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Lunes, 18 de diciembre 2017

El jaque a los ‘almendrones’

Las nuevas tarifas impuestas por el Estado han disparado la controversia. Choferes y clientes opinan

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LA HABANA, Cuba.- Las calles de La Habana son un hervidero desde este jueves. Nuevas tarifas para los viajes en ‘almendrones’ (taxis colectivos), publicadas por el periódico oficialista Juventud Rebelde, han encendido las controversias entre los ciudadanos que ven venir una crisis más terrible —si cabe— en el ya deficiente transporte urbano.

En 2016, a raíz del alza repentina en el costo de los pasajes, se estableció el tope de 20 pesos a cobrar para recorridos muy demandados por la población. Asimismo, se agudizaron las redadas contra los choferes que adquirían el petróleo en el mercado negro (15 pesos por litro) y las inspecciones a los automóviles se tornaron tan rigurosas, que un número considerable de los mismos salió de circulación. Proporcionalmente a estas medidas aumentó la congestión en las paradas de ómnibus, debido a que la infraestructura estatal no logra satisfacer la demanda ciudadana.

Para esquivar el golpe, los ‘boteros’ (choferes de ‘almendrones’) comenzaron a implementar los “viajes fragmentados”, que consisten en no ir directamente al destino final, sino partir el recorrido varias veces al precio de 10 pesos por tramo. El perjudicado fue el cubano de a pie, que vio disminuidas a dos sus alternativas: ofrecer al chofer los 30 pesos desde el principio, o lanzarse a la cruzada de tomar dos o tres taxis para llegar a casa.

Con las nuevas regulaciones anunciadas en Juventud Rebelde, el Estado vuelve a topar los precios, esta vez por tramos. Raramente puede decirse que la ley está a favor del ciudadano común, pero tal es el caso. El problema ahora es la reacción de los boteros ante una medida que reduce sus ingresos, mientras el costo de la licencia, el petróleo y el derecho a hacer piquera se mantienen inalterados.

Es un alivio para la población no tener que desembolsar 20 o 30 pesos diarios, y algunos choferes concuerdan en que es duro pagar esa tarifa, solo para poder llegar temprano al trabajo. Pero les parece inaceptable que no se haya contado con ellos para negociar el tope de los pasajes, ni considerado los gastos que supone mantener un auto antiguo, comprar el combustible y pagar al Estado todo lo que exige, sin ofrecer a cambio algunas facilidades que permitan trabajar sin exprimir los dineros del cliente.

El equipo de CubaNet conversó con choferes y usuarios sobre esta resolución que podría modificar la vida cotidiana de miles de habaneros. Muchas fueron las preguntas, quejas y argumentos, pero nadie mencionó la palabra “exigir”. Los boteros no se han planteado siquiera la posibilidad de organizarse y llamar la atención del gobierno sobre una decisión arbitraria y sin atenuantes. Muchos tienen miedo y prefieren verse “jodidos” —con perdón de los lectores— antes que dar su opinión o hacer valer sus derechos.

Paradójicamente, fueron los propios clientes quienes declararon no estar totalmente de acuerdo con la medida. Consideran que topar los precios era necesario, pero critican que no se haya establecido algún recorte en el precio del petróleo, que el Estado vende a 25 pesos por litro. Los cubanos de a pie temen que ante la nueva mordaza los boteros se nieguen a trabajar o elijan la modalidad de “taxi directo hasta la puerta de la casa”, que les permitiría ganar en una carrera rápida lo mismo que en un viaje convencional.

En medio del inminente caos llama la atención que la arremetida no se hizo extensiva a los ruteros arrendados al Estado por cooperativas no agropecuarias. En efecto, la irregularidad de dividir el viaje por tramos también se ha observado en la línea Parque del Curita-Paradero de Playa. En este caso, la partición del trayecto se produce en el Coppelia; así ganan el doble (10 pesos) en un solo recorrido, sin contar el constante sube y baja de pasajeros que pagan lo establecido (5 pesos), aunque vayan hasta la esquina. Semejante robo no es digno de atención porque el Estado se beneficia de él. El problema es, y seguirá siendo, la prosperidad individual.

Preocupación y disgusto ante lo que se avecina es el resumen de las reacciones apreciadas entre la ciudadanía. Los boteros ya están pensando en varias alternativas para eludir la sacudida, desde hacer viajes directos o retirarse de la vía, hasta elegir al pasajero que “quien no esté dispuesto a pagar la cantidad habitual, no se monta”.

Otra posibilidad es sacar provecho del despiste inicial, pues la inmensa mayoría de los usuarios no están enterados con precisión de las nuevas tarifas, así que seguirán pagando lo mismo como si nada. Lo más probable es que, ante la perspectiva de quedarse “botados”, quienes viven lejos decidan pagar la cuota de siempre; pues todo lo que le importa al cubano es llegar a destino lo antes posible y con un mínimo de comodidad, algo que la infraestructura de transporte estatal no puede garantizar.

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