La Habana dejó de ser un paraíso

La Habana dejó de ser un paraíso

No hay cifras oficiales, pero la ciudad sigue aumentando sus niveles de violencia, aunque no siempre desencadenen en homicidio

Camioneta de Criminalística en La Habana
Camioneta de Criminalística en La Habana (Foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. – Aunque no abundan cifras públicas de los niveles de violencia en  Cuba, La Habana es para muchos la ciudad más segura del mundo. Sin embargo, no pocos difieren de semejante “distinción” y tampoco dudan en señalar que, a ratos, la capital se convierte en “una boca de lobo que mete miedo”. Así lo dice una vecina del municipio de Habana Vieja, que observa con preocupación el tema de la seguridad que hay en la calle hoy día.

“Eso es para los yumas (…) porque si a ellos les pasa algo, ahí sí que se arma, pero tú sabes la cantidad de gente que vive con miedo a salir por la noche”, dice otra vecina residente en la calle Ánimas, que se refiere exclusivamente a los cubanos.

La mujer cuenta que Omar, su hermano, es bicitaxista y que “una noche se quedó dormido y le dieron tremenda paliza para quitarle el bici”.

“Cuando llegamos a la estación de Zanja a los policías no les cogió de sorpresa porque no era el primero al que le pasaba. Dicen que hay una bandita por ahí quitando bicis y yo me pregunto entonces, ¿para qué tantas cámaras si no sirven para nada?”, se pregunta la señora.

Advertencias no oficiales sobre bandas que asaltan, golpean, roban y matan, hubo muchas, pero nunca se ha hablado de si la policía actúa contra de ellas.

En Alamar, algunos vecinos denunciaron que había una banda que “golpeaba por placer”, recuerda Annerys, quien decidió mudarse porque “el barrio era peligroso”.

¿Y qué es un barrio peligroso en Cuba si no el resultado ambiente de violencia que generan el alcohol, la marginalidad y la impunidad tanto de criminales como de las autoridades?

Annerys recuerda los gritos en la noche de “cógelo”, que por lo general eran adolescentes que salían del anfiteatro tomados y con ganas de matarse entre ellos, pero también recuerda los muertos que aparecían en la costa o en los matorrales. “Secretos a gritos que nunca fueron noticia”, dice.

Asimismo, Amarilys, también en Alamar, recuerda a la “adolescente que mataron y enterraron en el cementerio de los perros”. Según relata, “la policía encontró a los culpables porque la madre insistió con la policía, porque si no, todavía la estuvieran buscando”. Habla también de “el tipo que mató a la novia en el Golfito porque le descubrió fotos en el móvil teniendo sexo con otro hombre”.

El primer caso ocurrió en una de las tantas entradas que tiene Alamar por Vía Blanca y el segundo en el paso entre Cojimar y Alamar, una zona por donde pocos se atreven a cruzar entrada la noche. Esos asesinatos tampoco llegaron a ser noticias porque en Cuba no existe la prensa roja.

Según el periódico Invasor, la cifra de homicidios proporcionada por el Ministerio de Salud Pública a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen fue de 572 2016, aunque en el ya lejano 2013, solo La Habana ostentaba 132 casos.

De 2018 y 2019 no se ha publicado ningún dato, pero la ciudad sigue aumentando sus niveles de violencia, aunque no siempre desencadenen en homicidio.

En la red social Twitter, un usuario identificado como @Roberto19934 decidió denunciar el estado de inseguridad que siente al montarse en un transporte público después de las 9 de la noche, y describe su experiencia.

“Aquel P10 estaba en candela. Borrachos, con arena, sin pullovers, música de reguetón. Lo más lindo es el cuento que venían haciendo de que si por 5ta avenida se había armado una ‘fajazón’ arriba de la guagua, de puñalada y todo”, relata.

El usuario propone como solución que “la Unión Eléctrica de Cuba (UNE) y el Ministerio del Interior (MININT) deberían trabajar juntos para iluminar las calles, pero la mayoría de las personas a las que se le preguntó sobre la policía y la solución a lo que se ha vuelto un problema se mostraron escépticos.

“La verdad es que La Habana a oscuras mete miedo y ahora que estamos en vacaciones más porque la gente no tiene dinero y sale a buscarlo de todas todas”, dice una florera de la calle Salud, que asegura que, aunque en Centro Habana se vive “casi en la acera porque el calor es insoportable, la cosa después de cierta hora se puede poner caliente”.

Según la mujer, se ha vuelto norma que en la misma esquina los adolescentes “se fajen, griten y se caigan a golpes”. Todo eso debajo de una cámara de vigilancia. “No pasa nada porque el único policía que te encuentras es el de la esquina raspando dinero”, asegura.

En ese sentido, frases como “En Cuba no pasan esas cosas” o “Aquí no hay armas de fuego en la calle” ya van quedando en el pasado.

“Hay que estar en la calle para saber por dónde va la cosa”, dice otro bicitaxista de los que parquean por tiempo indefinido en la esquina de Monte y Cienfuegos. “La Habana desde hace mucho tiempo dejó de ser un paraíso. Aquí se mata, se ajustan cuentas, se arrebata, se estafa igual que en el resto del mundo. Allá quien no quiera enterarse”, finaliza.

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