La última hora del Che Guevara

La última hora del Che Guevara

3ra parte de entrevista a ex agente de la CIA Félix Rodríguez Mendigutia, donde narra detalles de su encuentro con el Che, aquella mañana del 9 de octubre de 1967.

Felix Rodriguez Mendigutía (foto del autor)
Felix Rodriguez Mendigutía (foto de Luis Felipe Rojas)

TAMPA, Estados Unidos. -“Che Guevara, vengo a hablar contigo, le digo, parándomele enfrente. Entonces me miró, y de forma arrogante, me dice: ‘A mí no se me interroga’. Para entablar una conversación, digo: Comandante, yo no he venido a interrogarlo, yo he venido a conversar con usted. Yo a usted lo admiro, usted fue ministro en Cuba y está aquí por sus ideales, aunque para mí están equivocados. Yo he venido a conversar con usted”. Recuerda el ex agente de la CIA Félix Ismael Rodríguez Mendigutia, su segundo encuentro con el guerrillero argentino, aquella media mañana del lunes 9 de octubre de 1967.

¿Qué respondió?

Se queda mirándome, para ver si yo me río, pero cuando ve que me mantengo serio, me pregunta: “¿Me puede quitar las amarras?” Entonces llamé a un soldado y ordenándole que lo desatara, lo ayudamos a sentarse en el banco, donde estaba de lado, entumecido…

Este no fue su primer encuentro con el Che Guevara, usted…

No. Cuando se produce la captura del Che Guevara, el domingo 8, pedí al coronel Joaquín Zenteno Anaya, jefe de la 8va División, acompañarlo a La Higuera. Esa noche, en una especie de hotelito allí en Vallegrande, sin luz, unas velas era lo que teníamos, estábamos brindando; yo había sacado dos botellas de Scotch Ballantine´s que guardaba. El coronel Zenteno dijo a su estado mayor que cualquiera de ellos tenía derecho a acompañarlo, pero que él sabía el daño que este señor le había hecho a mi patria, a Cuba, y que si ellos no se oponían, él quería que fuera yo quien lo acompañara. Todos estuvieron de acuerdo, y el lunes 9, alrededor de las siete de la mañana, partimos en el helicóptero hacia La Higuera. Allí nos esperaban el mayor Ayoroa, el capitán Gary Prado y el teniente coronel Selich. Entramos a la habitación; el coronel Zenteno Anaya comenzó a hacerle preguntas al Che, que lo miraba, sin contestarle absolutamente nada, al punto que el coronel le dice: “Óigame, usted, un extranjero, ha invadido mi país, lo menos que puede tener es la cortesía de contestarme”. Nada. No le contestó absolutamente nada. Entonces, molesto, el coronel salió de allí, ordenándole al teniente coronel Selich que me entregara la documentación del Che.

La documentación…

En una cartera recta, redondeada hacia abajo, color camello, estaban los documentos que él llevaba y que yo había pedido al coronel Zenteno fotografiar para mi gobierno. El diario, escrito en un cuaderno alemán, fotografías de la familia, los libros de claves con números para cifrar y descifrar mensajes, medicamentos y una careta negra para el asma y unos libritos escritos a máquina con mensajes de Cuba; bueno, estoy fotografiando todo eso; junto con los oficiales del batallón, el coronel había ido a la zona de operaciones, cercana, donde aún se escuchaba el tiroteo, pero hay un momento en que dejo de fotografiar y es cuando regreso a donde él está.

Es la segunda ocasión en que usted se encuentra con el Che Guevara esa mañana, y según la versión difundida por el régimen en La Habana…

Mira, en Cuba dijeron que él no hablaba con traidores, que me escupió; todo es cuento, todo eso es mentira. Él no sabía quién era yo. Es en el transcurso de la conversación que él se me queda mirando y me dice: “Tú no eres boliviano”. Ya yo le había hablado del Congo, de África, y un oficial del ejército boliviano no tenía por qué saber eso. Entonces le pregunto: Comandante, ¿quién usted cree que soy yo?

¿Qué respondió?

Yo estaba allí con grados de capitán del ejército boliviano y me dice, bueno, tú puedes ser puertorriqueño y puedes ser cubano, pero por las preguntas que tú me has hecho, tú estás trabajando para el servicio de Inteligencia de Estados Unidos.

Y…

Le digo: efectivamente, soy cubano. Yo integré los teams de infiltración de la Brigada 2506. Entonces él se mostró interesado preguntándome: “¿Y tú cómo te llamas?” Félix, le dije.

Luego, el Che Guevara está hablando con usted, sin saber quién es, y cuando lo sabe es por usted mismo… ¿y sintió curiosidad por ser usted cubano…?

Y por Bahía de Cochino. Por los teams de infiltración, porque él tenía los nombres de la gente de nosotros.

Foto del autor
(Foto de Luis Felipe Rojas)

¿De qué hablaron?

Mira, cada vez que yo le hacía preguntas que eran de interés táctico para nosotros, él me respondía: “Usted sabe que yo no puedo contestarle eso”. Pero sí hablamos. Hubo cosas de las que sí hablamos.

África…

Al hablarle de África, obviamente, él no quería tocar ese punto, pero le digo: mire, usted no querrá hablar de África, pero su propia gente ha hecho comentarios de que usted tenía como diez mil guerrilleros, y de que el soldado africano es muy malo. Entonces me dice: “Bueno, si hubiera tenido diez mil guerrilleros hubiera sido diferente, pero usted tiene razón, el soldado africano era muy malo”. Luego hablamos de Cuba.

¿De Cuba?

Comenzó diciéndome que la economía de Cuba era un desastre por culpa del embargo norteamericano. A lo cual le digo: Comandante, es irónico de su parte decirme eso, porque usted era el presidente del Banco Nacional de Cuba; usted era la autoridad máxima en la economía cubana, y usted no es economista. ¿Y tú sabes que me respondió…?

No.

Me dice: “¿Tú sabes como yo llegué a presidente del Banco?”, le digo: no tengo la menor idea. Diciéndome: “Yo estaba en una reunión y escuché a Fidel; entendí que él estaba pidiendo un comunista dedicado, y levanté la mano, pero lo que Fidel estaba pidiendo era un economista consagrado”. Oye, pensé que era una broma de él para evadir mis preguntas…

Sí, lo parece.

Pero no lo es. Cuando conocí a Benigno me aseguró que la anécdota es cierta.

Esas bromas continúan, un discípulo del Che Guevara…

Va para Venezuela a asesorar la economía de Maduro. Bueno, después hablamos de por qué escogieron a Bolivia. Me dijo que por tres razones básicas: primero, por ser un país pobre, sin grandes recursos, no creían que Estados Unidos iba a tener ese interés en defenderlo; segundo, porque conocían la falta de preparación del ejército boliviano, sería fácil combatir contra ellos; la tercera razón era la más importante: por tener fronteras con Brasil, Paraguay, Perú, Chile y Argentina, pensaban exportar la revolución a estos países si lograban tomarla. Era ese el gran interés con Bolivia.

Desde la Sierra Maestra, el Che Guevara solía fumar en pipa, y en las fotografías de la guerrilla boliviana se le ve con una, Gary Prado dice que le dieron de fumar, ¿cuál fue el destino de esa pipa?

Cuando le di la noticia de su ejecución, luego de reponerse y decirme que era mejor así y de darme los mensajes para Fidel Castro y para su esposa, saca la pipa del bolsillo y me dice: “Quiero entregarle esta pipa a un soldadito que se portó bien conmigo”. El sargento Mario Terán debió escucharlo, porque llegó diciéndome: “Yo quiero la pipa, mi capitán, yo la quiero”. Pero el Che dice: “No, a ti no te la doy”. Ordené al sargento que saliera y le pregunto al Che: Comandante, ¿me la da a mí? Se quedó unos segundos mirándome, diciéndome luego: “Sí, a ti si te la doy”. Después de la muerte del Che, guardé un poco de tabaco que tenía la pipa antes de dársela al sargento.

La última fotografía del Che Guevara vivo, es en la que aparece junto a usted. Fue autenticada por funcionarios del gobierno de Estados Unidos. No es una fotografía de identificación oficial, sino aceptada, de grupo. Si como dice la versión castrista, él se negó a conversar con usted, como pudo negarse a ser fotografiado de esa forma, dígame: ¿Cómo el Che Guevara accedió a fotografiarse con un cubano agente de la CIA?

Cuando el coronel Zenteno regresó de la zona de operaciones le digo: coronel, han llegado instrucciones de su gobierno de eliminar al prisionero, pero las instrucciones de mi gobierno son mantenerlo vivo; él me explica que tenía que cumplir las órdenes, que a las dos de la tarde el helicóptero venía a recoger el cadáver del Che Guevara, diciéndole yo que tratara de cambiar de idea a sus superiores, pero que si no había una contraorden, a las dos de la tarde le llevaba el cadáver del Che.

“El coronel Zenteno Anaya se fue; luego el helicóptero vino varias veces, y en una de esas, yo estaba conversando con el Che, entra el piloto, el mayor Jaime Niño Guzmán con una cámara fotográfica del mayor Saucedo, jefe de inteligencia de la división, diciéndome: “Capitán, el mayor quiere una foto con el prisionero”. Entonces digo al Che: Comandante, ¿a usted le importa? Y me dice: “No”. Como yo no sabía qué iba a pasar, pero si lo ejecutaban, una fotografía de él vivo podía poner en dificultades al gobierno boliviano, le puse veintidós de velocidad a la cámara del mayor y le cerré el lente.

“Entonces lo sacamos afuera, y dándole mi cámara al piloto, le pongo el brazo, y digo: Comandante, mire al pajarito. Ahí se echó a reír, cuando yo le digo, mire al pajarito; incluso, pensé que todavía se estaba riendo cuando tiraron la foto; claro, ahí cambió la expresión para la fotografía que tú viste. Luego seguimos conversando”.

PARTE ANTERIOR DE LA ENTREVISTA

(Alberto Méndez Castelló es un periodista independiente residente en Cuba, colaborador de Cubanet, que se encuentra de visita en los Estados Unidos por motivos familiares)

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