La diplomacia de la intolerancia

La diplomacia de la intolerancia

¿Por qué Venezuela no va a la Cumbre de las Américas, pero Cuba sí?

Un grupo de la delegación oficialista cubana protesta en la entrada del Foro de la Sociedad Civil marco de la celebración de la Cumbre de Las Américas en Panamá, 2015 (Telemetro)

GUANTÁNAMO.- Entre el 10 y el 11 de abril próximos va a celebrarse la VII Cumbre de las Américas en Perú. De ella ha sido excluido el gobierno del presidente Nicolás Maduro, al que el Grupo de Lima acusa de haber instaurado un régimen antidemocrático en Venezuela.

Contradictoriamente, ese mismo grupo ha invitado al gobierno del general de ejército Raúl Castro Ruz, mucho más antidemocrático y represivo que el que encabeza el venezolano.

Esto demuestra una vez más como la hipocresía ha permeado a numerosos gobiernos democráticos del continente que, con respecto a Cuba, han hecho de las coyunturas políticas, no de los principios, urdimbres esenciales para formatear su relación con una dictadura que pronto va a cumplir 60 años.

Se avizoran nuevas demostraciones públicas de la intolerante posición del castrismo y de la incivilidad y prepotencia de sus testaferros, que acuden a la cita en nombre de la “genuina y revolucionaria sociedad civil cubana”, como escuché decir en el Noticiero Estelar de la televisión cubana de este miércoles a quien presidió el “Foro Pensando América”, reunión convocada para que esos representantes de la sociedad civil que depende del castrismo acordaran las pautas a seguir en la cumbre, donde se aprobó por unanimidad una declaración final con el mismo teque de siempre.

La señora Yamila González Ferrer, vice presidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC), organización de la “sociedad civil” castrista, que depende del departamento ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, es la líder de la Coalición 15, nombrada “por un mundo inclusivo y respetuoso”. En su intervención dejó bien clara cuál va a ser la posición “inclusiva y respetuosa” de la delegación cubana al expresar que no compartirán espacio con los cubanos que de forma independiente llegarán a la cita, a los que “respetuosamente” calificó como mercenarios a servicio de una potencia extranjera. Cabría preguntarle a dicha señora y a los demás miembros de la delegación cubana si ellos pagaron sus viajes y estancia en ese lugar, pues sabemos que esos gastos los asume el gobierno cubano, del que todos ellos son sus mercenarios.

No menos inconsecuente resultó el embajador Juan Antonio Fernández, famoso por su incapacidad para rebatir las dignas réplicas que ha recibido en foros internacionales sobre derechos humanos cuando se trata el caso de Cuba. Algo subidito de peso, el representante oficial del gobierno cubano, luego de reclamar que el foro transcurra sin exclusiones —obviamente se refería al gobierno de su amado Maduro— que propicie el debate respetuoso, democrático y el derecho a disentir —aquí señalo que ese derecho, según él, es sólo para los castristas, no para quienes se les opongan— también trató “respetuosamente” como “usurpadores” y “mercenarios” a los cubanos que de forma independiente acudirán a la cita para exponer nuestra realidad, esa que es silenciada por la prensa oficialista y los grandes medios que envían sus reporteros a La Habana para hacer turismo, no para informar objetivamente.

Violando normas éticas fundamentales, el diplomático interrumpió al joven representante de la Red Latinoamericana del Movimiento Jóvenes por la Democracia, con la aquiescencia de quien dirigía el debate. Por cierto, el noticiero de la televisión cubana transmitió completo el discursito de Fernández y su réplica, pero haciendo gala de una reiterada práctica obvió transmitir íntegramente las palabras del joven peruano. Así funciona nuestra prensa “objetiva y revolucionaria”.

Otro participante de menor rango en esta nueva mascarada del castrismo, el líder “cristiano” Joel Ortega Dopico, en el “Foro Pensando América” criticó a los gobiernos de la región porque en su gran mayoría —según su dicho— no fueron elegidos por la sociedad civil de sus países, como sí ha ocurrido con el gobierno cubano según él. Es evidente que para el señor Dopico resulta menos legítimo el presidente de un país electo por millones de ciudadanos que el presidente del Consejo de Estado de nuestro país, que será elegido-previa propuesta de la Comisión de Candidatura —por sólo 605 diputados, una cifra que representa el 0,007% de los ciudadanos con derecho al voto, pues según los datos finales dados a conocer por la Comisión Electoral Nacional recientemente, la lista actualizada de votantes fue de 8 639 989—.

En el colmo de la manipulación, el periódico Juventud Rebelde del pasado 20 de marzo, publicó un artículo firmado por el oficialista Yuniel Labacena Romero, titulado “Cuando el lobo quiso parecer Caperucita”, en el que afirmó que los cubanos que participaron en la cumbre anterior, celebrada en Panamá, no protagonizaron hechos de violencia, cuando realmente muchos sentimos vergüenza ante la violencia y vulgaridad mostrada por la delegación oficial cubana, la que incluso fue llamada al orden por varias delegaciones de otros países.

Con respecto a lo ocurrido en los alrededores de un parque donde hay una estatua de nuestro Apóstol José Martí, en la que algunos opositores pacíficos quisieron colocar una ofrenda floral, aseguró que no fueron atacados por los testaferros castristas sino por “grupos de solidaridad”. Y aunque no ocurrió así, ya sabemos por quién son entrenados y mantenidos económicamente esos “grupos solidarios”.

Así andan los preparativos de la nueva cumbre. De lo que sí estoy seguro es que no será noticia la reiterada actitud intolerante de la delegación cubana, tratando de coartar la participación pacífica de quienes se le opongan y tienen el legítimo derecho a defender esa posición. No dudo que habrá muchos “valientes” dispuestos a amenazar a los opositores pacíficos y hasta a golpearlos en masa, como acostumbran a hacer cobardemente en Cuba. Tampoco serán noticias las restricciones de viaje a los miembros de la sociedad civil independiente, esos que no son correas de transmisión de la política castrista y que a golpe de coraje continúan plantando cara a la dictadura.

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