En otro país, menos en este

En otro país, menos en este

Cada joven cubano que desea abandonar su país representa una baja social, sin dudas un brusco descenso en el termómetro de la vida

LA HABANA, Cuba.- En el año 2006 el realizador cubano Aram Vidal estrenó el documental DeGeneración, un interesante material que recoge los puntos de vista, sueños e inconformidades de un grupo de jóvenes cubanos, probablemente nacidos en el decenio de 1980, y provenientes de contextos sociales diversos.

Por aquella fecha gobernaba Fidel Castro. No se hablaba todavía de lineamientos económicos ni existían las que hoy están consideradas como algunas mejoras para garantizar mayor autonomía a los ciudadanos: compraventa de casas y autos, auge del sector privado, posibilidad de viajar y permanecer en el extranjero hasta 24 meses sin perder la ciudadanía… A pesar de ello, los jóvenes entrevistados, sin ocultar su desencanto, incertidumbre o desesperanza, irradiaban cierto apego al “proceso”, y sus opiniones denotaban algo del viejo idealismo que acompañó y sostuvo durante décadas a la revolución cubana.

Doce años después, CubaNet retomó una de las interrogantes del documental y entrevistó a varios jóvenes de entre 18 y 35 años, quienes en su mayoría declararon, sin un ápice de altruismo, que quisieran estar en cualquier lugar menos en Cuba. Estos muchachos que estudian y/o trabajan, no ofrecieron explicaciones tan elaboradas como los entrevistados por Aram Vidal en 2006. El desapego y la facilidad con que admiten querer emigrar, así como las razones para hacerlo, evidencian hasta qué punto no se tuvieron en cuenta los razonamientos de aquella generación anterior.

Ninguna de las políticas implementadas puede persuadir a los jóvenes cubanos para quedarse en la Isla, y aunque ya no pueden emigrar con la misma facilidad que hace tres años, su único propósito es irse, no importa hacia dónde. Si antaño eran Europa y Estados Unidos la Meca de los aspirantes a emigrar, hoy es cualquier país.

Erróneamente el régimen ha asumido que el endurecimiento de las políticas migratorias por parte de Estados Unidos pudiera paliar una situación de larga data; pero cada joven cubano que desea abandonar su país representa una baja social, un brusco descenso en el termómetro de la vida.

El cuentapropismo, los derechos sobre la propiedad personal y la flexibilización de las normas para viajar llegaron muy tarde. Todo ello representa apenas un hoyo por el cual respirar. Los jóvenes quieren libertad, progreso, trabajo duro que se traduzca en resultados, proyectos realizables… en una palabra: revolución. Una verdadera, profunda y radical revolución que haga de Cuba un país normal; aunque ello traiga consigo nuevos apremios.

Algunos cargan, además de los conflictos y desafíos propios de su contexto, los problemas heredados de sus padres. La generación del documental aún siente la necesidad de quedar bien con sus mayores, con la historia y, por último, con ellos mismos. Los que hablaron con CubaNet han roto todos los lazos. No les importa el pasado, ni la gloria, ni el compromiso; y ese nihilismo le resta peso al fardo moral, porque es más fácil dejar atrás lo que no significa nada.

Después de las reformas introducidas por Raúl Castro muchos creyeron que el país comenzaba lentamente a moverse. La realidad actual, sin embargo, contradice todas las expectativas, desilusionando continuamente a quienes por los imperativos comunes de su edad buscan cambios concretos.

Cuba gira sobre problemas que pueden considerarse endémicos, pero tendrían solución si alguien “allá arriba” quisiera pensar. Ante la desidia gubernamental, el pueblo ha aprovechado las reformas en función de la única alternativa que les parece sustentable. La gente vende su casa y su carro para intentar emigrar. Quienes inician un negocio saben de antemano que hay límites para su crecimiento; así que las opciones son estancarse o reinvertir los dineros acumulados en un proyecto de vida en el extranjero.

Personas que viajan con regularidad trayendo mercancía para vender, vislumbran que en cualquier momento su negocio podría volverse insostenible dentro de un marco legal que el régimen manipula a placer, y se preparan para eventuales contingencias. Estos pequeños “escapes” económicos no representan una solución a largo plazo; por eso los jóvenes consideran que si bien el cuentapropismo es preferible a ser un asalariado del Estado, tampoco colma sus expectativas porque constituye una plataforma llena de limitaciones y cada vez más controlada por el gobierno.

Nada hay en Cuba para las nuevas generaciones. La pretendida “transición” no ha marcado diferencia, pues el régimen mantiene la clase de mentalidad obcecada que obliga a cada nuevo líder —local, regional y nacional— a reafirmar su lealtad hacia Fidel Castro, un hombre que ya no existe, y Raúl Castro, un anciano a punto de morir.

Es la rotunda negación del futuro; el origen malévolo de la crisis cubana. Cuando parece que el país ha tocado fondo, quedando como única respuesta lógica el tomar impulso para resurgir, se abre un hoyo y sigue cayendo hacia un abismo insondable.

Han pasado más de diez años desde el estreno del documental y todos los síntomas del deterioro social que Aram Vidal visualizó, se han acentuado peligrosamente. Entre aquella generación y los jóvenes que hablaron con CubaNet, yace todo lo inconcluso y fallido del sistema.

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