Inversiones hoteleras en Cuba: detalles de un complicado laberinto (III)

Inversiones hoteleras en Cuba: detalles de un complicado laberinto (III)

“En el verano del 97 fueron los atentados con bombas en los hoteles y eso desató no solo el pánico entre los turistas y empresarios hoteleros sino también en todo el gobierno”

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Hotel de lujo Grand Packard Iberostar, Paseo del Prado (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – De acuerdo con los testimonios de varios funcionarios del propio Ministerio de Turismo de Cuba, la amplia red de relaciones con empresarios extranjeros forjada por el exmilitar Manuel Marrero Cruz, desde su puesto como Presidente Ejecutivo del Grupo de Turismo Gaviota, perteneciente al mega consorcio controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, le costó la cabeza a Ibrahim Ferradaz, a quien la prensa asoció oportunamente con un desfalco millonario en Cubanacán S.A., más tarde desmentido por la prensa oficialista cubana, así como una gestión deficiente castigada por Fidel Castro pero que sirviera a Raúl para comenzar a mover sus peones desde el Grupo Empresarial de las FAR (GAESA) hacia puestos claves en la economía.

En 2004, el joven ambicioso, pero leal a Raúl Castro, Manuel Marrero Cruz, sería nombrado ministro y tomaría las riendas de uno de los principales negocios del gobierno cubano, el de las inversiones hoteleras e inmobiliarias, y concretaría el proyecto de acumular la mayor cantidad de capital a la espera de un posible derrumbe del “socialismo” cubano. Tan eficaz ha sido su desempeño y lealtad que sobrevivió a la purga de 2009 y se mantuvo entre los intocables durante el traspaso de poder a Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

“Los peores momentos ya habían pasado, te hablo de finales de los 80 hasta el 99, 2000, pero todavía Fidel tenía miedo a una revuelta, a que no hubiera dinero para aguantar una crisis, un exilio (…), todos nosotros estábamos como locos buscando empresarios que quisieran soltar dinero fácilmente, sin demasiadas preguntas”, explica Rigoberto Esteva, ex funcionario del Ministerio de Comercio Exterior de Cuba y del Ministerio de Relaciones Exteriores, durante el período de 1976 al 2002.

“En el verano del 97 fueron los atentados con bombas en los hoteles y eso desató no solo el pánico entre los turistas y empresarios hoteleros sino también en todo el gobierno (…), Fidel tuvo que calmar los ánimos de sus amigos pero se sintió el efecto, aunque no era temporada alta se sintió, todavía en diciembre los hoteles estuvieron más vacíos que lo normal (…), pero eso a Fidel no le preocupaba tanto sino que se fueran a la mierda las inversiones porque entonces dejaba de entrar dinero, dinero que jamás iba a emplearse en construir nada, dinero que nadie sabía a dónde iba a parar (…), si revisas los periódicos cubanos de esas fechas te darás cuenta que se habla de millones de dólares en inversiones que jamás se realizaron, o no se hicieron como debía ser, que incluso hubo problemas con los pagos a los constructores, que se crearon los contingentes para disminuir los gastos, fue un desastre. Hay muchos hoteles que se hicieron por esa época que hoy están en ruinas, en los mismos cayos, y no se reparan, por el contrario, se construyen nuevos. (…) no se reparan porque ya cumplieron su función de sacarles dinero a los inversionistas, no a los turistas (…). Fueron pocos los empresarios a los que se les dio su porciento de las ganancias, es más, no había ganancias, todo eran pérdidas y más pérdidas y los gallegos (empresarios españoles) dando gritos, y los que no decían nada es porque sabían que todo era un cuento, y muchos venían a lavar dinero, a hacer dinero evadiendo el fisco en España con empresas en Panamá, Holanda y en Reino Unido, era y sigue siendo una gran bacanal inversionista”, afirma Esteva, quien actualmente vive en el exilio.

Manuel Marrero, junto al presidente de Globalia, Juan José Hidalgo (elmundo.es)

Para el año 2004, Cubanacán S.A. y otras instancias del Ministerio del Turismo no estaban rindiendo lo que suponía Fidel Castro para esas fechas. Los desfalcos pronto salieron a la luz luego de investigaciones realizadas en el Departamento de Delitos Económicos de la Seguridad del Estado, por esas fechas casualmente en manos de Alejandro Castro Espín, y entonces fue la oportunidad para Raúl Castro de proponer a uno de sus pupilos para tal empresa.

“De pronto destituyen a Ferradaz y amanecemos con la noticia de que viene Marrero, que estaba en Gaviota, todo el mundo dijo, en broma, ya se nos colaron los militares, ya somos de GAESA”, dice, bajo condición de anonimato, un ex alto funcionario del Ministerio de Turismo, actualmente jubilado.

“Nosotros pensamos que las cosas tomarían su nivel porque, supuestamente, Ferradaz no había puesto el dinero donde debía (…), había como veinte proyectos ejecutándose al mismo tiempo y muy pocos turistas en el horizonte, la pregunta de todo el mundo era que para qué construir tantos hoteles, que reparando los que había era suficiente pero todos nos equivocamos, Marrero no solo continuó la construcción de hoteles sino que propuso otro plan con más dinero y con más habitaciones, una locura (…), hubo un grupo de nosotros que nos plantamos y dijimos que eso era una locura pero el resultado fue que nos excluyeron de todas las reuniones y poco a poco nos fueron jubilando o pasando a otros organismos, allí solo se quedaron los que no abrían la boca”, afirma el exfuncionario. 

Parcelas y más inversiones

La parcela de Prado y Malecón, cuya evolución es posible rastrearla en la prensa oficialista por los sucesivos anuncios de lo que se construiría en ella, es un ejemplo de lo pudiera suceder en aquellos sitios que hoy aparecen marcados en la llamada “Cartera de Oportunidades” elaborada por el Ministerio de Comercio Exterior.

La que primero estuviera en un programa de reconstrucción para devolver el carácter de vivienda a los edificios que la componían, más tarde derivó en una desolada explanada que posteriormente fue parque y pronto será zona exclusiva para extranjeros.

Incluso, mientras estuvo habitada, ya las imágenes de un gran hotel de lujo, diseñado por el gabinete de arquitectura Choy-León, por encargo del propio gobierno cubano, era presentado en ferias de turismo por todo el mundo, con lo cual se infiere el poco valor que tiene la voluntad popular en los planes “de desarrollo” del régimen de La Habana.

Mientras la capital de Cuba espera el 500 aniversario de su fundación, con más de medio millón de viviendas en mal estado y con cerca de dos mil parcelas en todo su territorio afectadas por derrumbes o por la falta o deterioro de servicios básicos, el Ministerio de Turismo se dispone a ofrecer a las empresas hoteleras e inmobiliarias extranjeras unos 140 proyectos entre parcelas y edificaciones importantes, incluidos los alrededores del Capitolio donde hoy funciona la Asamblea Nacional.

(Tercera parte de un reportaje investigativo realizado por periodistas de CubaNet. Para leer el reportaje completo pinche aquí)

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