El cuentapropismo: la tabla de salvación de muchos jóvenes cubanos

El cuentapropismo: la tabla de salvación de muchos jóvenes cubanos

El gobierno es incapaz de crear un mercado mayorista donde el cubano pueda comprar lo que necesite para su negocio

Puesto de flores por cuenta propia (Foto cortesía del autor)

SANTA CLARA, Cuba.- Cada año son más los jóvenes que “desertan” de los empleos estatales en Cuba. La poca remuneración hace que no lo piensen dos veces a la hora en punto de cambiarse hacia las opciones que propone el trabajo cuentapropista. Y es que no todos los que trabajan por cuentapropia son sus propios jefes, de hecho, entre los jóvenes, apenas un ínfimo porcentaje es dueño de negocios, no obstante, ninguno se esconde para declarar a Cubanet su preferencia.

Lejos de llamarse a capítulo, las autoridades cubanas actúan como si no les importara el éxodo casi masivo que se está viviendo, también en ese sentido, en la Isla.

Aunque en honor a la verdad es como si sí les importa, a medias, porque si bien es cierto que no crean opciones más atrayentes o se preocupan por aumentar los salarios, la respuesta del gobierno ha sido cerrar muchas de las licencias previamente otorgadas o suprimir “hasta nuevo aviso” algunos de los puestos más solicitados entre los particulares.

“Van a hacer casi dos años que cerraron licencias como las de abrir un merendero por ejemplo. Dejaron algunos de los que ya estaban pero con mil requerimientos.”

Yovany Leyva tenía un punto de pizzas que era el “salvavidas” de muchos trabajadores sobre todo en el horario del almuerzo.

“Venían mucho, pero empezaron a cerrar las opciones, pienso que, en primer lugar, porque son incapaces de crear un mercado mayorista donde podamos comprar lo que necesitamos.”

Cafetería por cuenta propia (Foto cortesía del autor)

No obstante, la inventiva del cubano no tiene límites, “cuando no hay dónde buscar, el cubano se la busca”, así opina Yeney Hurtado, una joven santaclareña que también tenía un kiosko para vender comida en “cajitas”, en las cercanías del Hospital Infantil.

“Tremendo problema le resolvíamos nosotros a la gente. Todo el mundo sabe que la comida de hospital no hay quien se la coma. Ahora saque otra licencia de manicuri hasta que pasen estos truenos, porque tabajando para el estado la cuenta no me da pues tengo dos hijas que mantener.”

Coincide con ella Lázaro Miguel, botero de 30 años que, aunque no es dueño de ningún vehículo, paga un alquiler por uno y lo emplea para viajes desde Santa Clara hasta Placetas.

“Siempre se le saca algo. Por lo menos más que cuando era técnico económico en la Forestal. ¡Qué pérdida de tiempo! La suerte es que se me ocurrió esto porque la vida cada vez se vuelve más dura aquí. Ropa, zapatos, comida… todo se lo saco a este carro.”

Una de las pasajeras de Miguel, Mercedes, de 40 años, opina que el estado no debiera “cerrar tantas puertas” a los jóvenes aunque pareciera ser esa su especialidad.

“No sé porque han cerrado algunas licencias. Si les molesta que un restaurante particular haga al día, no sé, 8 mil pesos, entonces que mejoren los del estado. ¿Por qué no pueden hacerlo mejor? Usted va a un lugar a comer con su familia y ve a los que trabajan para el estado sin ganas de nada, con malos tratos. Es preferible pagar un poquito más y ahorrarte esos tragos amargos.”

“Casi siempre son jóvenes los que encuentras en esos lugares. Comprendo que no quieran viejos para trabajar sirviendo una mesa o al frente de un mostrador. Pero muchos de esos jovencitos estudiaron algo y ahora no se dedican a lo que un día soñaron. Tengo una sobrina que trabaja en un restaurante allá en Placetas. Ella había estudiado Bibliotecología y Ciencia de la información. Creo que no terminó ni su servicio social.”

(Foto cortesía del autor)

Rita María Villavicencio también considera que los más jóvenes se sienten ahogados en los empleos estatales, y esa es la razón esencial por la que quieren irse a explorar otros senderos laborales.

Yania y Karen montaron juntas un estudio fotográfico y se han especializado en las fotos para niños. Ambas saben bastante de computación, porque son graduadas de la UCI.

“Aquí, en el pueblo, no había ningún centro por el estado que tirara las fotos. Todavía no existe. La gente tenía que “morir” con los particulares. Pero no hacían fotos lindas, de estudio con algún que otro arreglo en editores de imágenes. Aprovechamos esa cobertura y nos va muy bien. Después de nosotras algunas personas se han embullado y ahora hay más estudios fotográficos en la ciudad.”

“La gente se va complacida con lo que hacemos, pero jamás ha venido un periodista a entrevistarnos o dar publicidad a nuestro trabajo. Tenemos la licencia, ahí está colgada en la pared pero hablar de que al cuentapropismo le va bien en Cuba, es como una mala palabra. Jamás he visto que hagan entrevistas en un restaurante particular ni nada por el estilo. Al final resolvemos un problema real, tanto así que se han despreocupado de cualquier tema vinculado con crear un centro donde la gente pueda escanear sus documentos. Acá también hacemos eso. Son causas del Orinoco como decía mi abuela, usted no las entiende, ni yo tampoco.”

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