A dos siglos de Marx: el fracaso de un falso profeta

A dos siglos de Marx: el fracaso de un falso profeta

El capitalismo y el socialismo no fueron como los previó

LA HABANA, Cuba.- Este 5 de mayo se cumplen 200 años del nacimiento en Treveris, Alemania, en 1818, de Karl Marx, el creador del socialismo científico y el materialismo histórico.

Marx es más citado –y recitado, de carretilla- que realmente leído y comprendido. Si lo sabremos los cubanos de mi generación, que nos vimos obligados a estudiar el marxismo –con el añadido leninista- a través de manuales soviéticos de tufo estalinista y con profesores que solo eran buenos en el teque, el cotorreo y en sembrar el desorden de ideas en sus alumnos, en los más brillantes, quiero decir, porque los demás se limitaban a repetir las citas más citadas y las consignas-estribillos, y con eso les bastaba para que los aprobasen, y va y a los más entonados hasta los mandaban a Moscú a perfeccionar sus estudios.

Ni los dirigentes sabían bien de qué iba el marxismo. Dudo que haya muchos que se hayan leído El Capital. Cuidado que ni el mismísimo Fidel Castro, quien en memorable ocasión abochornó con su regaño a los miembros del Comité Central del PCC por no saber responderle qué era El Anti-Duhring. Original y exigente con los suyos que era el Comandante, quien se preciaba de no sentirse atado, como un buey a la yunta, al catecismo marxista…

Marx, considerado uno de los más grandes pensadores de la historia, aportó herramientas muy útiles para el estudio de las ciencias sociales. Solo que son solo eso, herramientas, para nada infalibles o absolutas.

Como profeta social, Marx fracasó en sus predicciones. El capitalismo y el socialismo no fueron como los previó. A Marx, demasiado aislado de la realidad, encerrado en la burbuja costeada por su amigo Engels, lo cegó el determinismo económico. Y los resultados fueron desastrosos.

En los países donde los marxistas lograron apoderarse del poder, el estado no fue un instrumento al servicio del proletariado. En vez de la dictadura del proletariado fue la dictadura del Partido Comunista sobre los trabajadores, donde se impuso el estado sobre el individuo, y se conculcaron sus libertades civiles y políticas.

El análisis dogmático y seudocientífico de Marx, centrado obsesivamente en la lucha de clases, limitó la Historia de la humanidad a un aburrido recuento del desarrollo de las relaciones de producción y las condiciones jurídicas de la propiedad solamente en Europa y una parte de Asia. El resto del mundo quedó olvidado en su esquemática y artificial construcción teórica. Hoy, más que euro-céntrico, Marx sería considerado xenófobo y racista. Solo que en lo políticamente correcto y la guerra cultural en curso, los socialistas miden con el rasero más conveniente a sus intereses.

Hace unos días me divertía de lo lindo al ver en un programa de Telesur, los apuros que pasó un apologista de Karl Marx cuando el entrevistador le preguntó acerca de las “injustas valoraciones” de Marx sobre América Latina, como cuando afirmó que Simón Bolívar era un tirano. El hombre, académico como era, no sabía qué decir, más allá de repetir que las figuras históricas no deben ser sacadas de su contexto…

Los testarudos defensores a ultranza del marxismo que hoy reclaman su vigencia, mantienen la apuesta por los regímenes dictatoriales de partido único, los aparatos estatales desmesurados, la redistribución de riquezas donde no las crean y la planificación centralizada. No importa si fracasan una y otra vez. Parecen inmunes a los descalabros, irremediablemente modorros para las lecciones de la historia. Lástima que no se larguen a hacer sus experimentos sociales a Saturno o un poco más allá y sean los pueblos los que tengan que pagar las consecuencias de sus dislates.

luicino2012@gmail.com

[fbcomments]