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Viernes, 28 de abril 2017

Cubanos, es hora de recuperar la vergüenza

No es deber de otro gobierno el apretarnos las clavijas, buscando que estallemos y acabemos con la dictadura

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Cubanos manifestándose en Miami (miamiherald.com)

Cubanos manifestándose en Miami (miamiherald.com)

LA HABANA, Cuba.- Una colega que mucho admiro y respeto opinaba hace unos días que los que lamentan y critican la decisión del presidente Obama de eliminar la llamada política de pies secos, pies mojados, por considerarla un favor a la dictadura, hemos acabado pensando con los pies.

En mi caso particular, no pienso con los pies (nunca me ha pasado por la mente emigrar) sino con el corazón, un órgano que tampoco es el más apropiado para pensar. Reconozco que suelo ponerme sentimental y pasarme de la raya al condolerme de la mala suerte de mi pueblo, aunque esté consciente de que otros, como los sirios, la pasan incomparablemente peor, y sepa que los contribuyentes norteamericanos no tienen por qué pagar los platos rotos y encima tener que presenciar como muchos aprovechados abusan luego descaradamente de su generosidad. Pero, mala o regular, es mi gente. La culpa no es de ellos, sino de un sistema perverso que los deformó y los convirtió en una piara, y no quiero verla humillada, perseguida por la migra, discriminada, como muy pronto sucederá.

No me cuento entre los enemigos del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, pero hubiese preferido que fuese en otras condiciones. Para que tuviese sentido, era preciso exigir que el gobierno cubano hubiera cedido algo en el tema del respeto a los derechos humanos y las libertades políticas. Al no haber nada en este sentido y por el contrario, vanagloriarse el régimen castrista de que no ha hecho concesiones, el más mínimo gesto de Estados Unidos que lo beneficie, es un regalo inmerecido que se le ha hecho y que solo reforzará su intransigencia guapetona.

Duele este regalo de Obama, paralizador de pies, porque corta las alas a millares de compatriotas ansiosos por escapar de la opresión y la miseria, que será ahora mucha más en el caso de los varados en Panamá, Colombia y México, que quemaron sus naves al partir.

Es cierto que los cubanos debemos dejar de creernos que somos el ombligo del mundo, y que nos merecemos todo y más. Pero más que eso, debemos dejar de huir y quedarnos  a recomponer la patria, y más aun, no esperar que se encarguen otros gobiernos de resolver nuestros problemas.

Por lo mismo, tampoco tiene otro gobierno que encargarse de apretarnos las clavijas, para que este pueblo, por el hambre y la miseria, no aguante más, estalle y acabe con la dictadura.

Tanto si ese es el objetivo final que busca la eliminación de la política de “pies secos, pies mojados”, como si es solo otro rejuego de la politiquería de republicanos versus demócratas, una zancadilla de Obama a Trump, es algo bastante cruel e inmoral.

Es deplorable la actitud de ciertos opositores que esperan se nutran sus filas ahora porque la desesperanza de saber el corral cerrado con candado, hizo con este pueblo lo que ellos no fueron capaces de hacer: sacarlo del cinismo, la apatía y la indefensión y convencerlo de luchar por sus derechos.

Por lo pronto, es de esperar, que el rubicundo y disparatado nuevo presidente norteamericano, tan anti-inmigrante como se pinta, acabe de rematar a la Ley de Ajuste Cubano, luego  que Obama la dejó tambaleándose, colgada de un hilo.

No sigamos lamentándonos. En lo malo, e incluso en lo peor, siempre hay algo que se puede aprovechar. Coincido con la colega: ahora que los inmigrantes cubanos no gozarán de privilegios y serán tratados igual que  los de cualquier país del mundo, reclamemos que tengan los mismos derechos que ellos a la hora de entrar en la tierra donde nacieron, que puedan regresar absolutamente todos, sin tener que pedir permiso, que no los chantajeen,  que no se arrogue una embajada el derecho de no habilitarles el pasaporte, que no los  viren en el aeropuerto, que no los esquilmen, que puedan invertir y participar en la política nacional.

No hay duda: ya es tiempo de que los cubanos recuperemos la vergüenza.

luicino2012@gmail.com

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Acerca del Autor

Luis Cino Álvarez
Luis Cino Álvarez

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Es subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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