Cubanos opinan sobre apertura de lujoso hotel Grand Packard en La Habana Vieja

Cubanos opinan sobre apertura de lujoso hotel Grand Packard en La Habana Vieja

Pequeñas esperanzas de un pueblo que ni siquiera conoce cómo el Estado reinvierte los ingresos producidos por el sector turístico

LA HABANA, Cuba.- El hotel Iberostar Grand Packard abrió oficialmente sus puertas el pasado domingo, con el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez para presidir el agasajo. Ubicado en la céntrica avenida de Prado, el lujoso inmueble es apenas el primero del enjundioso programa de inversiones impulsado por Gaviota —emporio militar cubano— en asociación con comitentes privados.

Luciendo todo el glamour de sus cinco estrellas, contrasta con el humilde barrio de Colón, donde confluyen Habana Vieja y Centro Habana, dos municipios densamente poblados y cuyo fondo habitacional figura entre los más deteriorados de Cuba. Sus vecinos han recibido la inauguración del Packard con displicencia, y observan el acelerado crecimiento de otro coloso, localizado en Prado y Malecón, sin mayor satisfacción que la de saber que producto de la rehabilitación de la zona, por primera vez en décadas se han realizado inversiones en el turismo que tangencialmente benefician a los ciudadanos.

Las calles han sido reparadas, las fachadas pintadas y sustituidas las líneas de abastecimiento de agua, resolviendo a los residentes de la zona un problema de larga data. La mano de los inversionistas se ha ocupado de maquillar el desgaste que, de haber quedado tal cual, hubiera afeado la visualidad en torno al hotel; pero de las fachadas hacia adentro, el deterioro continúa.

Las personas entrevistadas por CubaNet consideran que la construcción de estas nuevas instalaciones hoteleras quizás beneficia a la economía del país; pero para ellos no representa ganancia alguna, más allá de las transformaciones citadas. El entusiasmo constructivo del gobierno no se ha visto acompañado por el esperado arribo de visitantes extranjeros. La falta de clientes ha perjudicado tanto a la infraestructura estatal como a las casas de renta, aunque siempre hay optimistas que esperan que el imponente hotel se convierta en un punto de referencia y el flujo de turistas, cuando llegue, se extienda también a los negocios privados aledaños.

Pequeñas esperanzas de un pueblo que ni siquiera conoce cómo se reinvierten los ingresos producidos por ese turismo al que se consagran recursos casi inaccesibles para la mayor parte de los cubanos.

Durante la inauguración el presidente del Grupo Iberostar, Miguel Fluxá Roselló, afirmó que el hotel “es de una categoría que podría estar en Londres, en Nueva York, en París. No los hay mejores”. Solo que no estamos en ninguna de esas tres magníficas ciudades europeas; sino en una capital caribeña que alguna vez fue hermosa para luego ser condenada a un abandono feroz por el mismo gobierno que hoy clava en su seno enormes disonancias arquitectónicas, símbolos de una riqueza que al pueblo cubano le ha sido negada.

Ya la prensa oficialista, además de deshacerse en elogios, ha considerado al Packard un “regalo a La Habana en su aniversario 500”, como si lo hubieran emplazado de gratis y no humillara con su majestuosidad capitalista a la arquitectura habitacional de la que el gobierno socialista jamás se ha ocupado.

No faltaron en la nota de Cubadebate las alusiones a esta “ciudad maravilla”, declarada como tal precisamente por su gente, esa misma gente que acepta resignada, ante las cámaras de CubaNet, que los hoteles no son para ellos, y una vez más aceptan ser relegados a un segundo plano con tal que La Habana luzca bonita, porque eso es lo importante.

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