En Cuba el acoso se hace rutina

En Cuba el acoso se hace rutina

En Cuba, en tiempos en los que no existía Facebook, se acosó a homosexuales, a religiosos, a “no revolucionarios”, pero ahora lo presentan como algo nuevo

Cuba La Habana
En Cuba el acoso se hace rutina (Foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- Maniabón es solo un laconismo del municipio Puerto Padre, un punto fugaz en la provincia Las Tunas, una pobre síntesis de la geografía cubana. Maniabón es casi un antojo de los cartógrafos, aunque acaba de alcanzar cierta notoriedad, quizá la mayor y la más singular de su historia. No son pocos los que acaban de enterarse de su existencia, son muchos los que desconocían esa toponimia que acaba de ganar visibilidad gracias a la televisión nacional y al periódico Juventud Rebelde.

Y nada bueno acompaña a la reciente visibilidad de Maniabón. Su “luminosidad” resulta “atrayente” pero no agradable. Su “gloria” parece un chiste, una burla. Su gloria tiene que ver con la discordia. Maniabón se hizo famoso gracias al chisme, a la sacadera de los “peores” trapos sucios que “empañaron” la vida de muchos de sus habitantes, que como ya advertí no son muchos, pero tienen “vida”, historias que pueden ser interesantes cuando se vive en medio de un feroz aburrimiento, de la peor desidia.

En el poblado se produjo todo un evento noticioso que lo convirtió en el punto de mira de todo el país, y lo llevó de la tranquilidad al alboroto, tanto que los sucesos podrían servir para garrapatear una “simpática” y truculenta novelita rural; “divertida” y oprobiosa. Sin dudas el asunto solo podría ganar tanta notoriedad en medio del aislamiento, del aburrimiento que acosa al mundo rural cubano, de su miseria, …y voy al grano. Resulta que alguien usó las redes sociales para poner, ante los ojos de todos los vecinos del pueblito, las intimidades, los “trapos sucios” de muchos de sus habitantes, lo que resulta muy feo, pero sirve de noticia.

Alguien, cuya identidad aún se desconoce, se puso a visibilizar las intimidades de muchos de los habitantes del poblado. El chismoso escogió lo que supuso más atractivo para los aburridos pobladores de la comunidad, y sin pudor hizo visible las infidelidades que se habían escondido mucho tiempo, y hasta se dice que advertía, incluso, los lugares de encuentro de los implicados en tales “fechorías”, que denigraba a los homosexuales, incluso a los más jóvenes, estudiantes que tenían sexo con sus semejantes.

Y un jovencito de la secundaria Mártires de Maniabón se convirtió en un casi mártir tras las revelaciones sobre su homosexualidad, tras la advertencia del objeto de sus deseos, lo que es muy común en las escuelas cubanas por culpa de una tradición machista que la “revolución” hizo crecer con más fuerza desde que se aferró al poder. Sin dudas esa revolución es culpable de tanto acoso a los gays. Recuerdo ahora cuando Rafael del Pino se largó de Cuba en un avión de las fuerzas armadas y a Fidel Castro se le ocurrió denigrarlo haciendo notar que, con el ladrón del avión, de tan altos grados militares, viajaba su hijo homosexual.

¿Acaso no fue un acoso de Fidel aquel trapo sucio que sacó a Rafael del Pino para denigrarlo? Y este nuevo acosador, este Maniabón Peres (advierto que respeto la ortografía del apellido que aparece en Juventud Rebelde), debió escuchar aquellos agravios homofóbicos de Fidel Castro, y supuso que por ello seguían siendo permisibles, y los usó sin recato alguno, como los usan tantos cuando se refieren a esos “fenomenitos” a esos “seres extravagantes” que algunos sueñan, todavía, con encerrar otra vez en campos de concentración.

En Cuba, en tiempos en los que no existía Facebook, se acosó a los homosexuales, a los religiosos, a los “no revolucionarios”, pero ahora lo presentan como algo novedoso y despreciable, como si antes no lo hubiera sido, como si antes tales agravios no hubieran existido. ¿Acaso olvidamos cómo la “revolución” denigró a Roberto Robaina? ¿No se recuerdan ya las bochornosas estrategias? ¿Será que la prensa cubana olvidó cuando Lage, Felipe Pérez Roque y otros dirigentes cuestionaron la permanencia de Machado Ventura en los más altos puestos del poder a pesar de su avanzada edad?

¿No recuerdan los hacedores del “periodismo” oficial en Cuba aquellas imágenes que se hicieron públicas y en las que aparecían no solo los dirigentes implicados en aquel cuestionamiento al viejo Machado Ventura, sino también sus hijos? La prensa oficial cubana olvida las raíces de esos acosos, olvida el bullying que gestó el gobierno comunista y que llevó a algunos a decidirse por el suicidio. Ya se olvidó como el partido comunista mostraba a algunos de sus militantes las infidelidades de sus parejas para exigir luego el divorcio. El gobierno de Cuba es, sin dudas, un gran acosador.

Los comunistas hostigan a quienes se le oponen, y hacen más; marginan, condenan al encierro. Los comunistas muestran a sus opositores como bestias, para legitimar así las vejaciones que vendrán, para propiciar el repudio. El acosador de Maniabón veja repitiendo lo que durante sesenta años ha hecho el gobierno comunista de Cuba; y Juventud Rebelde y la televisión no se pronunciaron jamás, más bien aplaudieron, legitimaron.

Los acosadores tienen tanto éxito en Maniabón porque repiten las estrategias oficiales, y porque allí no hay otra manera de conseguir, al menos en apariencia, el esparcimiento, porque solo tienen un círculo social que la “revolución” levantó para controlar sus diversiones, y ellos se aburrieron, se hartaron de tanta abulia y buscaron la distracción en el acoso. En Maniabón debe ser tan grande el aburrimiento que los pobladores se entretienen acosando. Este nuevo perseguidor, el que usa las redes para conseguir más visibilidad y quedar impune, es sin dudas un desalmado y merece un castigo grande, mientras los acosados, y todos los habitantes del poblado, merecen otras opciones para emplear el tiempo libre.

La recreación, esa que no existe en Maniabón, propicia el desarrollo humano. La justa diversión aparta, al menos en algo, a la pobreza, y tiene como resultado el aprendizaje, y aleja al hombre de sus miserias, de la violencia. El ocio estimula la progresión humana. La pobreza y el aburrimiento favorecen la marginación, la violencia, y el acoso.

Si este desalmado de Maniabón tuviera otras cosas en que entretenerse su dimensión moral sería otra, y diferente sería también su ética, mientras su conducta podría estar más cerca de lo provechoso. Este hombre es un producto de su contexto, de sus referentes más cercanos. Este desgraciado mira cada día como veja el gobierno comunista, como encierra y difama a quienes se le oponen, y eso lo legitima, define sus conceptos, sus prácticas. El hombre necesita reconstruirse con frecuencia, y la diversión también propicia esas reparaciones del individuo.

En Maniabón no hay otra cosa que un viejo y olvidado círculo social, y algo de ron, y mucho de miseria, y eso no propicia la bondadosa creatividad, eso propicia la pereza, y esta al odio, mientras que el esparcimiento, ese que es preciso recordar con insistencia, respalda el progreso. La diversión es también capaz de dinamizar cualquier proceso de desarrollo humano, pero ese hombre malvado de Maniabón no tiene otra cosa que un viejo círculo social, y alcohol, y un discurso “revolucionario” muy aburrido, y segregador, y todo eso lo hace acosar usando las redes sociales, porque a fin de cuentas también se aburre con la revolución que tanto segrega, que tanto acosa y encierra, lo mismo al de Puerto Padre que al de Maniabón y La Habana. Sin dudas la culpa no es del mal uso de las redes, la culpa es del mal uso de esas viejas revoluciones que propician el odio y la segregación, lo mismo en Maniabón que en La Habana.

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