Día de las Madres en Cuba: ¿Regalar o comer?

Día de las Madres en Cuba: ¿Regalar o comer?

Cubanas y cubanos recorren las calles y se detienen en cualquier chinchal improvisado, buscando alguna “bobería” con que “matar” el regalo

LA HABANA, Cuba.- “No hay nada”, “Todo está muy caro”, “Lo mismo de todos los años”, era lo que se escuchaba a solo unas horas del domingo 13, Día de las Madres, cuando comenzaban a desesperarse quienes aún no habían podido conseguir algo para regalar.

Una situación bien difícil en un país donde los salarios estatales no suelen superar los treinta dólares mensuales y donde el desabastecimiento en los comercios, por su carácter crónico así como por el modo en que esto contrasta con la opulencia constructiva para el turismo, pudiera decirse que es una “política de gobierno”.

Mayo es un mes difícil para los cubanos. Apenas han cobrado el salario los primeros días del mes y ya se les agota en obsequios o en preparar una cena modesta en familia, una pequeña celebración de fin de semana que apenas logrará romper con el hastío cotidiano pero que se impone por tradición, para algunos; o como gesto de gratitud, para la mayoría.

Otro año más sin notables variaciones, y las pocas que pudiera reflejar cualquier reportaje fiel a la realidad, se limitarían a describir o mostrar un paisaje cada vez más ruinoso y un entusiasmo popular moldeado por el conformismo.

Bajo la filosofía de “esto es lo que hay, esto es lo que acepto”, cubanas y cubanos recorren las calles y se detienen en cada uno de los chinchales improvisados en parques y portales de Monte, Belascoaín, San Rafael buscando alguna “bobería” con que “matar” el regalo.

Adornos de yeso, flores de papel o plástico que, para usar la jerga oficialista, pudieran ser “fieles continuadores” de aquellos objetos de muy mal gusto que invadieron los hogares cubanos en los años 70, 80, 90 y que iniciaron en nuestros hogares una era de “fealdades” que, de tan prolongada, diríamos terminó por alterar nuestro ADN.

“Horribles”, se escucha decir a unos pocos. “Preciosos”, exclama una mayoría que se decanta por el realismo de sacarle el mayor rendimiento a un monedero semivacío que ninguna dosis de optimismo, por muy alta que sea, hará parecer “medio lleno”.

Son las mismas ofertas de años anteriores y aunque la reiteración pudiera convertir el acto de elegir en un asunto sin trascendencia, la situación se vuelve bien difícil, casi una tragedia cuando descubrimos que estamos regalando otra vez lo mismo y a la misma persona.

“Peor es llegar con las manos vacías”, es la justificación que se ha convertido en sentencia popular. La situación del país es tan crítica y el dinero tan escaso que cualquier cosa es bienvenida, incluso para que sirva de “contrarregalo” el día del maestro o para la vecina que estará de cumpleaños en pocos días, y así pasará de mano en mano casi hasta el infinito y más allá.

Enfrentados a la carestía están los que optan por no dilapidar en frivolidades y entonces regalan dinero en efectivo. Compran una tarjeta de felicitaciones y prenden al dorso un billetico de 1, 3 o 5 CUC que habrá de ser mucho más útil que un búcaro de cerámica.

Hay quienes viven en el exterior y harán una excepción en la rutina de las remesas. Sorprenderán con un extra cuya aventura de cobro en la Western Union, debido a las filas inmensas, agregará al regalo unos gramos de sufrimiento pero, como suele decirse en la isla, no sería Cuba si las cosas fueran tan fáciles.

No obstante, se sabe que existe otra Cuba, muy diferente, donde hacer un regalo el Día de las Madres no implica el dilema entre comer y celebrar, entre subsistir y aparentar que “somos gente normal” en un país “como otro cualquiera”.

La prueba de que existe ese “universo paralelo” es que en estos días de impotencia ante la escasez, la insolvencia y la presión por demostrar con un “presentico” a nuestras madres que todo marcha bien en nuestras vidas, como una manera de aliviar con algo “palpable” sus frustraciones y las nuestras, jamás veremos caminar por las calles más pobres de nuestra ciudad ni entrar a los comercios más desolados a esos que, desde el poder o a la sombra de este, gustan de hablar en nombre de Cuba y del pueblo cubano.

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