diría yo, del socialismo y la causa fundamental del desplome de ese régimen político en Europa del Este. Aclaró además que la lucha contra el burocratismo se distorsionó tanto que se identificó con la organización y el control, por lo que se suprimieron o menospreciaron operaciones necesarias para el control de la economía y las finanzas, afectó la preparación profesional de los trabajadores, y suprimió el Presupuesto del Estado.

Al respecto, reiteró el “hondo disgusto” que la política de los Castro ocasionó a los trabajadores. ¿Es la razón acaso de la poca seriedad que prestan los trabajadores en su desempeño laboral?

O sea, que fallaron en grande, porque “su economía se basaba en la negación absoluta de las relaciones mercantiles y en la subestimación del papel del dinero, lo que ocasionó un incremento de dinero circulante y la ausencia de la producción de bienes de consumo”.

Sólo al final de su análisis, el investigador titular se equivocó, cuando dijo que a finales del setenta se superaron los errores cometidos. No profe, los errores de los Castro continuaron, así como el hondo disgusto de la población, que hoy es mucho mayor.

¿Quiere decir el investigador titular que Fidel y Raúl no fueron estadistas exitosos?

Es por eso que no termina su libro sin antes preguntarse qué respuesta tendrán los estudiosos sobre por qué los Castro no siguieron el camino de sus antiguos aliados del campo socialista que optaron por la democracia. Fácil de responder profe:

A los Castro siempre les interesó más mantenerse en el poder, que el progreso de Cuba.

 

Fuente

Historia de Cuba: 1959-1999, José C. Cantón Navarro, Editorial Pueblo y Revolución, 1999.

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