Havana Boys

Havana Boys

En Cuba, las políticas públicas “gratuitas” de salud, educación, cultura y deportes, en realidad, constituyen mercados; operan para monopolizar los poderes del Estado

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Miguel Díaz-Canel y Alejandro Gil Fernandez (Foto: Cubadebate)

LAS TUNAS, Cuba. – “Vengo de la Panamericana de los americanos”, dijo mi amiga. Su ironía llamando una tienda “de los americanos” tenía fundamento; contrario a lo dicho por Díaz-Canel y los ministros en la televisión, sólo bodeguitas van quedando para el comercio en moneda nacional; la dolarización en Cuba ocupa las tiendas mayores y mejor situadas.

La tasa oficial de cambio es de un peso convertible (CUC) o 25 pesos moneda nacional (CUP) por dólar. Pero el Estado no tiene dólares para vender. Entre particulares, el billete de 100 dólares ya cuesta 150 CUC o 3 600 CUP.  Con salario promedio nacional, 1 067 pesos, el cubano que no reciba divisas empleará más de tres meses de sueldo para adquirir 100 dólares.

“Mira aquí…”, dije a mi amiga, mostrándole un fotograma del documental de 2015 Chicago Boys. Señalando el rostro de alguien en la imagen pregunté: “¿A quién se parece…?”.

Mi amiga, que, como casi todos los cubanos por estos días está atenta a los ministros en la televisión, dijo: “Pues…, sí, algún parecido tiene con el ministro de Economía”.

La broma entre la semejanza física de uno de los Chicago Boys y Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía de Cuba, parecería trivial, pero de frívola muy poco tiene.

“La política para conseguir dólares y calmar la crisis económica que padecemos en Cuba, más por la economía centralizada hasta el ridículo que por el embargo y la pandemia, me recuerdan las curas propuestas a Pinochet,” me dijo un economista, ex directivo de una empresa estatal.

Como si Chile fuera un moribundo, Milton Friedman, líder de la Escuela de Chicago, mostró a Pinochet los dos posibles remedios para la economía chilena: someter al paciente a una recuperación lenta, pudiendo morir de tanto esperar; o arriesgar al enfermo con un shock, inicialmente con daños graves, pero que, a la larga, conseguiría revitalizarle.

“Al lado de un médico cesante, de un ingeniero venido a menos, o de una señora con aires de marquesa, que remata por cualquier precio sus ropas de mejores tiempos, hay niños sin padres ofreciendo cosas robadas o mujeres humildes tratando de vender panes amasados”, dice Gabriel García Márquez en el reportaje La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile.

“Yo tuve más de 20 ingenieros recién graduados, agrónomos, hidráulicos, forestales, pecuarios, mecánicos… Hoy ninguno ejerce su profesión; están haciendo cualquier cosa para ganarse la vida; yo mismo, hago dulces para vender, sabes por qué… Porque en Cuba a diferencia de Chile y China, someten a los “pacientes” a una recuperación tan-tan-tan… lenta, que ya a punto de morir le aplican electroshock y no consiguen revitalizarse”, dice el economista.

Al respecto, Milton Friedman dijo: “Dicté, tanto en China como en Chile, exactamente las mismas conferencias. He visto muchas manifestaciones contra mí por lo que dije en Chile, pero nadie ha hecho objeciones a lo que dije en China. ¿Cómo se explica?”.

“Las políticas públicas reflejan no sólo los valores más importantes de una sociedad, sino también el conflicto entre valores, y dejan de manifiesto a cuál de los muchos diferentes valores se le asigna la más alta prioridad en una determinada decisión”, afirman los académicos estadounidenses Michael E. Kraft y Scott R. Furlong.

En la sociedad cubana hay un conflicto de valores por los dos únicos linajes del mundo, “que son el tener y el no tener”, según Miguel de Cervantes, y, si a los asesores de Pinochet egresados de la Universidad de Chicago se les llamó Chicago Boys, quizás entre los economistas del general Raúl Castro habrá egresados de la Universidad Lomonósov, cuyo lema es “la ciencia es la clara comprensión de la verdad y la educación de la razón”.

Los que en Cuba, con salarios y pensiones insuficientes, deben comprar en dólares o a precios equivalentes a dólares, aceite, pollo o papel higiénico con pesos devaluados, invisible “la clara comprensión de la verdad” y la “razón”, a los asesores económicos del general Raúl Castro llamaran Havana Boys.

Si para los Chicago Boys la prioridad fue reducir el gasto público 20%, desemplear el 30% de los empleados públicos, privatizar las empresas estatales, aumentar impuestos… ¿Cuál es la prioridad para los Havana Boys al dolarizar comercios y bancarizar la tenencia del dólar en Cuba?

Los Havana Boys dicen que el propósito es conseguir divisas para abastecer los comercios en pesos CUP y CUC para que los cubanos que no reciben remesas en dólares puedan comprar productos de primera necesidad.

En Cuba, las políticas públicas “gratuitas” de salud, educación, cultura y deportes, en realidad, constituyen mercados; operan para monopolizar los poderes del Estado. El 4 de agosto de 1959, en reunión con funcionarios del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), Fidel Castro dijo:

“Si tenemos a los guajiros (campesinos) bien asentados y tenemos a los guajiros sin pasar hambre, y tenemos a los guajiros con médicos y medicinas y otras medidas beneficiosas, ya podemos decir que la Reforma Agraria y la Revolución han triunfado definitivamente en Cuba”.

Las teorías respecto a los mercados como instrumentos de políticas públicas vienen desarrollándose en Cuba a partir de 1959, desde la vigilancia a ultranza de todo comercio libre para mantener el monopolio de la llamada “dictadura del proletariado”.

Si en naciones democráticas, menos democráticas e incluso dictaduras con economía de mercados las diferencias en calidad de vida la marca el dinero, en las llamadas “dictaduras del proletariado” son las jerarquías políticas, militares, judiciales y administrativas las que marcan la diferencia entre ricos y pobres, diferencias muy bien explicadas por Milovan Djilas en su libro La nueva clase.

En Cuba, la clase adinerada fue sustituida por clanes de jefatura, algunos con enormes poderes socioeconómicos, como los militares, regentes desde cadenas de tiendas recaudadoras de divisas hasta de grupos hoteleros de turismo internacional.

La Ley de Procedimiento Penal conceptúa que, juzgar a los integrantes del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, la Asamblea Nacional, el Consejo de Estado o el Consejo de Ministros no es potestad del Tribunal Supremo, si previamente no ha solicitado a esas instancias “la autorización exigida para poder juzgar” a uno de sus miembros.

En Cuba, la persecución por “delitos” políticos y económicos, como ahora mismo vemos en la televisión cubana, combinada con la influencia de masas sujetas al clientelismo político-económico tiene un objetivo concreto: perpetuar el régimen de partido único.

Estudios sociológicos han demostrado que, incluso, las teorías económicas ultraliberales florecen más en las dictaduras que en las democracias por una razón sencilla: la ausencia de una sociedad civil que oponga resistencia a las desigualdades que generan.

Los Havana Boys del general Raúl Castro permitirán a los cubanos a través de empresas estatales exportar e importar para uso del trabajo por cuenta propia, no para comercializar lo importado; tampoco podrán extraer de los bancos las utilidades en divisas obtenidas en ese comercio exterior.

Según dijo el ministro de Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca, “estamos tratando de bancarizar lo más posible el dinero y que no circule la divisa en efectivo”. ¿Cómo se llamaría este “bancarizar” en Argentina, un corralito?

Ya en Cuba experimentan surtir los desabastecidos comercios racionados con productos de las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) a precios en moneda nacional equivalentes a dólares; dicho de otro modo, imponiéndole al consumidor el 200% o más sobre el precio mayorista de importación o de producción nacional. ¿Eso es obra de los Havana Boys? En Chile los Chicago Boys no lo hicieron mejor.

Remordimientos y ramalazos de conciencia debían sufrir Miguel Díaz-Canel, presidente designado por el general Raúl Castro, y sus ministros Havana Boys por aquello de “si quieres verdad, no mientas”.

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Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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