José Daniel Ferrer: “Me pueden incluso matar, pero rendirme, jamás”

José Daniel Ferrer: “Me pueden incluso matar, pero rendirme, jamás”

“Prefiero el peligro, la prisión, las torturas, la muerte antes que dejar de hacer lo que me corresponde, lo que es deber de todo cubano”

José Daniel Ferrer Cuba
José Daniel Ferrer. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- Luego de seis meses en prisión, José Daniel Ferrer fue liberado este viernes junto a sus hermanos de lucha José Pupo Chaveco, Roilán Zárraga y Fernando González.

CubaNet conversó con el líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) para conocer detalles del encarcelamiento, la liberación y el futuro de la organización.

José Daniel, fueron seis meses los que usted estuvo en prisión. Nosotros conocimos algunos detalles de su precaria situación mediante su familia, las veces que estos pudieron visitarlo. ¿Pudiera comentarnos cómo fueron estos meses para usted?

Primero, quiero resumirte lo que ya se ha publicado por varios medios. Es decir, que fuimos condenados arbitrariamente y sin la más mínima prueba. En el juicio, si es que podemos llamarle juicio a ese tipo de farsa, se puso de manifiesto que mentía el acusador, usado por la policía política en contra mía y de los demás activistas que fueron también acusados; no había ningún testigo que pudiese demostrar que el hombre había sido golpeado o había sido víctima de ningún tipo de agresión de parte nuestra. Todo eso quedó más que claro y así y todo nos condenaron a cuatro años y medio ‒a mí‒, cinco años a José Pupo Chaveco, suman cuatro años y medio también para Roilán Zárraga y tres años y ocho meses para Fernando González Vaillant.

Fue subsidiada la medida de prisión por libertad bajo control, es decir, lo que llaman prisión domiciliar. Yo no voy a cumplir, como se lo dije allí al tribunal. Pero esto no es un tribunal, en Cuba no hay tribunales o, por lo menos, no hay tribunales independientes, imparciales, no hay estado de derecho, no hay independencia entre los poderes y el Estado. Y les dejé bien claro que podían condenarme incluso a veintisiete años, multiplicando por tres los nueve años que me pidió la Fiscalía en prisión, porque yo no iba a cumplir con ninguna regla impuesta por la tiranía y sus tribunales y que mi misión era ayudar a democratizar a Cuba y tumbar la tiranía.

Los seis meses estos en prisión han sido muy difíciles por la sencilla razón de que el régimen tenía como objetivo que me fuese de Cuba, sacarme del país o que, por miedo a la difícil situación a la que nos someterían durante años en prisión ‒si me condenaban a los nueve años que la Fiscalía del régimen pedía en mi contra‒ pues para evitar esto la única solución era irme o abandonar la causa a favor de la libertad y la democracia de Cuba. Y mi respuesta siempre fue: me pueden condenar a nueve años, me pueden condenar a treinta años, me pueden seguir torturando, me pueden incluso matar pero rendirme, jamás. Eso no lo han conseguido ni lo van a conseguir jamás.

En ese tiempo pasé por dos huelgas de hambre que, solo con una interrupción de dos o tres días, fueron de 25 días. Me vi en una situación bastante difícil; no tengo esa resistencia física y voluntad que han demostrado, por ejemplo, Guillermo Fariñas o el difunto Zapata. Yo estaba en un deterioro bastante grande y decidí semi-alimentarme porque la alimentación que me daban era bastante difícil de digerir. Y luego también tuve que ayunar en varias ocasiones en protesta por los abusos que constantemente contra nosotros estaban cometiendo. Fui arrastrado por el piso irregular en varias ocasiones, me encadenaban pies y manos a menudo, me llagaron a arrastrar y dejar al sol sobre hormigas bravas en varias ocasiones…, es decir, todo cuanto se les ocurría hacer además del encierro en solitario, sin poder escribir, sin poder leer durante cinco meses. Solo a partir del 29 de febrero, hace un mes y unos días, me permitieron leer algunos libros ‒de pésima calidad y siempre rotos, que les faltaban hojas incluso‒ de la biblioteca del penal. Y esto por la protesta y por el deterioro físico.

Estoy pesando 72 kilogramos, yo pesaba 97 y llegué a bajar más de 50 libras de peso. Quienes me han visto ahora dicen que parece que vengo de Auschwitz o de Sachsenhausen, o de cualquier campo de concentración nazi. Eso en cuanto a lo físico porque en cuanto a lo espiritual, a lo moral, vengo con más energías que nunca y con más deseos que nunca de potenciar la lucha al máximo hasta alcanzar la libertad y el fin de la tiranía.

En aislamiento total, no tenía con quién hablar. La parte más cruda es estar sobre una cama de cemento, de hormigón, es más bien un banco, una especie de asiento con un metro noventa de largo. Allí sentado sobre eso, muy delgado ‒huesos por donde quiera, a flor de piel‒ las 24 horas del día. Durante cinco meses me daban, en horas de la noche, un colchón sucio, apestoso, contaminado de todo tipo de ácaros, con pésima higiene, y me lo quitaban en la mañana. En calzoncillos al principio, luego me permitieron la camiseta y entonces me pasaba todo el tiempo en camiseta y calzoncillos hasta que me ponían el uniforme, a la fuerza, los guardias. Primero a la fuerza, ya después en base a que salía a visitas con mi familia y dejé de romper los uniformes ‒se los rompí en once ocasiones‒.

Como me negaba a ponerme el uniforme, hasta la atención médica me negaban, porque para poder ver a un médico y recibir medicamentos tenía que ponerme el uniforme. Entonces no permitían que el médico me tomase ni siquiera la presión arterial ni yo aceptaba ningún medicamento para mis problemas estomacales, para la presión arterial; durante más de setenta día, los últimos días en prisión, no recibí ningún medicamento. Todo eso se suspendió por mi negativa a ponerme el uniforme. Ellos me negaban la entrada de todo tipo de medicamentos de la familia, las vitaminas, los antiácidos, y los alimentos que permitían eran escasos, regulados, controlados exprofeso. Un día dejaban pasar una cosa y a la próxima visita decían que no se podía pasar. Era siempre buscando cómo crear situaciones difíciles, cómo molestarte, cómo humillarte y cómo decirte “aquí quienes mandamos somos nosotros, te vamos a aplastar”.

Y en ese encierro en solitario ‒donde no puedes escribir, no puedes leer, donde no puedes hacer nada‒  el tiempo se te hace tan largo que un minuto parece una hora, una hora parece un día, un día parece una semana y la semana te parecen meses. El sexto y último mes fue que me permitieron tener sábanas permanentemente, y con eso ya podía cubrirme un poco más los días de frío. Esos días de frío, en una situación de crítica alimentación, muy mal nutrido, con mucha pérdida de peso, un frío terrible, tener que estar caminando, sin apenas tener energías, en un tramo de dos metros y tanto, cuatro pasos para allá, cuatro pasos para atrás, combatiendo las bajas temperaturas de la madrugada. Por suerte el frío nuestro acá nunca es tan agresivo pero de todas maneras molesta, afecta. Es decir, una serie de detalles y cosas que, de manera individual, podrían ser insignificantes pero, cuando lo sumas todo, queda un plan para hacerte la vida difícil, imposible, y obligarte a rendirte, intentando quebrar tu voluntad. Por suerte no lo lograron ni creo que lo logren jamás. No creo que lo puedan conseguir, ni esta vez, ni lo lograron en los 8 años de prisión cuando la causa de los 75. Ni creo que lo logren en un futuro próximo, o no tan próximo porque la amenaza de que podemos ir a prisión en cualquier momento con la sanción ‒ellos le llaman revocar la medida de la sanción‒ puede ocurrir en cualquier momento. Y como te dije anteriormente, no voy a cumplir con ningún tipo de imposición.

¿En algún momento le ofrecieron algún pacto?

A mi directamente ningún oficial se atrevió a hacerlo. Ellos me conocen bastante bien como para hacerlo pero usaron a una psiquiatra, de nombre Ivón, para preguntarme textualmente, si me daban la libertad, si no me iba del país. Por supuesto, le dije que no. Era un claro mensaje que venía de la policía política porque querían saber si después de todo el rigor que venían empleando en mi contra ‒todo esto de arrastrarme, humillarme, encadenarme, dejarme al sol, tirarme al piso violentamente para ponerme el uniforme, empujarme la cabeza contra la pared, el hambre, el aislamiento‒ quizás creyeron que si me hacían la pregunta a lo mejor podían obtener una respuesta favorable a ellos, a través de esta persona.

El jefe de la prisión, Mayor Osmani Figueroa Lescay, un día también me dijo que por qué no me iba del país. Yo le dije: porque no me da la gana, porque este es mi país, porque esta es mi patria y porque yo voy a luchar por la libertad hasta terminar con la tiranía y que Cuba sea verdaderamente “con todos y para el bien de todos”, como enseñó Martí y como tantos cubanos queremos y han dado lo mejor de sí, incluso la vida, por conseguir esa Cuba que desgraciadamente hoy no tenemos.

Esos fueron los dos intentos directos. Ya en el día de hoy, precisamente, un alto oficial de la policía política que se hace llamar El Polaco, me dice que él ‒refiriéndose al régimen al que él sirve‒ pone a un activista donde el activista quiera; que él lo mismo lo pone en Estados Unidos, que en Guyana, que en España, que en Canadá, que ellos tienen el potencial para eso, incluso aunque no tengan visa, que ellos saben cómo se resuelve el visado para poner a alguien donde haya que ponerlo. Yo le dije: bueno, si eso tú me lo estás diciendo a mí, estás perdiendo completamente tu tiempo, porque a mí no me saca nadie de aquí, ni ahora ni nunca. Rápido, parece que él cae en cuenta de que venía de una manera muy tonta y me dice: no, por ti no, yo sé que tú no, te lo decía por lo que dicen de que nosotros los obligamos a que se vayan; eso es mentira, ellos mismos son los que aceptan y nosotros lo que facilitamos la salida. Por supuesto, me reí, le dije que si aterrorizar a un ser humano para sacarlo de su patria es hacerle un favor pues, vamos, me maravilla la interpretación que ellos le dan a los hechos.

Me pareció que venía por ese camino en un momento en que me está diciendo que voy a ser trasladado de prisión y que me acababan de encadenar pies y manos. Por suerte, o por casualidad, hacía tres días me acababa de leer la novela ‒que le faltaban muchas páginas que le han arrancado los presos para usarla como papel higiénico‒ de Antonio Zambrana “El negro Francisco”. Cuando me vi con todas aquellas cadenas me acordé de los grilletes de los esclavos cuando la colonia y me dije: a pesar de que han pasado muchos años, la situación de Cuba sigue siendo igual o peor. Si nos trasladamos en el tiempo y comparamos las costumbres y la situación mundial de aquellos años con las costumbres y la situación mundial de ahora, la situación de Cuba es peor que la que sufrían los cubanos, los esclavos, en tiempos de la metrópoli española, del colonialismo.

Cuando pongo en la balanza el miedo que me produce la prisión, las torturas en la prisión y la muerte incluso, y en el otro platillo de la balanza pongo el juicio de la historia, créeme que me mete más miedo el juicio de la historia que lo que me pueda hacer la tiranía.

Yo respeto todas las religiones, incluso aprecio y valoro muchas cuestiones del cristianismo pero nadie me ha podido convencer de que exista algún tipo de vida después de la que estamos viviendo (…) Pero lo que sí sé es que si haces lo mejor y de la mejor manera en esta vida, siempre hay quien lo recuerda y esa es la mejor manera de inmortalizar tu modesto y humilde legado. Y prefiero eso a cualquier tipo de comodidad o cualquier tipo de situación que ahora me aleje del peligro.

Prefiero el peligro, la prisión, las torturas, la muerte antes que dejar de hacer lo que me corresponde, lo que es deber de todo cubano. Creo que se lo debemos a muchos cubanos desde hace muchos años, comenzando por los aborígenes que habitaban esta isla, continuando por otros muchos, llegando a los mambises, a Céspedes, a Agramonte, Maceo, el mismo Gómez ‒que no era cubano pero lo hizo muy bien como cubano‒; incluso, a muchos cubanos que lucharon contra el régimen de Batista, engañados por Fidel Castro, traicionados, manipulados por el gran farsante que fue Fidel Castro, los que murieron luego de que Fidel Castro instalara su tiranía, los fusilados arbitrariamente, los que murieron torturados en prisión, los que pasaron en prisión 20, 30 años de su vida en situaciones mucho más difíciles que las que hemos sufrido nosotros durante los últimos años, cuando nadie escuchaba, cuando la solidaridad apenas existía… y se lo debemos a todos ellos, a nuestros hijos, a las futuras generaciones en Cuba y por eso es que te digo que el miedo mayor es no poder cumplir con lo que es deber, con lo que es una cuestión de principios y de dignidad.

Y te terminaría diciendo como me han dicho en dos o tres ocasiones: oye, José Daniel, estás loco, tremendamente loco. Les digo: sí, pero no fue porque me puse a leer libros de caballería, me puse a leer la Declaración Universal de Derechos Humanos y a leer muchos libros sobre democracia, libertad, respeto a la dignidad del hombre.

Bueno, hoy, cuando escuchábamos la noticia de su libertad, algunos de nosotros acá en La Habana comentábamos las bajezas terribles con las que trabaja la dictadura porque hace apenas uno o dos días su esposa denunciaba en las redes sociales que intentaron captarla nuevamente estos esbirros para que colaborara con ellos a cambio de su liberación. Evidentemente, ya ellos sabían que lo iban a liberar y, de alguna manera, estaban tratando de desacreditarlo a usted y a su familia. Por suerte, su esposa se supo plantar una vez más frente a ellos y decirles que no.

Si hay algo que hay que aplaudirle a la dictadura es que no desaprovechan ni dejan de intentar hacer lo que ellos en algún momento creen que les puede dar algún resultado. Ellos se estrellan mil veces contra la firmeza, contra la habilidad de lucha del cubano, pero no dejan de insistir; ellos tienen como máxima de que al que no quiebran hoy lo pueden quebrar mañana, si no dentro de cinco o diez años, pero ellos no se rinden en cuanto a eso. En cuanto a perseverar para hacer el mal tienen un mérito enorme; si se le puede llamar mérito a este tipo de infamia y de bajeza.

Por suerte, cada vez son más los cubanos que saben asumir una postura firme, digna, valiente y, sobre todo, que no se dejan engañar, porque, por desgracia, muchos buenos cubanos han sido engañados, han creído que de verdad ellos vienen con una solución aparentemente humana, para evitar mayores males y han terminado cayendo en la trampa; y cuando te chantajean o usan en un detalle luego lo usan para seguirte chantajeando con detalles mayores y convertirte en un colaborador, en un agente de la tiranía.

Por suerte, mi familia ha sido muy fuerte siempre, desde los que están en los Estados Unidos, mi hermano Luis Enrique que siempre fue un luchador muy valiente, en la prisión lo recuerdan por su firmeza defendiendo a los presos políticos; mi hermana Ana Belkis, las parejas con quienes he compartido mi vida anteriormente, a quienes les agradezco mucho por su firmeza, por el sacrificio que junto a mí siempre pusieron en práctica, su abnegación, tengo muchísimo reconocimiento, aunque nos hayamos separado, seguimos siendo hermanos de lucha y el mayor afecto, cariño y gratitud también para ellas.

No tengo quejas incluso de mis hijos pequeños. Mi hija Fátima creció siendo Dama de Blanco, recibiendo incluso golpes. Mi hija Marta Beatriz ha recibido golpes en tantas ocasiones que me sería difícil contarlo. En cuanto a eso, vivo completamente orgulloso y satisfecho de la familia y de las personas con las que he compartido mi vida y también con la mayoría de mis hermanos de lucha. La mayoría de ellos lo han hecho muy bien y eso anima a continuar la lucha adelante. No podemos parar, no podemos detenernos.

Todos esperábamos, debido a la escalada represiva de los últimos meses y a la furia con que cayeron en su caso, que lo iban a revocar a prisión. Todos quedamos realmente sorprendidos de que lo liberaran. ¿Por qué usted cree que lo hayan liberado con esta sanción de cuatro años de prisión domiciliaria?

La liberación pudo haber ocurrido incluso antes, pero hay una cuestión de combinación de factores. El régimen es muy astuto en este tipo de cuestiones. El terrorismo, la manipulación, la mentira, el engaño han sido sus mejores herramientas. Ellos, en estos casos, conmigo o con cualquier otro opositor que ellos encarcelen en la actualidad, lo que hacen es poner en la balanza lo siguiente: qué gano y qué pierdo. Eso significa que van a estar valorando hasta dónde la solidaridad nacional e internacional va a afectar sus planes, sus intenciones. Y contamos con mucha solidaridad nacional e internacional. Eso rompió, en buena medida, el plan que ellos tenían concebido porque me acusan de un falso delito ‒a mí y a mis hermanos‒ de índole común, porque creían que de esta manera iban a engañar a mucha gente dentro y fuera de Cuba y que nos iban a restar importancia.

Hace rato que ellos vienen trabajando con esto de acusar de delitos comunes para restar apoyo, solidaridad. Cuando ellos vieron que esto no les funcionó, esto, por supuesto, les hizo valorar, cuando vieron que la solidaridad les rompió el plan, las calumnias, la infamia, los videos estos de montajes que hicieron para hacer ver que yo me auto-agredía y cosas así que son totalmente falsas; entonces tienen otro factor que es fundamental: ¿qué ganamos con José Daniel preso? Ya estamos perdiendo por la solidaridad, el apoyo que está teniendo por el Parlamento Europeo, Amnistía Internacional, la OEA, Almagro, el gobierno de los Estados Unidos, organizaciones de Derechos Humanos… Ya ellos saben que ahí, en ese aspecto, perdieron; pero dicen: no podemos dar el brazo a torcer, es decir, no podemos echarnos atrás, tenemos que alargar esto un tiempo más para sacarle algún provecho. Y ¿cuál es el provecho entonces? Aterrorizar a los coordinadores de la UNPACU, aterrorizar a los activistas de la UNPACU y a todos los activistas que, como José Daniel Ferrer, promueven la campaña a favor de Cuba Decide por toda Cuba.

Es decir, quieren ganar algo, no quieren perder en todos los planos.

Por otro lado, trabajan al máximo la desinformación. Trataban de hacerme ver que ya todo el mundo se rindió, todo el mundo se va, todo el mundo se asustó, todo el mundo está tratando de evitar el castigo, el horror de la prisión, las torturas, todo el mundo está buscando salvar su vida y tú eres el único que te quedas, no seas tan tonto, móntate también en un avión. Si flaqueas, si te debilitas, pues entonces ganan parte del objetivo inicial. Pero, cuando ven que no consiguen lo que buscan o que es ínfimo lo que obtienen y que las presiones continúan, y que, encima de eso, se empieza a agravar la situación con una pandemia, sabiendo ellos que si eso entra a la prisión los muertos pueden ser muchísimos por la pésima higiene, la mala alimentación y el hacinamiento excesivo; pues se dicen: mal momento, vamos a liberarlos, pero no porque les demos la razón y reconozcamos que son inocentes, vamos a condenarlos y, acto continuo, les ponemos la libertad con prisión domiciliar; pero, con esa prisión domiciliar les tenemos unas cuantas espadas con las puntas envenenadas sobre sus cabezas porque les estamos diciendo constantemente: si sigues con tu activismo, vuelves a prisión.

Ellos confían tanto en el resultado del terror que creen que algo van a conseguir, pero ahí es donde les rompemos nuevamente el plan y les decimos: pueden llevarnos a prisión, si quieres condéname a cien años de prisión, tortúrame, mátame, pero no me voy a rendir y dónde quiera que esté, en la calle, en la prisión, en todas partes, voy a seguir luchando contra tu tiranía y por la libertad. Me puedes privar de literatura, me puedes arrastrar, encadenar, tirar al sol, golpear, pero no me puedes rendir. Y aunque sea con un mensaje, con unos versos, le voy a decir a Cuba y al mundo que aquí continuamos luchando por la libertad.

En diciembre hubo un intento, estaban buscando cómo salir de las presiones internacionales; pero a finales de diciembre habían decidido que había ciertos detalles a los cuales les podían sacar provecho y que, por lo tanto, había que continuar adelante con el ensañamiento que contra nosotros tenían en la prisión.

Hoy, más que nunca, debemos exigir la libertad de todos los presos políticos, por el peligro que corren sus vidas en las cárceles. Y de otros también, personas decentes, que el régimen los ha llevado a prisión por tratar de alimentar a sus familias, en una nación en donde alimentar a la familia resulta toda una odisea.

Una última pregunta. Ya me ha aclarado que no va a acatar esta orden de prisión domiciliaria, ¿qué va a suceder de ahora en adelante con la UNPACU?

La UNPACU va a seguir haciendo lo que veníamos haciendo hace seis meses atrás.

El régimen de Cuba no solamente nos ha encarcelado y ha hecho todas estas cosas, una de las cosas más duras y difíciles para nosotros es la cantidad de asaltos y robos que nos han hecho para impedirnos proyectos y programas de asistencia a la población, de ayuda a los más necesitados. Y, en medio de este tipo de situación, vamos a replantearnos cómo seguir haciendo estas cosas sin tener excesivas pérdidas, porque no es posible que, cada vez que tratemos de llevarle un plato de comida al hambriento o una medicina al que no la tiene, el régimen nos allane la vivienda y nos robe no solamente las medicinas y los alimentos que tenemos para los necesitados sino las de nuestros hijos (…) Y nos dejen sin fogón, sin sillas, sin mesas, sin nada en nuestras casas.

Vamos a continuar adelante con la propuesta de Cuba Decide, vamos a continuar adelante con lo que hemos llamado “La Revolución de los Girasoles”, vamos a seguir llevando información a la población, vamos a seguir animando al pueblo, vamos a seguir protestando en las calles…

Ahora tenemos la situación esta de la pandemia que es prioritaria y vamos a estar trabajando en ayudas a la población desde la cuestión higiénica, pero no vamos a decantar ni un segundo en lo que tiene que ver con la estructuración, seguir creciendo en membresía, en cuanto a la capacitación, mejorando la capacitación de nuestros activistas para que sean más efectivos en la lucha; vamos a seguir cerrando filas con nuestros activistas y nuestros amigos y hermanos exiliados para potenciar al máximo la lucha porque si no canalizamos de la manera más inteligente nuestros esfuerzos y nuestras energías para conseguir la libertad y la democracia, por supuesto que nos vamos a desgastar demasiado y no vamos a conseguir mucho.

Durante seis meses, mis únicos mensajes salían generalmente en versos octosílabos. No sé si mi familia los llegaba a memorizar tal y como yo se los decía. Y, haciendo los próximos versos para la próxima visita, trataba el tema de la necesaria unidad en la acción, en estructurar y combinar nuestras energías y nuestros esfuerzos para saber hacer las cosas de la mejor manera posible; y empezaba diciendo algo como lo siguiente: patriota, solo no puedes, tampoco yo solo puedo, si a Cuba libre tú quieres, unámonos, te lo ruego.

Vamos a seguir adelante con todas nuestras acciones de siempre, vamos a potenciar al máximo nuestras acciones, pero vamos a estar buscando, diciéndole a todo cubano buen patriota, de dentro y fuera de Cuba: mira, yo soy un soldado y estoy a tu disposición, qué podemos hacer juntos para ser más efectivos, para acercar la libertad y la democracia a Cuba, para poner fin al sufrimiento, al horror, a la miseria que nuestro pueblo viene sufriendo hace ya tantos años.

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Acerca del Autor

Camila Acosta

Camila Acosta

Graduada en Periodismo en la Universidad de La Habana, 2016. Investigadora, Documentalista y Especialista en Comunicación del Club de Escritores y Artistas de Cuba (CEAC). Reside en La Habana, Cuba

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