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Martes, 21 de noviembre 2017

Despertar en Cuba y preguntar: ¿qué comeré hoy?

Los trastornos de salud por la malnutrición aumentan en la Isla

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No es un problema de embargo, es un asunto de mala planificación. La foto no muestra un bar. Se trata de una bodega para productos regulados. No hay alimentos, sin embargo, hay ron (foto del autor)

LA HABANA, Cuba.- Dicen que la primera interrogante que se hace un cubano de a pie cuando se despierta es “¿Qué comeré hoy?” o su otra variante: “¿Qué voy a cocinar?”.

Se la hacen no solo las mujeres que, en el hogar, asumen ese rol de “cuidadoras de la familia”, también los hombres casados o solteros, machistas o liberales tienen esa como su mayor preocupación.

“¿Qué comeré hoy?”. Es la pregunta que más de la mitad de los entrevistados señalaron como primordial en una pequeña encuesta realizada por un grupo de jóvenes estudiantes del municipio Diez de Octubre, como parte de un ejercicio de clases en un curso para trabajadores sociales.

Según afirma César Enrique, uno de los encuestadores, la investigación estaba encaminada a indagar por el nivel de vida de una población de la barriada de Luyanó, considerada entre las más pobres de la capital, a pesar de que algunos de sus habitantes son profesionales de nivel medio o superior.

“Entrevistamos a cien personas entre viejos, jóvenes, hombres y mujeres, negros y blancos, todos mayores de dieciocho y aunque sabíamos que la respuesta aparecería entre las más votadas, no esperamos que 54 personas la marcaran con el uno. Incluso jóvenes que uno pudiera imaginar que marcarían otras preguntas (…) por la ropa, el novio, casarse, viajar, los estudios”, dice César Enrique.

Aunque la encuesta, al estar dirigida al estudio de una pequeña población, no refleja lo que sucede en toda Cuba, puede dar una idea sobre lo que está sucediendo en cuanto al acceso a la alimentación e indagar por lo que hacen las personas, incluso con una solvencia económica considerable, para lograr alimentarse en un país donde el desabastecimiento es una variable constante de la ecuación económica-política.

“De tres diarias, desayuno por la mañana, almuerzo al mediodía y comida en la tarde-noche, por lo general los cubanos están haciendo una sola, en algunos casos ha desaparecido el desayuno, que se limita a café y pan, o solo al café de la mañanita”, dice la doctora Mayelín Álvarez, del hospital Julio Trigo, en Arroyo Naranjo.

Y continúa: “Hay quien dice que hace tres comidas pero, cuando las describe, te das cuenta que es una sola distribuida en tres tiempos, comidas sin valores nutricionales que ayuden a soportar el desgaste físico diario (…). Alguien que pasa horas caminando o subido en una guagua repleta en pleno agosto, día, tarde y noche, con todos los demás problemas de la vida diaria, ¿puede decir que se alimentó con arroz y croqueta de harina? Esa es la comida diaria de muchos cubanos”, asegura la doctora Álvarez.

“Las comidas se han reducido de tres a una sola, y mala para colmo”, dice el especialista en nutrición e higiene de los alimentos, Msc. Azael Ortega.

“El número de pacientes con trastornos de salud a causa de la malnutrición o con enfermedades vinculadas a esta ha aumentado cada año (…). Es cierto que es un fenómeno mundial pero en Cuba, que no es un país industrializado pero que posee grandes extensiones de tierras para cultivos no debería haber tanta escasez de alimentos ni venderse tan caro tanta comida mala, importada. (…) Nos hemos convertido en un país donde comerse una hamburguesa o un pan con perro es cosa de ricos (…), no es un asunto solo del bloqueo (embargo económico de los Estados Unidos) que no haya malanga, plátano, calabaza o tomates en los agros (mercados agropecuarios), es un asunto de mala planificación y de otras cosas que es mejor ni decirlas ya porque todo el mundo las sabe”, concluye Ortega.

En las calles cubanas es difícil recoger una opinión positiva sobre la situación alimentaria. Incluso los visitantes extranjeros suelen quejarse de la poca variedad en los restaurantes estatales o particulares donde las ofertas gastronómicas son un espejo del deterioro de la economía.

“Mucho olor a rancio, comidas echadas a perder, aceites reutilizados y las carnes casi nunca son frescas, el pescado tampoco”, dice Gabino, un turista español que por vez primera visita La Habana: “Esperaba otra cosa porque he visitado otros países pobres pero lo que pasa aquí es el desastre total. (…) A veces me ha sido difícil encontrar agua embotellada, o que me sirvan frutas frescas, del país, todo es muy raro”, asegura Gabino.

Para los cubanos ya no se trata de exclusividades sino de comida. En un estudio inédito sobre el empleo del tiempo libre en las familias cubanas de hoy, realizado por un grupo de especialistas y estudiantes pertenecientes a la Facultad de Psicología de La Habana, se dice que en algunos hogares se suele invertir más de diez horas diarias tan solo en la búsqueda del alimento, en hacer filas inmensas en los pocos comercios donde se venden aquellos alimentos que más escasean, además del famoso “zapatear” a veces por un poco de arroz o frijoles.

Leyma Cobas, socióloga y una de las autoras del trabajo, refiere que “los cubanos podemos pasar el día entero en tareas relacionadas con buscar comida, con zapatearla de un lado a otro, donde aquel dice que sacaron esto o aquello para allá vamos”.

“Están los que, para que el salario les rinda, tienen que ir en guagua desde La Habana hasta Güines, Melena, Alquízar, Pinar del Río para que la vianda o la carne les salgan más baratas, eso hace que el día completo uno esté en esas funciones. (…) decir que dedicamos hasta diez horas en buscar alimentos no es exagerado, es una realidad (…). En los hogares está el que no falta al trabajo porque allí recoge las sobras del almuerzo o se busca algo (roba) para poder elaborar la comida familiar en la noche. Esa persona está pensando en el alimento de ese día, no en otra cosa. No puede pensar en otra cosa”, afirma Cobas en conversación con nuestro medio de prensa.

Ninguna de las estrategias del gobierno cubano para resolver el desabastecimiento ha dado resultado y cada día aumentan las señales de un empeoramiento de la situación. Aunque se esperaba una ligera mejoría económica para finales del 2017 y principios del 2018, luego del paso del huracán Irma las expectativas no son nada alentadoras.

La escasez de productos, como huevos, viandas y carnes de aves, se ha tornado más dramática y se han redoblado las restricciones en la comercialización de productos agrícolas, así como en el trasiego de mercancías desde las provincias hacia la capital.

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Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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