José Daniel Ferrer y el fantasma de Nicaragua

José Daniel Ferrer y el fantasma de Nicaragua

La Seguridad del Estado recibió la orden de sacar de las calles de cualquier modo al líder de la Unión Patriótica de Cuba

José Daniel Ferrer es detenido por las fuerzas represivas del régimen castrista (Reuters)

LA HABANA, Cuba.- Que la acusación contra José Daniel Ferrer, a partir de un mínimo accidente de tránsito, haya pasado improvisadamente de “atentado” a “asesinato en grado de tentativa” revela cierta prisa de la policía política por fabricar el caso y, claro, el impúdico cinismo habitual, pero también nos subraya dos aspectos en la coherencia perversa de este montaje con otros hechos represivos de igual autoría.

Uno es el asesinato en otra vía pública del oriente cubano, en 2012, de Oswaldo Payá, considerado entonces la cara más visible de la oposición pacífica del país, líder del Movimiento Cristiano Liberación y creador del Proyecto Varela —un intento de democratización a partir de las propias leyes de la Constitución de 1976—, que recogió decenas de miles de firmas entre la ciudadanía y obligó al régimen a imponer la irreversibilidad del socialismo.

El principal promotor de ese Proyecto en el este del país era precisamente José Daniel Ferrer, lo que en 2003 le valió ser condenado a 25 años de prisión en el marco de la Causa de los 75. Cuando salió de la cárcel con una licencia extrapenal, en 2011, Ferrer fundó la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), que pronto se convirtió en el mayor y más fuerte grupo opositor e hizo de su fundador la figura más notoria de la disidencia, con un enorme poder de convocatoria.

El otro aspecto es la acusación misma: “asesinato en grado de tentativa” recuerda enseguida toda esa terminología tremendista y falsificadora que se utiliza en Venezuela y Nicaragua para demonizar a los que discrepan y para victimizar al propio régimen abusivo, como “magnicidio en grado de frustración”, “asociación para delinquir”, “terrorismo golpista” o “instigación a la violencia”.

El síndrome de la calle caliente

Habana, Caracas y Managua, son tres nombres trisílabos que, rimando en la letra y en la furia tiránica, forman las esquinas de un triángulo bestial donde solo la metrópolis castrista goza hoy de una relativa aunque tensa calma, mientras los bastiones de Nicolás Maduro y de Daniel Ortega, asediados, putrefactos y en llamas, luchan solo por ganarle algunos días al desplome cada vez más inminente.

Pero no duermen nada bien los malandros de La Habana. Ya bastante calienta el sol las calles y bastante caliente anda la gente. No hay ninguna válvula de escape masivo en el horizonte. El culebrón de la Constitución apasiona a muy pocos. Díaz-Canel no logra parecer aceptablemente verdadero. Las Damas de Blanco sobreviven. La policía reprime lo mismo a unos muchachos que organizan un torneo de patinetas que a unos artistas que protestan contra un abuso del poder.

Así que la Seguridad del Estado recibió la orden de sacar de las calles de cualquier modo a José Daniel Ferrer, quien para mayor alarma se ha convertido en aliado de Cuba Decide, el proyecto que pide un referéndum real y que lidera Rosa María Payá, con críticos incluso dentro de la oposición, pero que cobra un cariz muy inquietante para el régimen con la suma de Ferrer.

Las reacciones ante esta acción desmedida han sido inmediatas, como la protesta del Gobierno de Estados Unidos, del Secretario General de la OEA Luis Almagro y de Amnistía Internacional. Más de 60 opositores cubanos han publicado una carta en la que le exigen al régimen la libertad de Ferrer y de todos los presos políticos.

Martha Beatriz Roque, condenada a prisión en 1997 y en 2003, y que no cesa en su oposición frontal a los desmanes del gobierno, además de firmar aquella carta, ha pedido a los nueve miembros del Grupo de los 75 que quedan en Cuba, en solidaridad con el líder de UNPACU, presentarse ante el tribunal correspondiente para solicitar que se les revoque la licencia extrapenal.

Días atrás, un agente de la policía política dijo a los artistas independientes que se han sublevado contra el Decreto Ley 349, que institucionaliza aún más la censura, que “no queremos que suceda una Nicaragua en Cuba”. ¿Quiso decir que el régimen cubano preferiría no tener que masacrar a los opositores pacíficos en las calles?

Pese a sus temores, el castrismo no abandona el cinismo. En un gesto apaciguador, pero ridículo, las autoridades cubanas, que protegen a asesinos y terroristas, han entregado a Estados Unidos a un ciudadano que no está entre los peores delincuentes que se refugian aquí, en momentos en que el Departamento de Estado ha expresado preocupación por el caso de José Daniel Ferrer. Típico.

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