La Esquina del Pecado

La Esquina del Pecado

La famosa esquina habanera, 54 años después de quienes quisieron poner fin al “pecado” de ver vidrieras y comprar

LA HABANA, Cuba – Lejos de incitar a los ligeros pecados de admirar y comprar, la habanera Esquina del Pecado provoca hoy desagrado y lástima. Ya se sabe que en realidad no era tan pecaminoso este sitio, donde confluyen las calles Galiano y San Rafael, y que su peculiar nombre obedecía a la enorme afluencia de mujeres bonitas y elegantes que iban allí, atraídas por las vidrieras de tiendas y otros establecimientos que estaban asentados en sus cuatro puntos de confluencia.

En el año 1920, ya se medía en esta esquina el pulso comercial de La Habana. Y ese prestigio como patrón de movimiento económico y de atracción pública se mantuvo en creciente hasta los inicios de la década de los 60. La belleza en los decorados de las vidrieras, la muy cuidadosa presentación de cada mercancía y el eficiente y esmerado servicio de los empleados de sus comercios, fueron algunas de las constantes que hicieron proverbial la Esquina del Pecado, “Vía crucis de los instintos”, según el ilustre escritor y profesor Jorge Mañach, quien además calificó el lugar como encantador, lujoso y perfumado.

Luego fuimos azotados por el perenne ciclón de 1959. De acuerdo con las ubicaciones de los comercios que entonces existían en los cuatro puntos de la esquina, sólo uno conserva más o menos su función y su estructura original, pero sería preferible que también hubiese desaparecido. Es la tienda Flogar, cuyas vidrieras (por no hablar de lo demás) conforman una grotesca caricatura de lo que fueron, feas hasta el colmo, míseras, vacías o malamente cubiertas con bagatelas que nadie compra. Los cristales rotos y empatados con papel de precinta…

En otra de las confluencias de Galiano y San Rafael está La Moda, rastrojo de lo que fue hasta los 60 una de las más afamadas peleterías de La Habana. Hoy con las vidrieras desiertas, ni feas ni bonitas, sino sencillamente inútiles. El establecimiento fue reducido, luego de ceder su ubicación en la esquina a la cafetería Vea, un tugurio que haría honor al antiguo nombre del lugar, entendido menos metafóricamente y más en línea con otros conceptos cristianos del pecado, como la prostitución o la práctica del bisnes delincuencial…

En la acera de enfrente, en otra de las esquinas, se encuentra ahora la ferretería TRASVAL. Antiguamente estuvo allí La Casa Grande, una de las primeras súper tiendas habaneras, que más tarde dio paso al recordado Ten Cents de Galiano. En TRASVAL no hay vidrieras, es un cajón negro de mampostería. Y muy apretado, en uno de sus laterales, perviven los últimos restos del Ten Cents, un esquinero más oscuro por dentro que boca de lobo, y tan poco atractivo por fuera como lo que es, comercio estatal para vender dulces viejos y refrescos de agua de jeringa, nombrado, para colmo, Variedades Galiano.

Por último, está la esquina de lo que fue la muy notoria tienda El Encanto, destruida en 1961 por un incendio provocado quizá por algún energúmeno que quiso combatir a la revolución con los mismos métodos terroristas que sus líderes habían empleado para adueñarse del poder. En 1958, esta tienda daba empleo a más de mil personas. Era la más importante de Cuba, con sucursales en Varadero, Santa Clara, Cienfuegos, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba. Se cuenta que la chaqueta de vinil que luce Che Guevara en la muy conocida fotografía que le hizo Korda, la adquirió justamente en esta tienda, lo cual demuestra que para ser destructor del buen gusto no es preciso desconocerlo.

No será necesario volver a contar la tan repetida historia del parque Fe del Valle, que ha ocupado el lugar de El Encanto desde que fue incendiado. Bastaría con recordar que el pueblo habanero lo rebautizó muy pronto con el nombre de La Gran Estafa. Hoy, para el completo, aquello parece una feria de gitanos. Han situado allí diversos timbiriches estatales destinados a la venta de productos de muy baja calidad, que no tienen salida en las tiendas o en las bodegas.

Algunos de tales timbiriches, tal vez atenidos al apelativo de La Gran Estafa, anuncian, mediante carteles, productos que en realidad no venden. Otros, aun estando al aire libre, adquirieron ya la atmósfera asfixiante y sórdida que tipifica a los comercios estatales cerrados que se dedican al comercio en moneda nacional.

En suma, esta es la Esquina del Pecado, 54 años después, bajo las botas de quienes quisieron poner fin al ligero pecado de admirar y comprar, y terminaron.

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