Centennials: ¿la generación del cambio?

Centennials: ¿la generación del cambio?

“No se equivocan los especialistas que aseguran que a estos muchachos del cambio de siglo no les importa nada; ni la historia, ni las tradiciones, ni las convenciones”

Jóvenes cubanos; Cuba;
Jóvenes cubanos (Foto: Raúl Pupo/Juventud Rebelde)

LA HABANA, Cuba. – A veces, disimuladamente, escucho las conversaciones de mi hijo mayor, que tiene 15 años, con sus amigos. No lo hago tanto por averiguar cuáles son sus planes de jóvenes como por conocer qué piensa esa peculiar generación, llamada Centennials -nacidos a partir del año 2000-, acerca de la realidad nacional. Normalmente no les interesa. Al parricidio simbólico propio de su edad, se suman la apatía e irreverencia ante un sistema vegetativo que en lugar de acción y cambio propone un teque sin fin.

No se equivocan los especialistas que aseguran que a estos muchachos del cambio de siglo no les importa nada; ni la historia, ni las tradiciones, ni las convenciones. En Cuba es mucho peor porque la historia se ha convertido en comarca de una partida de viejos que se las han arreglado para hacer de temas relativamente aburridos una agonía insoportable. Así que no me sorprende que a mi hijo y sus amigos poco les importen los próceres. No se trata de que desconozcan a Martí y demás patriotas a los que han etiquetado como “los durakos del siglo XIX”; pero no les importa asumir ese legado ni preservarlo. Lo respetan a lo sumo, nada más.

Pero si Martí es apenas una consideración, hay que ver el desprecio que les provoca el nombre de Fidel Castro. No sé de dónde sale esa repulsión; pero tal parece que las apologías oficialistas sobre la grandeza del fallecido dictador estuviera provocando el efecto contrario en las nuevas generaciones. No hay admiración, respeto ni interés por conocer lo más mínimo acerca del máximo líder. Mi hijo lo define como un tipo perverso y me intriga la procedencia de su convicción, pues ni mi esposa ni yo se la hemos inculcado, aunque estemos totalmente de acuerdo.

La clave está en la numerosa y diversa información a que acceden mi hijo y sus amigos. Escuchando a hurtadillas he descubierto que todos leen la prensa alternativa y están muy pendientes de la represión y de lo que ocurre con el movimiento Snet. Este asunto en particular los ha sensibilizado mucho por tratarse de un ataque del régimen contra la tecnología, que es parte fundamental de su identidad generacional.

Varios de ellos son fanáticos del anime japonés y los videojuegos online. Su imaginario parece totalmente desconectado de esta prosaica realidad; pero lo cierto es que no están tan desentendidos como se cree. Y no es que les interese la política per se; sino que ésta se interpone en el camino de su realización personal y profesional; afecta la calidad de su entretenimiento y dificulta sus relaciones sociales en el ámbito digital. Por tanto, se ha convertido en un fucking problem, según ellos mismos admiten con absoluto desparpajo.

La censura contra las redes y el ciberespacio todo abre un abismo entre el régimen y sus jóvenes; por tal razón me he preguntado si estos Centennials tan criticados pudieran ser la generación del cambio, o apenas son niños que solo piensan en su propia felicidad, sin poseer una comprensión justa sobre qué es la democracia y la importancia que para su consolidación tiene esa cultura digital que ellos defienden tan valerosamente.

Cuando vi al joven Ernesto de Armas validando en cámara su postura en defensa de Snet pensé en mi hijo. Ciertos comentarios exaltados me hicieron sospechar que quizás él y sus amigos vayan a la protesta convocada para este sábado frente al Ministerio de Comunicaciones (MINCOM), y me pregunto cómo lidiará la Seguridad del Estado con chicos que son pacíficos a no dudar, aunque se sientan molestos por esta cadena interminable de chantajes y prohibiciones.

Me preocupa mucho, pero a la vez admiro y envidio el hecho de que no tiene ni una pizca del miedo que tenía yo a su edad. Y aunque no quisiera ser como Abraham, capaz de colocar a su propio hijo en la piedra del sacrificio, no dejo de pensar que quizás en él y esos otros muchachos a los que vi crecer, se oculta la fuerza necesaria para dar el impulso que falta a mi agobiada generación.

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