¿Dónde se habrá metido Hassan Pérez?

¿Dónde se habrá metido Hassan Pérez?

El instructor militar en Bolivia habría pasado a las tinieblas tras el lanzamiento de su libro patrocinado por el gobierno de Evo Morales

Hassan Pérez Casabona; Cuba; Bolivia;
Hassan Pérez Casabona (Foto: Prensa Latina)

VILLA CLARA, Cuba. – En marzo pasado, el expresidente de la FEU, UJC, y de cuanta organización procastrista hubo en la isla de sus briosos tiempos mozos, Hassan Pérez Casabona, “el talibán cubano”, se lanzó al ruedo escritural con un encargo presto bajo el ala, es decir: la pluma, hecho al compañero saltarín en los amontonamientos típicos del período especial de “multitudes juveniles y morosas” por el defenestrado Evo Morales Ayma.

Evo Morales quedó tan satisfecho con el libro de Pérez que lo señaló entre los cuatro libros imprescindibles para enseñar “doctrina nacionalista” entre las fuerzas de seguridad de su país, junto a “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano, y otros dos títulos locales.

Tal vez Evo, sumamente despistado, no sabría que Galeano manifestó antes de morir su arrepentimiento por haberlo escrito.

Casabona (que es segundo apellido y alude a residencia apacible), de 41 años, no tiene currículo de intelectual, pero sí de haber cursado en las escuelas secretas para La Seguridad Nacional, y -según Cubadebate- ser “Licenciado en Historia” y “Profesor de la Universidad de la Habana” o “especialista en estudios hemisféricos”, luego de su desaparición física del círculo promotor de los briosos brincos, tras un presunto escandalito dado por su esposa en el balneario de Varadero, en un Hotel donde la pareja vacacionaba. Sus managers sugirieron a los superiores “ponerlo a la sombra hasta que baje la marea”, como para “preservarlo de ataques de futuros corsarios y piratas”.

Pues bien. Pocos saben, en caso de cumplir misiones, dónde estará en estas grises horas de cubanos con billetes detenidos en la Paz el autor de pactadas propagandas, si acaso implicado como aquellos en subvertir el orden constitucional vigente, el otrora “asesor presidencial” de quien Evo expresaría en acto glamoroso que se realizó el día 12 de marzo en la Casa Grande del Pueblo, y al que también asistió el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana:

“Hermano Hassan Pérez, muchas gracias por este aporte, esperamos que la lectura de este libro nos pueda permitir debatir para seguir mejorando nuestra liberación democrática, cultural y social”.

¿Insinuaba acaso que la extensión de su mandato a cuatro períodos podría ayudar al pueblo a entender esa mejoría, manipulando la misma carta magna que le coartaba?

Morales repasó entonces la experiencia boliviana en la injerencia del Gobierno de Estados Unidos durante períodos neoliberales y recordó las causas para consolidar la refundación del país, sin someterse al imperialismo. Además, reflexionó sobre la estrategia norteamericana para “adueñarse de los recursos del mundo”, como el ansiado litio boliv(ar)iano, imprescindible para el futuro inmediato, destacando el aporte en hacer frente a las conspiraciones entreguistas de la región:

“Aquí nos hemos atrevido, frente a tantos chantajes y amenazas, a recuperar nuestros recursos naturales, lo más importante para nuestra revolución democrática y cultural.”

Pero nada de eso era del interés del talibán. Su libro “El dedo en la Llaga: breve aproximación a la injerencia de Estados Unidos en América Latina y el Caribe desde la geopolítica y la seguridad nacional (1945-2019)” fue editado e impreso en aquel país, lo que constituyó excelente ocasión para el renacimiento individual largamente postergado y cero democracia —sino populismo chato— a modo de aportación.

Con los mismos recursos que Evo destinó para abrir un museo al indigenismo origenista del cual provenía, donde él fuera figura cumbre, a un costo de varios millones que los opositores cuestionaron.

Entre los meses de mayo del 2017 y el 2018, por un periodo de 12 meses, Hassan se dedicó a escribir artículos en el sitio de Cubadebate de un cariz “integracionista”. Que no fue más que el dedo —esta vez aglutinador— que orientaría por donde habrá de pasar —y coagularse— la sangre ganadera del continente.

Su último aporte fue una entrevista a Joaquín Gerónimo Berroa, embajador de la República Dominicana en La Habana, como extensión de las doctrinas leales del socialista Juan Bosch, quien se exilió en Cuba durante dos décadas.

Entre confesiones, el diplomático dijo de su “admiración” por el modelo cubano y por haber asistido “a un desfile del 1ro de mayo en la Plaza” y apercibido “las milicias de tropas Territoriales” tras ser recibido por el funcionado “que vela por el desempeño del departamento América en el CC del PCC”.

Con tales precedentes de reciente autoría, puede intuirse los estrechos derroteros que ha seguido nuestra “joven promesa como dirigente estudiantil”, tal cual lo persignó, en discurso público de la escalinata universitaria, el occiso Fidel Castro, un par de meses antes del descalabro ocurrido y a su salida del escenario político por recomendación tal vez del Comandante.

En Bolivia, Hassan adiestró, como se hace en La Escuela Nacional para La Defensa en Cuba, a las fuerzas armadas locales, pero exhibiendo su vasto currículo de tribunas, a quienes aceptaron “a regañadientes” gritar el emblemático lema cubano de “Patria o Muerte” en los desfiles.

Según Pérez, el libro se elaboró en base a un compendio colectivo trabajado sobre “el tema”, y fue escrito con el apoyo del Ministerio de la Presidencia de Bolivia y la Escuela de Gestión Pública Plurinacional (EGPP).

“Es un pretexto para dialogar, (pero) vendrán otros y mejores”—dijo.

(Los demás pretextos quedaron flotando en el andino aire, hasta hoy).

Nadie en La Casa lo ha visto. Nadie sabe dónde está. Pero todos rememoran al infaltable Hassan.

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