El primer cumpleaños sin su hija, asesinada en México

El primer cumpleaños sin su hija, asesinada en México

En dos semanas, los padres de Mariam han sobrevivido a sus propios aniversarios, mientras intentan recuperar los restos de la joven y su pareja

Mariam de las Salas Formigo
La joven Mariam de las Salas Formigo junto a su papá. Foto cortesía de la familia

CIUDAD JUÁREZ, México.- Se despertó a su lado. Pensó: es su cumpleaños.

No se atrevió a nada. Y menos a pronunciar la palabra “feliz”. Sólo la miró: la dulzura de su rostro. Y pensó: es bella. Como cuando la conoció. Él tenía 17 años. Ella, 13.

Fue un 24 agosto. En una fiesta de cumpleaños. En casa de Daysel, la vecina de Alexander. A más de 12 kilómetros de donde ella vivía. Él descubrió su simpatía, su corazón, su belleza. Ahí comenzó su historia de amor.

Treinta años con Maite, dos hijas, Mariam, de 21 años, y Mariem, de 10.

En su casa en Los Pinos, La Habana, hay ahora unas flores que no son para ella. Unas velas blancas sobre una mesa y dos fotos de Mariam, sonriente y aún más hermosa que su madre.

Todo estaba preparado, pensó él. Tenía las langostas que había capturado en sus jornadas de trabajo como pescador. Y la mejor de las sorpresas para ella, su compañera de vida.

A las seis de la tarde, la comida. De pronto conectarían con Tenosique, en el estado mexicano de Tabasco, y a la celebración se sumaría su hija Mariam de las Salas Formigo con su pareja, Manuel Becerra. Ella con sus risas y las palabras de amor.

Iba a ser el primer cumpleaños de Maite sin su pequeña. Se había propuesto calmar su ausencia con una “cena bonche, para divertirse, como si todos estuvieran en Cuba”.

Pero no pudo.

El teléfono suena, poco antes de que él salga de su hogar. Es Mariem, la menor de sus dos hijas. Llama desde la escuela:

– “Mami, feliz cumpleaños! Discúlpame que se me olvidó felicitarte esta mañana”.

Maite casi llora. Él le hace señas para que se resista. Después gritan su dolor para poder respirar. Un beso, y otro más: la vida.

“La niña es la reencarnación de la hermana. En las noches sueña que Mariam le está peinando”, afirma a CubaNet Alexander de las Salas, el papá.

Se dirige de nuevo al Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINRED). Busca información. Una guía para lidiar lo que nunca imaginaron vivir. Lo que encuentra es más dolor.

En el Malecón de La Habana un señor se le acerca y le dice:

-“Tú tienes problemas, y problemas graves“.

El padre de Mariam no contesta. Él insiste:

-“¿Has perdido a un familiar cercano? Yo perdí hace seis meses a un hijo en Venezuela y no lo he podido traer”.

Se sienta un rato con él, se desahoga.

Y Alexander le cuenta que su hija de 21 años, Mariam de las Salas Formigo, fue asesinada junto con su pareja, de 29, en el cuarto donde vivían, en la ciudad mexicana de Tenosique, cerca de la frontera con Guatemala.

Que no sabe cómo recuperar sus restos, y que invirtieron hasta lo que no tenían para que ella se lanzara al sueño de todos.

Y la perdieron. Con el sueño, con sus sueños.

Con un abrazo se despiden. No sabe su nombre, ni se acuerda bien si el caballero es de Santiago o de Holguín. Se lleva su historia trágica, como es ahora la suya.

Como si los sueños rotos se acumularan en Cuba. También de los que pudieron salir “en busca de la libertad”, agotados de cómo “resolver” todo y cada día, y acabaron muertos: congelados en una morgue a miles de kilómetros.

Esto fue hace dos semanas, el 18 de noviembre, el día en que su compañera cumplió 44 años, cuando la expresión “feliz cumpleaños” se transformó en tabú.

“El día más malo. Me dijo que sentía un vacío muy grande en el alma”, asegura su esposo.

Maite no puede hablar, ni dormir, tampoco comer. No es ella.

Mariam de las Salas. Foto de 1.65 metros de alto y un metro de ancho que una amistad envió desde Canadá a sus padres en Cuba. Foto cortesía de la familia.

Es 2 de diciembre y Alexander de las Salas intenta olvidar otro cumpleaños, el suyo. Son sus 48 años, el primero desde que su hija Mariam de las Salas Formigo fuera asesinada.

De regalo pediría volverla a ver, a sonreír, a tenerla con vida, aunque fuera en otro país labrándose un futuro. Ahora sólo puede aspirar a verla convertida en un cadáver, y ni esto sabe si será posible.

Cuando un connacional fallece en el extranjero víctima de un crimen Cuba, al contrario de otros países, no asume los costos de su regreso. A quienes recibe la Isla desde México es a los vivos, los migrantes cubanos deportados en aviones por la Policía Federal mexicana.

En su cumpleaños, el papá de Mariam de las Salas Formigo intenta tener más noticias sobre su hija, acuchillada junto a su pareja. Intenta ver cómo recuperar sus restos, rogando de nuevo a la Fiscalía General del Estado (FGE) de Tabasco más información, que les oriente, o al menos que les conteste a sus mensajes.

“La Dirección de Víctimas (de la FGE) va a contactarse con los padres para ver los trámites”, aseguró a CubaNet Ricardo Shashiel Rivera Pizarro, vocero de la Fiscalía.

Pero han pasado casi tres semanas de los crímenes sin noticias de las autoridades, ni de los asesinos.

– ¿Tienen mucho trabajo?, pregunto.

– “Tenemos poca incidencia de crímenes, los ministerios públicos están investigando los asesinatos de la pareja cubana, no es un problema de personal”.

Alexander y Maite sólo saben que los cadáveres de Mariam y Eduardo se encuentran almacenados en un “nuevo Servicio Médico Forense”, inaugurado hace menos de dos meses.

De él, el gobernador de Tabasco, Adán Augusto López Hernández  ̶ del mismo partido político que el actual presidente de México Andrés Manuel López Obrador ̶ , pregonó que iba “a ayudar muchísimo en tareas de preservación de los cuerpos y en dar un trato digno a los familiares y a todos los usuarios”.

Los padres de Mariam de las Salas Formigo anhelan conocer el “trato digno” que mencionan las autoridades tabasqueñas. No hubo “cake” de chocolate en su hogar en Cuba, ni refrescos, el día de su primer cumpleaños después del asesinato de su hija en Tenosique (México).

El dominó, arrinconado.

Las langostas siguen congeladas: como sus realidades.

Les faltan ellos, y sus restos.

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