“Todos tenemos voz” (vídeo)

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“No debemos esperar a que nos den permiso para hablar”. Entrevista al cineasta cubano Juan Carlos Cremata

Juan Carlos Cremata con Jorge Ángel Pérez. Foto P. Chang[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=vg1yAJe7qrI[/youtube]

LA HABANA, Cuba. -Irreverente como todo gran artista, ingenioso y provocador, auténtico por sobre todas las cosas, Juan Carlos Cremata en los últimos años ha desatado numerosas polémicas alrededor de sus obras teatrales y cinematográficas, consideradas entre las más temerarias, política e ideológicamente, en el panorama cultural cubano, siempre asediado por los fantasmas de la censura y la autocensura, por funcionarios sin ningún tipo de talento cuyo trabajo es vigilar, mantener bajo control las ideas, inocular con el castigo un miedo colectivo que paralice a los audaces y desencadene el entusiasmo de los mediocres.

Como el mismo Cremata ha confesado, no busca provocar por el mero placer del escándalo sino por una necesidad intelectual, humana, de confrontar sus ideas públicamente, inducir la reflexión en el público, removerles el piso a aquellos que se resisten a los cambios, que prefieren la seguridad de la inercia, descubrirles que un fenómeno o una realidad pueden ser analizados desde perspectivas infinitas o que lo sagrado es un concepto relativo, un asunto muy personal que no puede ser impuesto por decreto.

Juan Carlos Cremata con Jorge Ángel Pérez (foto del autor)
Juan Carlos Cremata con Jorge Ángel Pérez (foto del autor)

“No me interesa que todos acepten tal cual lo que digo. Simplemente ejerzo mi derecho a hablar y a que alguien me diga que estoy equivocado o que coincide plenamente conmigo, pero que nadie se crea con el derecho a negarme la palabra. Hay quienes me dicen que yo puedo darme el lujo de denunciar por ser quien soy, porque tengo voz, y yo les respondo que todos tenemos voz, que no debemos esperar a que nos den permiso para hablar o que nos digan qué tenemos que decir, dónde o cuándo”, dice este habilidoso conversador que además habla de las condiciones en que produce sus obras, de la precariedad de los locales donde realiza los ensayos, de los mecanismos burocráticos que les imponen desde el Ministerio de Cultura, de los momentos de incertidumbre que vive actualmente.

La prohibición de las representaciones de El rey se muere, una “crematización” [término que usa de manera jocosa para hablar de su sello distintivo] de la obra original del dramaturgo francés de origen rumano Eugène Ionesco, se ha sumado al historial de censura que ha sufrido Juan Carlos Cremata en los últimos años debido al carácter poco complaciente de sus propuestas. La hijastra, aunque no fue bajada de cartelera, en su momento provocó los disgustos de la oficialidad. Crematorio, su más reciente cortometraje de ficción, no ha podido proyectarse en las salas de cine del país, no obstante, ha circulado en copias piratas entre los cubanos que lo comentan en las calles porque identifican en el filme esas ideas y palabras que les están prohibidas vocear porque pudieran ser sinónimo de rebelión.

El rey se muere es una “crematización” de la famosa obra de Ionesco”, nos explica Cremata, que además agrega: “por supuesto que esperaba esas lecturas que desataron la censura pero confieso que esa no era mi lectura, lo cual no quiere decir que las otras estén equivocadas. Todas las lecturas son válidas. Ese es el objetivo, que cada cual tenga su propia lectura, que cada cual saque sus propias conclusiones. (…) Ese texto de Ionesco es de 1962. Es una obra que siempre ha provocado la censura. Ha sucedido en Francia, en Chile, en Argentina, esa idea de un monarca, de un dictador que se resiste a morir ha molestado a muchos. En Cuba, hace algunos años, la trajo un grupo de teatro de México, por supuesto que no pudo ser representada. […] Todavía no comprendo cómo fue que no la prohibieron desde antes. El Consejo Nacional de las Artes Escénicas tenía el texto, lo aprobaron, no se puede hacer una obra si no lo aprueba el Consejo. La hubieran prohibido desde antes y aunque sigue siendo censura, no hubiera provocado pérdidas. En lo personal, yo invertí mucho en la obra. Yo debí decirles, bueno, si no me dejan poner El rey se muere, entonces pongo La hijastra, pero, por supuesto, no sería aquella representación sino una versión más actualizada, más depurada y, por qué no, más provocativa”.

Juan Carlos Cremata conversa con Cubanet (foto del autor)
Juan Carlos Cremata conversa con Cubanet (foto del autor)

Aunque acepta que la censura puede ser paralizante por momentos y que se sabe condenado a tener que salir a buscar otros espacios y recursos para continuar su obra, Juan Carlos Cremata no deja de trabajar en los proyectos inmediatos y futuros. Sueña con llevar a la escena y a las pantallas cientos de obras literarias que lo han estremecido y que sabe que habrán de sacudir a otros dentro y fuera de Cuba.

En medio de la tormenta que actualmente vive, Cremata Imagina reposiciones de obras pasadas, da los toques finales a una continuidad de Crematorio, habla de trabajar con equipos modestos, filmar con cámaras pequeñas iguales a esas con las cuáles hemos invadido su casa bien temprano en la mañana solo para conversar con alguien que siempre tiene una sonrisa, una carcajada, no solo para los amigos sino para quienes lo detestan por su hiriente sinceridad.

A diferencia de muchos otros artistas y escritores cubanos, Juan Carlos Cremata no esgrime pretextos para evadir las preguntas ni impone límites a nuestra conversación. “Hablemos de todo”, nos ha dicho. Es de los afortunados que han descubierto que para Cuba nunca han sido buenos los tiempos de ocultar y que son horas de abrir el telón.

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