El color del comunismo

El color del comunismo

¿Conocen los señores antimperialistas que se reunieron en La Habana las consecuencias del totalitarismo en la antigua URSS, Cuba, Venezuela y Nicaragua?

Comunismo;
(Foto: Twitter)

Todo comienza con la muerte, el color de la sangre y del comunismo

LA HABANA, Cuba. – Así como los bolcheviques combatieron el régimen de terror del zar ruso, apenas un pálido reflejo de los horrores del bolchevismo, el castrismo combatió la dictadura de Batista, una sombra de lo que representó la Revolución cubana con sus miles de fusilados, sus diez mil presos políticos “plantados”, los miles que murieron en el mar tratando de escapar de Cuba y sus millones de cubanos en busca de libertad por el mundo entero.

En el reciente “Encuentro Antimperialista de Solidaridad por la Democracia y contra el Neoliberalismo”, celebrado en La Habana, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla dijo: “…el capitalismo y el imperialismo son los responsables de que América Latina sea la región más desigual”.

¿Acaso desconoce este señor cómo comenzó el comunismo en 1917, o será que es de su agrado el color rojo de la sangre de nuestros pueblos?

Por si nada sabe o todo lo ha olvidado, vamos a refrescarle la memoria al canciller, con lo más importante del primer balance global de los crímenes que sirvieron de patrón a los pichones de comunistas, que insisten hoy en sembrar ese mal en América Latina:

Fusilamiento de decenas de miles de confinados en prisiones de Rusia, asesinatos de miles de obreros y campesinos rebeldes entre 1918 y 1922; muerte de cinco millones de personas por hambruna; liquidación y deportación de los cosacos del Don en 1920; asesinato de decenas de miles de ciudadanos de varias nacionalidades en los campos de concentración entre 1918 y 1930; liquidación de cerca de 690 000 personas durante la Gran Purga 1937-1938; hambruna provocada a seis millones de ucranianos en 1932 y 1933, etc.

También fue responsable de las deportaciones de alemanes del Volga en 1941, de los tártaros de Crimea en 1943, de los chechenos en 1944, de los ingushes en 1944, de las poblaciones urbanas de Camboya en 1975 y 1978, la lenta deportación y liquidación de los tibetanos por los chinos desde 1950.

¿Conocen estos señores antimperialistas reunidos en La Habana las consecuencias del totalitarismo en la antigua URSS, Cuba, Venezuela y Nicaragua?

Es obvio que vienen tiempos difíciles para el comunismo, como bien expresara el Canciller Rodríguez. Cada día se conoce bien la podredumbre de ese sistema político y sus secuelas de muertes, narcotráfico, mentiras, golpes de Estado y fraudes electorales.

Cuba y su dictadura castrista es un pésimo ejemplo de los males de ese régimen represivo, por suerte desaparecido y “desmerengado” en Europa del Este y la URSS.

Eso es lo que preconizan estos eventos celebrados y financiados por el gobierno cubano, para bien de los tozudos generales y coroneles que luchan por el mantenimiento de sus buenas condiciones de vida, mientras el pueblo sufre durante décadas una vergonzosa y miserable “libreta de abastecimiento”, tal vez como castigo al desinterés político que se ve a simple vista en la gran mayoría dela población, donde lo menos que se habla es de política.

Los delegados de ese Encuentro, provenientes de 50 países, conocen perfectamente la bancarrota económica que sufre Cuba gracias a los disparates de Fidel Castro. Saben que la tercera parte de nuestra población no pasa hambre gracias a las remesas familiares que reciben de Estados Unidos, saben que Venezuela se sostiene gracias a la siniestra ayuda de la inteligencia y contrainteligencia de la metrópoli cubana.

Aun así, vienen para apoyar que los familiares chavistas no pierdan su fortuna de un millón 800 mil dólares, obtenidos por el dictador venezolano, vienen al único país latinoamericano donde sólo existe un partido político, mientras son marginados los que piensan distinto y obligados a aceptar en silencio que Raúl Castro y sus compinches prefieran continuar expandiendo el comunismo, en vez de darle comida a los cubanos.

La propaganda comunista de Raúl Castro se da de narices contra la realidad, si vemos cómo los cubanos prefieren lo que se produce en los países capitalistas y se burlan de las pocas y pésimas mercancías que a duras penas se producen en la isla.

Hoy será Donald Trump -lo comentan los cubanos que poco a poco van perdiendo el miedo- quien le dé el tiro de gracia a ese fantasma de color rojo que pretende recorrer Latinoamérica.

Fuente: El libro negro del comunismo, Editorial Planeta, 1997, España.

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