Guantánamo: una pandemia de maltrato y corrupción

Guantánamo: una pandemia de maltrato y corrupción

En la provincia hay una realidad ineludible, signada por el estado calamitoso de una economía incapaz de satisfacer necesidades elementales de la población

Ciudad de Guantánamo (Foto: Diario de Cuba)

GUANTÁNAMO, Cuba. – La situación de la COVID-19 en la provincia de Guantánamo continúa siendo grave y tiene repercusiones tanto en el maltrato que sufren los guantanameros como en la corrupción que golpea a diversos sectores del territorio.

Este martes, en su habitual conferencia de prensa, el Dr. Francisco Durán García, director nacional de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, informó sobre 26 nuevos casos reportados en la provincia, la de mayor índice de contagios por el nuevo coronavirus en todo el país.

Las autoridades del Consejo de Defensa Provincial anunciaron el pasado domingo, en un programa especial informativo transmitido por el telecentro Solvisión, severas medidas administrativas y amenazaron con acusar ante los tribunales a los infractores.

Las normativas incluyen el cierre de varios centros educacionales, la suspensión de todas las actividades culturales y funciones de cine, la prohibición del servicio de transporte que brindan los particulares, la limitación del transporte estatal en varios municipios, la suspensión del transporte interprovincial así como la prohibición de las visitas a las personas ingresadas en el hospital provincial por causa de la pandemia.

Si pretendían que la población tomara percepción del riesgo que contraen al no cumplir las medidas de distanciamiento social e higiene establecidas, lo han logrado hasta cierto punto. Pero por mucho celo que manifiesten las autoridades hay una realidad ineludible, signada por el estado calamitoso de una economía incapaz de satisfacer las necesidades elementales de la población. Ello provoca que gran número de personas deambule por las calles en busca de alimentos y otros productos indispensables y que se agolpen frente a los comercios, un escenario ideal para la proliferación del coronavirus.

El pasado sábado 9 de enero este corresponsal tuvo que hacer una cola de dos horas para comprar un paquete de pollo congelado en la “Feria El Guararey”. Fue un tiempo muy molesto en el que presencié múltiples vulgaridades, indisciplinas, dos conatos de broncas en la cola de hombres y varias muestras de corrupción, flagelo consustancial a estos tiempos, donde se potencian la miseria material y la humana.

Para tratar de que todos los vecinos del reparto Pastorita puedan comprar pollo al menos una vez al mes, las autoridades del Poder Popular en la circunscripción dispusieron anotar la adquisición del producto en la libreta de productos alimenticios. Pero los trabajadores de ese mercado tienen preferencia para comprar todo lo que allí se vende sin necesidad de presentar la famosa libreta, lo cual se presta para triquiñuelas. Al parecer, esta medida no se está aplicando de forma generalizada en el municipio, pues este corresponsal verificó hoy que en el punto de venta ubicado en la calle Paseo entre 3 y 4 Oeste y en la Tienda El Mercurio, sita en la calle Paseo esquina Santa Rita, la venta del producto se efectuaba sin la presentación de dicho documento.

A pesar de la medida aplicada en la Feria El Guararey y de las nobles intenciones que pudieron tener los decisores, algunos vecinos comentan que siempre que venden algún producto deficitario se ve salir a los organizadores de la cola con sus respectivas jabitas de nylon bien llenas. Un capitán de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), negro, alto, que llegó al lugar con la presunta intención de participar en el control y disciplina de las personas que allí se aglomeraron, ni siquiera esperó a que terminara la venta para salir delante de todos con su jaba de muslos de pollos.

Se supone que en estos tiempos las autoridades deberían eliminar los obstáculos en los servicios que necesita la ciudadanía. Hoy me dirigí a una de las sedes de ETECSA en Guantánamo, situada en la calle Luz Caballero, entre Prado y Jesús del Sol, pero al llegar estaba cerrada. Al preguntar al custodio de la oficina contigua este me informó que el cierre se debió a  la detección de un trabajador contagiado con la COVID-19. La consecuencia de esa disposición es que en la otra oficina comercial cercana, situada en la segunda planta del Correo central, frente al parque José Martí, había una cola extraordinaria. Debido a que no hay transportación no pude ir a la oficina situada en el reparto Caribe, a más de dos kilómetros del lugar donde me encontraba. A propósito, una de las sedes más confortables de ETECSA aquí, en el centro de la ciudad, lleva meses cerrada por reconstrucción.

Un amigo que me pidió no revelara su identidad me contó hoy mismo que el pasado viernes 8 de enero acudió a esa oficina de correos para cobrar un giro de $3 000 pesos cubanos (CUP). Luego de hacer una larga cola -se levantó a las 6:45 a.m. e hizo el número 7- la taquillera le dijo que no podía pagarle todo el dinero, sino solo $1 800, que regresara al día siguiente. Mi amigo no pudo regresar el sábado, pero el lunes se levantó a las 5:00 a.m. Cuando llegó al lugar hizo el número 2 de la cola. Pasadas las 8:15 a.m. fue atendido. Le dijeron que no podía cobrar el resto del giro porque el primer cliente había recibido todo el efectivo que tenían en la caja de pago. Hoy, martes 12, volvió a levantarse temprano y tampoco pudo cobrar.

En la tienda “La Tijera”, sita en la calle Los Maceo entre Prado y Aguilera, un ciudadano, visiblemente molesto, estaba despotricando contra los trabajadores del lugar sobre las 11:45 a.m. de este martes. Vociferaba que ayer lunes hizo la cola durante tres horas y media y no pudo comprar dos cajas de cervezas y hoy, cuando iba a entrar, le dijeron que se había suspendido la venta de ese producto sin que le explicaran el motivo. Otra persona, surgida como por arte de birlibirloque, le dijo sin ningún recato: “Oye loco, no formes lío, dime cuántas cajas quieres y te las pongo frente a tu casa”. Así sobrevivimos.

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Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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