Cubanos en EE. UU. no se tomaron la “Coca-Cola del olvido”

Cubanos en EE. UU. no se tomaron la “Coca-Cola del olvido”

Aunque perdieron sus trabajos en EE. UU. a causa de la pandemia de coronavirus, ahora comparten lo poco que tienen con solicitantes de asilo político varados en México

Ciudad Juárez, MÉXICO.

―Estoy recolectando dinero para comprar unas despensas y ayudar a gente que está pasando mucha necesidad. Hay miles de cubanos varados en la frontera que han perdido sus empleos a causa de la COVID-19 y no tienen para comer ni pagar renta.

―Sí, no hay problema. Te voy a enviar 100 dólares.

Él y su esposa pusieron 500 más.

Es sábado en Ciudad Juárez (México) y hace cuatro días que esta conversación ocurrió entre Yasiel Figueredo, un conductor particular de pasajeros en el lado estadounidense de la frontera, y su primo Carlos Aliet, “desertor” de una misión en Venezuela, cuyo salario como camionero se redujo a la mitad por la pandemia de coronavirus.

Figueredo ha estacionado su vehículo en una de las calles cercanas al puente Paso del Norte-Santa Fe, por el que regresará a Estados Unidos. Hace menos de una semana aquí fueron asesinadas dos personas, que pasaron a engrosar la lista de más de 700 seres humanos que han perdido la vida a tiros en los primeros cinco meses de 2020.

El coche de Figueredo tiene placa de Nueva Jersey, el estado desde el cual se mudó recientemente con su familia para El Paso (Texas) con el objetivo de encontrar un lugar más económico para vivir.

¿Qué es lo que hace que un padre de familia arriesgue su vida al cruzar a una de las ciudades más peligrosas del mundo para donar alimentos y artículos de aseo personal a desconocidos, aun cuando él mismo vive una situación económica complicada?

“Yo sé lo que es emigrar… Emigrar es tan feo”, dijo a este medio Figueredo, nacido hace 40 años en Cienfuegos.

Él no ha olvidado que también lo ayudaron:

Ocho personas en una pequeña lancha de madera. Desde la orilla, Estados Unidos parecía cerca de Cuba. Hasta que llegaron los fuertes vientos. La lluvia. Y los días de esperanza se convirtieron en once de deriva. Pensó en morir ahí con su padre y su hermano. Hambre. Sed. Sol. Y ese mar sin un horizonte. Perdidos.

El horizonte llegó: un barco a lo lejos. Ellos gritaron, movieron sus brazos intentando no caerse.

Fueron rescatados. El barco, que iba a Chile, los dejó en Panamá. El capitán les regaló 20 dólares.

Fue hace 15 años. Ahí comenzó la nueva vida de este licenciado en Ingeniería Informática. Y su corazón se fue agrandando cada vez que recibía ayuda, cada vez que él ayudaba a quien encontraba en el camino y que estaba un poco peor que él.

La doctora cubana retornada, Dailín Tapia (centro), junto al cubanoamericano Yasiel y su esposa Tatiana en un estacionamiento de Ciudad Juárez donde se realizó la entrega de despensas a migrantes en MPP (Foto de la autora)

Las 18 despensas están en bolsas de plástico blanco. Contienen un poco de todo lo que Figueredo y su esposa Tatiana Pitti ―una panameña licenciada en Comunicación y Periodismo que trabajó en un restaurante de El Paso hasta la llegada de la COVID-19― pudieron comprar con 600 dólares.

En la noche anterior, su niño de 12 años les ayudó a preparar las bolsas. El otro pequeño, de tres años, jugaba con su abuela cubana mientras ellos repartían en cada paquete leche, pan, azúcar, sal, aceite, pasta, salsa de tomate, latas de salchicha, atún, frutas, cereales, jabones, cepillos y pasta de dientes, entre otros artículos que consideraron indispensables.

Los cubanoamericanos pudieron preparar 18 despensas con los 600 dólares que decidieron donar junto a su primo camionero, a pesar de que Yasiel perdió mitad de sus ingresos como conductor privado de pasajeros y su esposa, su trabajo en un restaurante (Foto de la autora)

La idea de añadir un paquete de café fue de Figueredo. “Porque el cubano puede pasar hambre, pero si tiene café, sobrevive con él”.

La doctora opositora cubana Dailín Tapia lleva tres semanas comiendo arroz y huevos: el bar en el que trabajaba en Ciudad Juárez como cajera fue cerrado por la pandemia. Ahí, en la calle, fue donde vio su primer ejecutado.

Lo peor hasta ahora de su retorno obligado a México fue sufrir un intento de secuestro a plena luz del día, al salir de su casa. De ese momento, aún conserva las marcas en su cuerpo menudo y el terror a que se repitan los hechos. Su familia en Miami recibió incluso una llamada para saber quién se haría cargo del rescate.

Al día siguiente tenía su Corte en El Paso (Texas). En la llamada “hielera” de inmigración, comenzó a sangrar y perdió al bebé que estaba esperando desde hacía dos meses. Los agentes no la llevaron al hospital. Solo la dejaron en el puente fronterizo para su regreso a México, donde debe esperar su proceso de asilo en Estados Unidos: las autoridades estadounidenses consideraron que su vida no corría peligro en Ciudad Juárez.

La doctora Tapia lanzó su grito en las redes sociales sobre la crisis humanitaria que están sufriendo los MPP, agudizada por el coronavirus, y fueron otros migrantes en Estados Unidos los que acudieron a dar lo poco que tienen (Foto de la autora)

Un día, esta profesional de la salud de 27 años, que está varada desde hace casi 12 meses en la última frontera hacia su destino, se dio cuenta que debía intentar revertir con acciones la frustración desesperada de miles de solicitantes de asilo retornados a México como ella. Su teléfono no dejaba de recibir mensajes de otros cubanos que también buscaban nuevos empleos en Ciudad Juárez, donde se comenzó a multar a los negocios que incumplían las órdenes de cierre por la pandemia de coronavirus.

La agonía de la espera más larga se repetía en todos, presos de la misma incertidumbre. No tenían ahorros para comer. Ni para pagar la renta en algunas de las zonas más peligrosas de Ciudad Juárez, donde las casas abandonadas por la violencia extrema se rentan a migrantes de la Isla por hasta cinco veces más de su precio real.

Muchos de los que la contactaban carecían de familia en Estados Unidos y los que tenían parientes del otro lado de la frontera ya no podían contar con ellos, afectados también por el desempleo.

Como Dailín, fueron retornados a México a esperar su proceso legal, que se alargaba aún más con sus citas en la corte pospuestas. Mientras Estados Unidos regresaba a la “nueva normalidad”, sus audiencias se aplazaban. Otros se habían quedado sin poder pasar para pedir el asilo político, tras la suspensión temporal de la recepción de nuevos solicitantes.

Lo primero que se le ocurrió a esta opositora cubana fue contactar con algunas de las autoridades mexicanas en Ciudad Juárez que coordinan, con una lista, el paso de los solicitantes de asilo a Estados Unidos y su retorno.

El Protocolo de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés) ― por el que en enero de 2019 se comenzó a retornar México a los solicitantes centroamericanos de asilo político en Estados Unidos― fue acordado entre los presidentes Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador.

Más de 65 000 solicitantes de asilo han sido regresados a México a los dos o tres días de pedir asilo en Estados Unidos. Se les conoce como “los MPP” y solo se les permiten ingresar de nuevo hacia el lado estadounidense de la frontera para asistir a sus audiencias de asilo en la Corte.

Dailín solicitó a Enrique Valenzuela, la máxima autoridad del Gobierno del estado mexicano de Chihuahua en atención a migrantes, despensas para los migrantes más vulnerables por la pandemia.

Pero en lugar de obtener el apoyo de emergencia “me pidió que le ayudara a contactar a médicos y enfermeros cubanos para trabajar con un incentivo en la contingencia de la COVID-19. La ayuda de alimentos y medicinas es solo para los migrantes de los albergues”.

Tras varios intentos, CubaNet no logró confirmar con el funcionario mexicano ―ni por teléfono ni por escrito― esta situación, que contradice sus declaraciones de marzo sobre la ayuda disponible para los migrantes que no estaban hospedados en los albergues.

No obstante, los empleados de Valenzuela desmentían el apoyo a migrantes anunciado por su superior ante los medios cuando los afectados acudían a su oficina tras perder sus trabajos, según varios entrevistados.

La doctora Dailín Tapia no se rindió. En su determinación de encontrar ayuda para otros migrantes como ella, a cargo de niños y personas de edad avanzada, escribió su grito de auxilio en la página de Facebook del opositor cubano Eliécer Ávila.

El que le respondió no fue Ávila, sino uno de los seguidores del joven opositor, que envió ayuda inmediata a los migrantes cubanos y centroamericanos.

Así fue como el matrimonio formado por Yasiel y Tatiana conocieron la crisis humanitaria que vivían miles de migrantes afectados por el MPP en medio de la pandemia de coronavirus, y se animaron a apoyarles “un poquito”.

―¿Por qué los estáis ayudando?, pregunto.

―Creo que tenemos la obligación de poder resarcir en algún momento lo que alguien hizo por nosotros. No nos olvidamos de dónde venimos ni las necesidades que pasamos. Muchos cubanos que cruzaron la frontera se toman “la Coca-Cola del olvido” y no les importa los que vienen detrás; se olvidan que en muchos casos recibieron ayuda. Nosotros pensamos que es importante ponerse en los zapatos del otro.

En Ciudad Juárez, el matrimonio conoció a las personas más olvidadas durante la pandemia de la COVID-19.

“Sentí mucho amor y tristeza, me hicieron hasta llorar. Me siento muy agradecida y complacida”, dijo a CubaNet la cubana Yadira Suárez Ricardo, madre de un niño de siete años, tras recibir una de las 18 despensas provistas por Yasiel y Tatiana.

“A la vez me siento contenta por todos los gestos que hacen. Son como ángeles que han llegado a ayudarnos a nosotros y estamos agradecidos”, afirma Yamile Almira, cuya fecha de audiencia de asilo ya ha sido pospuesta dos veces.

La cubana retornada Yamile Palmira se emocionó al recibir la despensa de otros cubanos residentes en el lado estadounidense de la frontera con Ciudad Juárez, México (Foto de la autora)

No fue fácil para la doctora retornada Dailín Tapia elegir a los que recibirían la ayuda. En la lista que confecciona con las personas que le contactan, todos tienen grandes necesidades.

― ¿Qué es lo que te motiva a buscar ayuda para otros?, pregunto.

― Me gusta hacerlo, no tengo un motivo específico, quizá fue así que me educaron. Me dediqué a la Medicina, una profesión muy humanitaria. Sufro por no poder ayudar a más personas. Hay miles de MPP que no tienen para comer ni para pagar la renta. Yo estaba muy decepcionada con la comunidad cubana de Estados Unidos y ahora sé que ya no puedo pensar que todos se olvidaron.

Dailín reconoce que renunció al paquete de ayuda provisto por Figueroa y su esposa: “Hay otros que la necesitan más que yo”, terminó.

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Acerca del Autor

Judith Torrea

Judith Torrea

Judith Torrea es una periodista independiente que cubre la realidad de la frontera de México con Estados Unidos desde Ciudad Juárez, México. Es autora de dos libros y coautora de cuatro. Su trabajo ha sido reconocido desde sus inicios como reportera, con el premio nacional contra el racismo de Manos Unidas por su cobertura de la realidad inmigrante de las mujeres africanas en Europa, y el Ortega y Gasset, entre otros galardones en España, Alemania y Estados Unidos. Antes de vivir en la frontera, reportó el mundo de la política y economía europea desde Bruselas y Francia en Euronews, la televisión pública europea; formó parte del equipo de prensa que seguía al ahora ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg y cubrió el mundo de las estrellas del espectáculo en Nueva York como escritora principal de la revista People en español.

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