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Viernes, 22 de septiembre 2017

El Arca del socialismo cubano hace aguas

El proyecto del régimen para “proteger al país de los efectos del calentamiento global” despierta la hilaridad de la ciudadanía

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Los cambios climáticos vienen; los políticos, no, y nadie sabe qué será peor (Foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- El socialismo al estilo cubano no tiene límites en su afán de simular interés por los destinos del país. El elevado cinismo de sus promesas y la puesta en marcha de una maquinaria propagandística oficial, que hace de la superchería el motor impulsor de cuantos proyectos se gestan en la nación, muestra las dobleces de un gobierno al que sólo le interesa el poder.

La supuesta preocupación por salvar a la ciudadanía de vivir bajo el agua como un pez para el período  2050-2100, por causa de los efectos del cambio climático mundial, provoca oleadas de burlas entre un sector de la población que sufre las consecuencias de cuanto ciclón, depresión tropical o chinchín platanero enfile o ronde la isla en la actualidad.

Queda tan lejos la bien diseñada teoría de la puesta en práctica del prometedor plan de protección, que muchos cubanos aseguran que primero verán flotar un iceberg en Charco Mono, Santiago de Cuba, o caer la nieve durante una semana, en Veguitas y Repelón, en Granma, que ver cumplir cualquier promesa hecha por los alabarderos de la revolución.

En un país como Cuba, que cuando llueve en Atenas sufren penetraciones del mar los residentes en El Vedado, y si tiembla la tierra en Pakistán se derrumban tres edificios en Centro Habana, trazar un  plan para proteger a la población de los estragos que causan los fenómenos meteorológicos, más que satisfacción por la anunciada medida, causa pesar por la insistencia en mostrar un interés muy lejos de los recursos y la voluntad gubernamental.

Similar al cartel del bodeguero: “Hoy no fio; mañana sí”, son las promesas de un socialismo que a lo largo de cincuenta y ocho años no ha sido más que un remedo del absurdo social de una retórica escapista, cuando sus líderes  y tracatanes dicen en cualquier escenario nacional, ante amaestrados o cínicos oyentes: “El presente es de lucha; el futuro es nuestro “, algo así como promocionar la espera de un futuro mañana que nunca llegará.

Tarea Vida 

El hecho es que mientras algunos propagandistas de las bondades del socialismo realizan planes económicos y políticos hasta el 2030, dando por hecho que en esa fecha seguirán ahí, en el trono, otros se embullan y suben la varilla de su estadía en la tierra hasta el 2100, con el pretexto del cambio climático y sus peligros, y el insólito temor de morir calcinados bajo el  hueco de la capa de ozono, cuando  no existen siquiera papas o salbutamol en Cuba.

Por eso el tan cacareado proyecto denominado Tarea Vida, diseñado para salvaguardar a la población de los efectos del calentamiento global en el país, despierta la hilaridad de una ciudadanía envejecida que no piensa existir en el 2100, y menos encontrar cantando bajo la lluvia o abrazados a un árbol bajo los embates de un ciclón, a ninguno de los momificados líderes históricos de la revolución, gestores de una campaña que, Dios mediante, imagino no podrán ver, ni aun cumpliendo el anhelado sueño de llegar a los 120 años en el poder.

De ahí que las acciones estratégicas de la Tarea Vida, enmarcadas en prohibir la construcción de nuevas viviendas (a los cubanos de a pie), en asentamientos costeros amenazados que se pronostica su desaparición por inundaciones permanentes, así como reducir la densidad demográfica en las zonas bajas costeras, reafirma la duda de nunca comer pescado y alienta el deseo de contruir el Arca de Noé del socialismo del Siglo XXII.

Asimismo, el desarrollo de concepciones constructivas en la infraestructura, adaptadas a las inundaciones costeras, trae a la mente estampas de autos cubiertos por el agua, viviendas inundadas y personas en los techos o sobre un sofá por las penetraciones del mar que se producen hoy, y hace imaginar que para el 2100 sólo se salvarán los que sepan nadar.

De igual forma, adaptar las actividades agropecuarias, en particular las de mayor incidencia en la seguridad alimentaria del país, a los cambios en el uso de la tierra como consecuencia de la elevación del mar y la sequía, nos hace preguntar: ¿Y en el presente qué? ¿Cuál es la seguridad alimentaria hoy? ¿El pan racionado, los huevos por la libre, el pepino y la col?

Las otras tres acciones son más de lo mismo, a saber, la reducción de las áreas de cultivo próximas a las costas o afectadas por la salinización, y diversificar los cultivos (al menos cambiar los nombres a los boniatos, calabazas y el ají), e introducir variedades resistentes al nuevo escenario de temperaturas, como el incomible y desaparecido plátano microjet.

Perra Vida

Para quienes son víctimas en la Cuba de hoy de los trastornos climáticos, ya sea por causa de El Niño jodedor, La Niña lluviosa y el intermitente chinchín, hijo putativo de vaguadas inescrupulosas que vienen a evacuar sus aguas sobre el país, la Tarea Vida no es más que otro alarde o tomadura de pelo de una revolución convertida por más de medio siglo en el ciclón estacionario que mayores estragos  ha causado en la nación.

De acuerdo con Jorge Amado Robert Vera, un santiaguero víctima de cuanto ciclón, tromba, tormenta o llovizna derrumban viviendas o convierten en un lodazal del medievo diversas zonas de la localidad, en la mayoría de los casos sin recuperación –salvo sean las partes y nunca con la mínima calidad- la anunciada tarea es otra arrancada de caballo viejo que ya sin trote y sin reflejos repite hasta el cansancio el mismo  paso en el rodeo nacional.

Según agrega la fuente, todavía no ha podido restaurar del todo el techo de su vivienda, arrancado de cuajo bajo las lluvias y los vientos del ciclón Sandy (2012), pues el desvío de recursos, los elevados precios de los materiales y las prioridades de la “igualitaria” revolución, llegan a cuenta gotas entre ciclón y ciclón, a los damnificados de la región.

Como ejemplo de la lentitud y chapuza en reubicar a quienes quedaron sin viviendas por los azotes de Sandy, señala un albergue donde ubicaron a los damnificados del reparto San Pedrito, que más que un refugio parece un barracón de esclavos en medio de la ciudad. Además, agrega, los edificios entregados a las víctimas del ciclón en el paseo Martí, sufren filtraciones en los techos, resquebrajamientos en las paredes, salideros de albañales, desprendimientos de los muebles sanitarios y el mal acabado de la meseta del fogón.

“Si aún cinco años después persisten las secuelas ocasionados por el paso del ciclón Sandy por Santiago, qué pintan estos indolentes mandantes anunciando la salvaguarda de cientos de pobladores que todavía vagan a la intemperie, cohabitan con un vecino o un familiar,  recogen cartones en los basureros, compra dos tejas de fibro-cemento, se roban una plancha de zinc o son reconcentrados en albergues y edificios sin las condiciones básicas para vivir”.

El problema es que los cambios climáticos vienen; los políticos, no, y nadie sabe qué será peor: si soportar una inundación pasajera, aunque nos cueste la vida; o sufrir los embates permanentes de un sistema social que no nos tumba el techo, pero nos impide pensar y elegir quien nos guiará hasta el 2100, para dar un nuevo rumbo a la nación, aunque sea sumergidos bajo las aguas del mar, pero alejados de la pertinaz propaganda de la revolución.

Acerca del Autor

Víctor Manuel Domínguez
Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. vicmadominguez55@gmail.com

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