La película que cuenta Enrique Colina no tiene remedio

La película que cuenta Enrique Colina no tiene remedio

¿Qué penitencia tendrá que hacer Colina para no contrariar a los oficiantes del rito y probar su fe y recuperar el favor oficial?

Enrique Colina; Cuba
Enrique Colina (Foto: Internet)

LA HABANA, Cuba. – Luego de leer “Rescatar la crítica del Noticiero ICAIC”,  el extensísimo comentario de Enrique Colina que apareció publicado en La Joven Cuba, donde el realizador y crítico de cine inserta profusamente citas de discursos de Fidel Castro y, para hacer señalamientos críticos, se zambulle en ese proceloso “dentro de la revolución” que dictaminó el difunto Máximo Líder, me quedé preguntándome por qué, si es de los suyos, lo tendrán excluido, marginado, eliminado, multiplicado por cero.

¿Qué penitencia tendrá que hacer Colina, qué cilicio tendrá que emplear, cuanta consigna  y bobería tendrá que repetir, como un loro, para no contrariar a los oficiantes del rito y los celadores de la liturgia, y así probar su fe y recuperar el favor oficial?

¿Será que Colina  es demasiado ingenuo y torpe y no sabe escoger lugar y momento oportunos donde decir sus criterios, por muy “dentro de la revolución” que sean, sin que parezcan majaderías e impertinencias a los oídos de los mandamases?

Casos como el de Enrique Colina no hacen más que confirmar la intolerancia cerril, aun con su propia gente, de este régimen que no ha cambiado tanto -como muchos quieren creer- desde los tiempos del Decenio Gris.

Colina, de tan fidelista y revolucionario como se muestra en el artículo, de tan convencido como está en la posibilidad de perfeccionar, a estas alturas, el socialismo castrista, en vez de estar en plan pijama, debería estar ocupando cargos en el gobierno, o al menos en el ICAIC o la UNEAC, a ver si logran que le hagan caso a sus recetas para salir, siquiera unos pasitos, de la atrofia y el anquilosamiento.

Pero no. Colina, por conflictivo y problemático, por sus problemas ideológicos –me parece estar escuchando a los mandamases y los comisarios que les sirven-, por no acabar de convencerse de que seguimos sin un ápice de  libertad de expresión, sigue purgado, desechado,  echado a un lado. Y lo seguirá estando. Más ahora, que rige una tendencia, no conservadora, como él señala, sino inmovilista, retrógrada, retranquera. Como si la nueva generación de dirigentes del gobierno, los panzudos del relevo, quisieran demostrar que son más castristas que Fidel y Raúl Castro juntos.

Con este artículo, en que se va por las ramas en el deslinde de culpabilidades  y cuando casi pone el dedo en la llaga lo hace suavecito y con curita fidelista de por medio, Enrique Colina, a quien admiro por su talento como documentalista, me decepciona. Mejor se hubiera quedado callado. La película que comenta, y a la que le busca los ángulos positivos,  como si estuviera en los tiempos del programa 24 x segundo, todos la conocemos. De tan mala como es, no la puede arreglar ni Fellini. ¿Cómo van a mejorarla en el ICAIC?

No quiero ensañarme con Colina. Después de todo, entre los intelectuales y artistas cubanos, que en sus posicionamientos van “palante y patrás”, diciendo que dijeron digo donde quisieron haber dicho Diego, y evitando llamar las cosas por su nombre, Enrique Colina no es de los peores. Los hubo y los hay –como su adorado Santiago Álvarez, con aquellos bodrios insufribles que eran los Noticieros ICAIC, tan parecidos a los No-Do del  franquismo-  mucho más sumisos,  abyectos, hipócritas y oportunistas. Por eso tienen lo que tienen y les pasa lo que les pasa. Se lo merecen. Por no darse a respetar. Por tanta pendejada. ¡Qué no se quejen!

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