Díaz-Canel en Las Tunas: ¿De qué sirven las visitas gubernamentales?

Díaz-Canel en Las Tunas: ¿De qué sirven las visitas gubernamentales?

El gobernante visitó una cochiquera, un central azucarero, un barrio donde producen materiales de construcción, una escuela de arte, la sede universitaria y el hospital provincial

Miguel Díaz-Canel; Las Tunas;
Miguel Díaz-Canel (Foto: AP)

LAS TUNAS, Cuba. – El pasado viernes, presidiendo una profusa comitiva ministerial integrada por los más encumbrados cargos de su administración, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de la República designado por el general Raúl Castro, concluyó una visita gubernamental de dos días a la provincia Las Tunas.

El anterior examen gubernamental de Díaz-Canel a Las Tunas, una de las cinco provincias en que fue dividida la antigua provincia Oriente, data de sólo 11 meses, ocurrió en febrero de 2019, ocasión en la que impartió 29 indicaciones de trabajo a las autoridades provinciales.

Ahora, y según informó el primer ministro Manuel Marrero, en el recién concluido recorrido presidencial fueron visitados 74 objetivos económicos y sociales en siete de los ocho municipios de la provincia. De las 29 indicaciones dejadas por Díaz-Canel en febrero de 2019, fueron cumplidas 17, permaneciendo 12 en “proceso”, dijo.

Personalmente, Díaz-Canel en unión de un equipo ministerial se ocupó del centro de Las Tunas, visitó una cochiquera, un central azucarero, un barrio donde producen materiales de construcción, una escuela de arte, la sede universitaria, el hospital provincial.

El vicepresidente Valdés Mesa fue al norte de la provincia. Allí  visitó la finca de un pequeño agricultor productor de quesos, el central Antonio Guiteras -otrora Delicias-, que fuera el mayor productor de azúcar de caña de Cuba y del mundo allá por los años 50 del pasado siglo, pero que ahora produce azúcar en la medida de un viejo trapiche. También fue el vicepresidente de la República por campos de cultivos en el municipio Puerto Padre, impartiendo indicaciones, cual agrónomo experimentado.

El primer ministro Marrero Cruz y su equipo ministerial se dirigieron hacia el sur; donde está el central Elia, ahora llamado Colombia. donde observó cañas no deseables en la fabricación de azúcar. Luego, el premier inspeccionó una fábrica de butifarras y otra de conservas en los predios del otrora central Francisco, rebautizado con el nombre de Amancio Rodríguez, otrora industria privada que allá por los años 40 del siglo pasado había creado una muy productiva variedad de maíz: el Francisco.

Menciono sólo algunos de los muchos sitios visitados por el presidente y sus ministros. Ya sin dineros para importar piensos con que producir carne, leche y huevos, Díaz-Canel, Valdés Mesa, Marrero Cruz y su comitiva ministerial, indicaron y volvieron a indicar a dirigentes y obreros trabajar esforzadamente para conseguir abundantes producciones, aunque no las mencionaron por su origen capitalista, como en su día produjo el maíz Francisco, o el central Delicias.

Para los tuneros, el vaticinio de la “tacita de oro” del difunto Fidel Castro está por cumplir hace 32 años. Era el 28 de noviembre de 1988 cuando al inaugurar una siderúrgica en Las Tunas, el comandante en jefe de las fuerzas de aire, mar y tierra y de todas las obras en Cuba dijo que esta provincia podía convertirse en “una tacita de oro”, infructuoso pronóstico que ahora hace recordar por analogía, aunque con efecto contrario, cierta reseña monetaria sobre la obra de Hemingway.

A propósito del intelecto de Hemingway y del valor creciente de su obra, el 31 de agosto de 1952 E. J. Sprague dijo en Free Press que, para el estudioso de la economía, “ha de ser interesante saber que el precio del genio se compara ventajosamente con el ritmo del precio de los huevos. Por quién doblan las campanas se vendió en 1940 a $ 3,50 por 140 mil palabras. El viejo y el mar se vende hoy (1952) a $ 3,00 por unas 28 mil.”

No conozco el precio de los huevos en 1940 ni en 1952, pero sí el de las barras de acero, en épocas más recientes. Y, siguiendo el razonamiento de Sprague, “el estudioso de la economía” puede colegir como Las Tunas se ha convertido, al igual que toda Cuba, en una escudilla abollada en lugar de una “tacita de oro”, precisamente, siguiendo el precio de las barras de acero corrugado empleado en la fundición de hormigón armado, producidas en la siderúrgica inaugurada por Fidel Castro en 1988.

En los años 80 del pasado siglo, el precio en pesos cubanos de una barra de acero corrugado de media pulgada de grosor y nueve metros de largo era igual o incluso inferior a su longitud, pero hoy, esa misma cabilla, cuesta en las tiendas de materiales de construcción del Estado 81 pesos, precio módico, si se tiene en cuenta los precios dispares que sufrimos en Cuba.

Pero en el mercado informal, entiéndase clandestino, (palabra de moda hoy) una barra de acero corrugado, sí una cabilla, cuesta 250 pesos, esto es, más de tres veces el precio estatal, y eso, si tiene la buena suerte de encontrarla.

Un saco de cemento P-350 para fundición de hormigón armado ya cuesta 12 dólares. La semana pasada una ciudadana cubana-estadounidense de visita en Puerto Padre llegó a ofrecer 15 dólares por 10 sacos de cemento para reparar la vivienda de sus familiares, y… no los consiguió.

Fidel Castro, Raúl Castro, Machado Ventura, Ramiro Valdés, Díaz-Canel y una prolongadísima ristra de correveidiles de vieja y nueva data, exhortando a los cubanos a trabajar más y mejor, diseñando planes grandiosos y haciendo promesas de un futuro mejor, desde hace más de 60 años y hasta el día de hoy, visitaron tantos lugares de Cuba y tan repetidamente que, si sumáramos las millas por ellos recorridas a bordo de aviones, helicópteros, yates, automóviles y jeep, la suma resultante cubre varias vueltas al mundo. La cifra multimillonaria de litros de combustibles empleados por ellos en esos recorridos, si se conociera, de puro bochorno borraría de sus bocas por siempre la palabra “ahorro”.

Luego, cabe preguntarse: ¿De qué sirven las visitas gubernamentales en Cuba? ¿Qué han resuelto en ya más de 60 años de castrismo?

No voy a citar los cafetales caturra, la zafra de los diez millones ni el archiconocido vaso de leche, que son algunas de las consignas castristas más aparatosamente incumplidas. Traeré al recuerdo, otra vez, cuando Raúl Castro habló de sembrar “más maní, soya, girasol y otras plantas que puedan darnos el aceite que necesitamos”, afirmando también, “producir toda la carne y toda la grasa que queremos”.

“No mataremos los cochinos chicos, no cocinaremos las carnes con grasa, sino que sacaremos la manteca para el consumo; no mataremos las hembras, sino que las criaremos hasta que paran, para que aumente el número de cerdos en el país, y podamos, dentro de año y medio, tener suficientes cerdos para producir toda la carne y toda la grasa que queremos”, dijo, entre aplausos, el entonces joven comandante Raúl Castro en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1961.

Ahora Díaz-Canel, el presidente elegido por Raúl Castro, realizando la segunda visita gubernamental a Las Tunas en menos de un año, visitó una cochiquera y él y sus ministros hablaron de producir carnes, como hace ahorita 59 años que Raúl Castro dijo de “producir toda la carne y toda la grasa que queremos”. ¿Alguien les cree?

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