Invasión a Occidente: recuerdo de una carga necesaria

Invasión a Occidente: recuerdo de una carga necesaria

A 125 años de aquella gloriosa gesta se hace necesaria otra invasión para acabar de cumplir con los proyectos democráticos ideados por los próceres independentistas de nuestra nación

Cuba, Invasión a Occidente, Antonio Maceo y Máximo Gómez
Antonio Maceo y Máximo Gómez (Fotos de archivo)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Hoy se cumplen 125 años de la culminación de la hazaña militar más trascendente de las guerras por nuestra independencia: la invasión mambisa de Oriente a Occidente, liderada por el Titán de Bronce, Antonio Maceo, y el Generalísimo, Máximo Gómez.

El suceso estuvo precedido por contundentes victorias militares mambisas en la zona más occidental de Cuba, donde ambos líderes acosaron sin tregua a las tropas españolas, muy superiores en pertrechos y hombres, pero incapaces de detener el ansia de libertad de los cubanos.

El 22 de enero de 1896 Maceo entró en Mantua, último bastión del colonialismo español en el occidente del país. Tal fue el éxito de la gesta que, dos días antes, el general Arsenio Martínez Campos, el llamado pacificador de la guerra grande, tuvo que partir hacia España totalmente derrotado.

Un acontecimiento militar extraordinario

Según el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, el primer militar mambí que tuvo la idea de realizar la invasión al occidente de la Isla y también el primero en ordenar su ejecución fue el Mayor General cienfueguero Federico Fernández Cavada Howard, cuando en marzo de 1870, siendo jefe de la provincia de Las Villas, planteó esa misión al General de Brigada Luis de la Maza Arredondo, quien salió desde la cercanía de Cumanayagua para cumplir la orden, cuyo objetivo inmediato era establecer contacto con las guerrillas que operaban al sur de la provincia de La Habana. Lamentablemente, no pudo cumplirlo debido a que fue cercado, detenido y fusilado.

La idea fue retomada por el alto mando militar mambí en 1895, cuando las fuerzas independentistas habían consolidado su presencia en el territorio oriental.

En la “guerra necesaria” el objetivo de la invasión fue extender la contienda militar a todas las regiones del país, sumar al Ejército Libertador a todos los revolucionarios de la parte occidental y asestar golpes demoledores a la economía que servía de soporte a las fuerzas colonialistas.

En solo tres meses -desde su inicio el 22 de octubre de 1895 y hasta su culminación- la lucha se extendió desde Oriente hasta Pinar del Río.

Admirable saber que el 15 de diciembre de 1895 todavía los extraordinarios jefes mambises estaban en Las Villas. Ese día se efectuó la batalla de Mal Tiempo, punto de giro importante en la invasión y  ejemplo señero del valor de los cubanos que arremetieron contra las tropas españolas con una fulminante carga al machete.

Antes de ese resonante éxito militar, que propulsó la campaña hacia las llanuras occidentales, las tropas cubanas solo contaban con dos proyectiles por soldado. En esa batalla los españoles tuvieron -según datos tomados del diccionario citado-, más de 300 bajas, entre ellas 147 muertos, mientras que los cubanos sólo tuvieron cuatro fallecidos y 42 heridos. Los independentistas ocuparon 150 fusiles Máuser, 60 Remington, seis cajas de municiones, caballos, medicinas, el archivo militar y la bandera del Regimiento de Canarias.

A esa importante batalla le siguieron las de Calimete y Coliseo. El 3 de enero de 1896 el Mayor General José Antonio de la Caridad Maceo Grajales invadió los poblados de Güira de Melena y Melena del Sur. Poco después, el 7, Máximo Gómez obtuvo un resonante éxito en la batalla de Ceiba del Agua, fecha en que el general Antonio se separó del dominicano en el ingenio Baracoa para entrar en la provincia de Pinar del Río, donde ejecutó acciones militares en Cabañas, San Diego, Bahía Honda, Viñales, Las Taironas y Tirado.

En esas acciones militares brilló la táctica militar de ambos jefes, al lograr confundir con sus movimientos a las fuerzas españolas y poner bajo asedio a la capital del país, donde permanecía el grueso de las tropas enemigas.

El general José Miró Argenter escribió en su obra testimonial Crónicas de la guerra que el Titán de Bronce entró a Mantua a las cuatro de la tarde. A la entrada del pueblo lo esperaron las autoridades y varios vecinos prestigiosos para darle la bienvenida. Allí se levantó la histórica acta que registró el fin de esa campaña militar, aunque aún no había terminado la guerra.

En el texto Historia de Cuba, editado por la Dirección Política de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y publicado por la Editorial Ciencias Sociales en 1981, puede leerse lo siguiente sobre esta extraordinaria contienda militar: “El mundo entero quedó impresionado con la gesta. El periódico norteamericano The Sun comentó: ‘La habilidad de la estrategia del jefe revolucionario jamás ha sido sobrepujada en una guerra… (La Invasión) se acerca más a los prodigios de la leyenda que a los anales auténticos de nuestro tiempo. Gómez ha desplegado en toda esta campaña admirable genio militar’. Y el general norteamericano Sickles, veterano de la Guerra de Secesión, la enjuició así: ‘La marcha de Gómez, desde el punto de vista militar, es tan notable como la de Sherman… debemos poner a Gómez y a Maceo en la primera fila de la capacidad militar’. Otros señalaban que era ‘el hecho militar más audaz de la centuria’. En Londres y París hubo versiones parecidas. Los altos mandos militares españoles de la Isla, bajo la jefatura del famoso general Martínez Campos, hicieron crisis”.

A 125 años de aquella gloriosa gesta se hace necesaria otra invasión para acabar de cumplir con los proyectos democráticos ideados por los próceres independentistas de nuestra nación.

Cuba necesita hoy una invasión de patriotismo, de valentía y civilidad. Es la acción inaplazable que la Patria pide a gritos a todos los cubanos para acabar con la parálisis, el silencio y los abusos que los comunistas ejecutan contra gran parte del pueblo, privándolo de una vida digna y de esperanzas de realización personal. Necesitamos una invasión de métodos originales de lucha que rebasen el anquilosamiento y logren que la unidad de todos los oprimidos se convierta en un valladar perenne y efectivo contra la dictadura comunista. Ese sería el mejor homenaje de los patriotas cubanos a tan gloriosa gesta.

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Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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