La Guerra del Ogaden: otra aventura militar del castrismo en África

La Guerra del Ogaden: otra aventura militar del castrismo en África

Fidel Castro logró anotarse la victoria sobre un ejército desharrapado, indisciplinado y que no sabía hacer buen uso del armamento moderno

Cuba, Ogaden,
Arnaldo Ochoa, jefe militar a cargo de las tropas cubanas en el Ogaden, y Fidel Castro (Foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. – Se cumplen 42 años del fin de la Guerra del Ogaden, un enfrentamiento entre Etiopía y Somalia que fue decidido por la intervención del ejército cubano.

En noviembre de 1977, Fidel Castro -que tras intervenir en Angola le había cogido el gusto a las aventuras bélicas en África- complació gustoso la petición del gobernante etíope Mengistu Haile Mariam de despachar tropas cubanas a Etiopía para repeler a las tropas somalíes que hacía poco más de un mes se habían apoderado de Jijiga, en el sudoeste de Etiopía.

Tres años atrás, en 1974, Mengistu Haile Mariam, mediante un golpe militar, había derrocado al emperador Haile Selassie y había instaurado un régimen marxista que resultó tan despótico y sanguinario como el del Negus.

Somalia, regida por el dictador Mohamed Siad Barre, desde 1969 también se había proclamado comunista y recibía copiosas cantidades de armamento soviético.

En 1977, ambos países entraron en conflicto por el Ogaden, un territorio desértico de unos 279 252 kilómetros cuadrados, cuya población era mayoritariamente somalí y musulmana.

Puestas a elegir, al estallar el conflicto entre los dos países del Cuerno Africano, la Unión Soviética y Cuba apostaron por Etiopía.

A finales de noviembre de 1977 se inició el despliegue en Etiopía de 17 000 soldados cubanos distribuidos en tres brigadas de combate fogueadas en la guerra de Angola. Al frente del contingente militar fue designado uno de los mejores generales cubanos, Arnaldo Ochoa.

Los soviéticos aportaron un apoyo logístico de 80 aviones de combate, 600 tanques y 300 carros blindados.

La ofensiva cubana en Ogaden fue arrolladora. Ya en marzo de 1978 era evidente que los somalíes no podrían resistir, a pesar de que los Estados Unidos habían empezado a enviarles armas. Unos meses después, Siad Barre ordenó la retirada de las fuerzas somalíes.

Así, Fidel Castro logró anotarse otra victoria militar en África, esta vez sobre un ejército desharrapado, indisciplinado y que no sabía hacer buen uso del armamento moderno.

Pese a la derrota somalí, los militares cubanos continuaron en Etiopía apoyando al régimen de Mengistu, y viraron sus armas contra otros viejos aliados, las guerrillas secesionistas eritreas.

Según la versión de la Cuba oficial, fueron 163 los cubanos muertos en Etiopía. Seguramente, los generales de las FAR y los escribanos de la historia oficial, como no fueron sus hijos los que pusieron los muertos, considerarán que la cifra fue baja. Pero resultaron demasiados para los cubanos de a pie, a los que les importaban un bledo las querellas -que no entendían ni les explicaron- entre dos países lejanos regidos por dos tiranos que competían entre sí en cuanto a crueldad.

Eritrea proclamaría su independencia en 1993. Etiopía siguió desgarrada por los conflictos étnicos. Para 1990, los separatistas controlaban las provincias del norte del país. Las políticas impopulares, la sequía, la hambruna y la cruenta guerra civil, que impidió la llegada de la ayuda internacional, provocaron la caída del régimen militar. En mayo de 1991, Mengistu huyó a Zimbabue, a disfrutar el botín robado. En 2008, acusado del genocidio de más de un millón de personas, fue condenado en ausencia a cadena perpetua en Etiopía.

En 1994, Etiopía adoptó una nueva constitución y abrazó el multipartidismo y la economía de mercado.

Etiopía sigue siendo hoy uno de los países más pobres y hambreados del planeta. Según datos del Banco Mundial, la renta per cápita es de 90 dólares, la esperanza de vida de 41 años y la tasa de mortalidad infantil es de 102 fallecidos por cada mil nacidos vivos.

Por la casi nula utilidad práctica de la victoria en Ogaden y, sobre todo, por no tener que recordar a su artífice, el general Arnaldo Ochoa, condenado a muerte y fusilado en 1989 en la Causa 1, los mandamases verde olivo no suelen abundar mucho sobre esa campaña militar.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956).
Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura.
Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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