Cuba regresa a la Guerra Fría

Cuba regresa a la Guerra Fría

No obstante el restablecimiento de relaciones con EEUU, la estrategia del castrismo es girar en torno a la órbita del Kremlin

obamacastroputinLA HABANA, Cuba.- Una vez que la Rusia de Vladimir Putin optó por desafiar geopolíticamente a Occidente, algunas naciones tercermundistas, varias de las cuales habían mantenido estrechas relaciones con la extinta Unión Soviética, decidieron reactivar sus vínculos con Moscú.

Cuba es uno de esos aliados con que cuenta Rusia en esta especie de guerra fría que reaparece en el planeta. No obstante el elemento táctico presente en el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, la estrategia del castrismo es girar en torno a la órbita del Kremlin.

En ese contexto, un factor clave en el acercamiento del gobierno cubano a Moscú es ocultarle al pueblo todo aquello que pueda dañar la imagen de las autoridades rusas. Dos ejemplos son suficientes para ilustrar lo que apuntamos. Uno de ellos se relaciona con el derribo de un avión de pasajeros malasio sobre territorio ucraniano el pasado año. La prensa oficialista cubana publicó solamente la versión rusa, que inculpa a los ucranianos por ese hecho. Ha ignorado otras investigaciones que sugieren la participación en el siniestro de Rusia o de los separatistas prorrusos que combaten en el este de Ucrania.

El otro ejemplo tiene que ver con los bombardeos de la aviación rusa en Siria. Cuando la prensa internacional destaca los daños colaterales ocasionados a la población civil de ese país árabe, el cubano de a pie que lee el periódico Granma solo se entera de los “éxitos” de Moscú en su cruzada aérea contra los terroristas del Estado Islámico.

Y así las cosas, recientemente se produjo un viaje a Moscú de Ricardo Cabrisas, el vice primer ministro cubano que atiende las relaciones económicas con el exterior. Él exploró con los funcionarios rusos, entre otras cosas, el posible ingreso de Cuba, en calidad de observador, en la Unión Económica Euroasiática, un  mecanismo de integración formado inicialmente por Rusia, Bielorrusia y Kazajastán, y al que se han sumado otras naciones que formaban parte de la extinta Unión Soviética.

Si se aprobara para Cuba el estatus de observador, es probable que La Habana aspire a convertirse en miembro pleno de esa Unión Económica, aun si precisara de una licencia en torno a los límites geográficos de esa entidad. Los gobernantes cubanos matarían dos pájaros de un tiro: por una parte sería un paso importante en la estrategia de integrarse al bando ruso, y por otro lado un modo de protección ante una hipotética debacle del chavismo en Venezuela.

Es inevitable que los cubanos rememoren la ocasión anterior en que la isla integró su economía con la Unión Soviética y otras naciones satélites de Moscú. Fue a raíz de nuestro ingreso en 1972 en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). En ese momento, con su industria azucarera intacta, Cuba se convirtió en la azucarera del CAME, además de suministrar a esos países níquel, cítricos y otros rubros exportables.

Ahora, sin embargo, la situación sería distinta. La isla apenas cuenta con bienes de exportación que pudiese enviar al entorno euroasiático. Y es difícil imaginar que Rusia y sus aliados necesiten médicos o maestros cubanos. Pero, eso sí, a Moscú no le vendría mal un contingente de soldados cubanos que le ayudasen en alguno de los frentes de batalla que se van abriendo.

Entonces, ¿habrán sido casuales los comentarios internacionales sobre la presencia de tropas cubanas en Siria, y que el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores desmintió el pasado 19 de octubre?

Convendría no desasirnos demasiado de uno de los componentes de nuestro refranero popular: cuando el río suena, es porque agua trae.

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