Gritos en la Isla de los mudos

Gritos en la Isla de los mudos

En Cuba, los micrófonos solo se encienden cuando hablan los Castro. El pueblo está harto de que no se le escuche

libertad-de-expresionLA HABANA, Cuba. -Hace apenas unas semanas el tema más importante en las conversaciones de algunos cubanos era la esperanza de un mejoramiento de las condiciones de vida ante la posibilidad de normalizarse las relaciones con los Estados Unidos. Terminada la primera fase del acercamiento diplomático y después de escuchar las palabras de Raúl Castro en la cumbre de la CELAC, en Costa Rica, las reacciones de numerosas personas en las calles de Cuba han pasado a ser de total decepción e incluso de abierto disgusto.

Mientras tanto, las declaraciones de Obama sobre los verdaderos objetivos de su cambio de política hacia Cuba y su compromiso con la libertad del pueblo cubano han ganado la simpatía de amplios sectores de la sociedad. Para ocultar tales reacciones, en los noticiarios televisivos así como en los periódicos oficialistas no han abundado los reportajes de opinión popular sobre el asunto, e incluso, a diferencia con los medios de prensa extranjeros, las dos jornadas de conversaciones no fueron el titular principal.

En diálogo privado con una periodista de la televisión cubana, que nos ha pedido no revelar su identidad, pudimos conocer que por orden del Partido se prohibió entrevistar a personas en las calles acerca de las conversaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Los pocos reportajes que fueron exhibidos se limitaron a mostrar las opiniones de unas pocas personas de “confiabilidad política” y dos o tres estudiantes universitarios vinculados a la Unión de Jóvenes Comunistas, no obstante, las grabaciones fueron rigurosamente pesquisadas antes de su proyección en los medios.

Muchos reportajes, a pesar de solo mostrar las opiniones favorables al gobierno, no alcanzaron a ser televisados solo porque los entrevistados no hablaban dentro de los márgenes y términos tolerados o las preguntas indagaban más allá de lo permitido por la censura.

Un despliegue policial como nunca en el Reparto Eléctrico (foto del autor)
Un despliegue policial como nunca en el Reparto Eléctrico (foto del autor)

Conscientes de las verdaderas razones del regocijo popular, para nada vinculado al respaldo de las posturas oficialistas, los días del diálogo EE.UU.-Cuba estuvieron caracterizados por un reforzamiento de la vigilancia policial, sobre todo en las zonas de la capital ―como la calle G en el Vedado o la Habana Vieja― donde, en los últimos tiempos, las expresiones de oposición al gobierno han ido abandonando su carácter tradicionalmente agazapado para alcanzar expresiones desafiantes tanto en grafitis como en las letras de cientos de reguetones callejeros.

En algunos barrios marginales de La Habana se efectuaron verdaderos despliegues policiales, sobre todo por las noches y en lugares donde se reúnen los jóvenes ya no solo a escuchar música sino a expresar, dentro del círculo de amigos, sus inconformidades, desacuerdos y afinidades políticas. Muchas discotecas donde se han dado casos de manifestaciones abiertas contra el gobierno o a favor de los Estados Unidos aún permanecen cerradas, como es el caso de la del Reparto Eléctrico.

Tito, un joven que se identifica como “reguetonero” y que frecuentaba ese centro nocturno en Arroyo Naranjo, especula sobre las causas que probablemente influyeron en su cierre:

“Ahí pudo haber pasado de todo pero la cerraron durante esos días [se refiere a las jornadas de conversaciones entre Estados Unidos y Cuba]. Pasaron los bailables para el parqueo y prohibieron el reguetón. Solo se puede poner la música mala esa que nadie oye pero no hay donde ir y la gente se queda aquí. Si vas para otro lugar es lo mismo. Hay policías por todos lados. Te paran por cualquier cosa. […] Hace unos días querían llevarse a un par de chamacos porque estaban cantando algo en contra de esto y alguien los chivateó. No pasó nada pero aquí los ‘chivas’ [delatores] están que hacen olas. Ellos no quieren que se les arme un lio mientras los americanos estén aquí. Saben que la gente quiere irse para el yanqui y que esto es una mierda. […] Ya no es como antes, ahora hay una pila de chamacos con canciones que echan humo y se paran donde quiera a cantar. Yo no tengo miedo”.

Tito dice no tener miedo (foto del autor)
Tito dice no tener miedo (foto del autor)

El descontento ha invadido incluso a personas que hasta hace apenas unos días daban su voto de confianza al gobierno cubano. “Raúl quiere construir el socialismo pero con dinero de los yanquis”, “Siempre encontrarán un pretexto para mantener todo como está” o “la felicidad en casa del pobre dura poco”, son algunas de las frases que cualquiera puede escuchar por estos días, referidas a la hipocresía y la testarudez que han caracterizado a los gobernantes cubanos durante más de medio siglo.

“La retahíla de condiciones que Raúl Castro quiere imponer a los Estados Unidos ha transformado el diálogo en una especie de negociación frente a un secuestro masivo donde los deseos de los cubanos, en su eterno papel de rehenes, no son tenidos en cuenta”, me escribe en un correo un joven amigo, profesor universitario, que, como muchos otros hombres y mujeres de su edad, vieron en las conversaciones con los Estados Unidos una pequeña señal de cambio verdadero.

Juan Carlos Recio, un amigo poeta que actualmente reside en los Estados Unidos y que debió abandonar Cuba por razones políticas, ha publicado en su muro de Facebook una frase que pudiera definir las verdaderas intenciones del gobierno cubano cada vez que comienza a hablar de “transformaciones” y “rediseños”: “En Cuba todo cambia para que todo siga igual”.

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