Cuba y la triste soledad del periodista independiente

Cuba y la triste soledad del periodista independiente

Muchos amigos, por miedo, te esquivan o dan la espalda. Incluso algunos, viviendo en el exterior, cuando vienen a Cuba, no te buscan ni llaman por teléfono

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Sobre el muro del malecón habanero (Foto: Archivo)

LA HABANA, Cuba. – Sobre los periodistas independientes pende constantemente la amenaza de la Ley 88, de que te arresten, te acusen de ejercicio profesional indebido, de peligrosidad social, de desacato, de propaganda enemiga, de lo que les dé la gana a los represores…Pero lo más difícil de resistir es el cerco de silencio y miedo que levantan a tu alrededor.

Tratan de crear un vacío alrededor tuyo, que la gente –vecinos, amigos, parientes incluso- te rehúyan, que teman tratarte, conversar contigo en público, para evitarse malas consecuencias. Por suerte, últimamente muchos son los que van perdiendo el miedo y se atreven a tratarte sin ocultarse. Lo noto en mi barrio. Pero ha sido muy difícil y ha llevado mucho tiempo.

Hace más de 20 años tuve una novia que rompió conmigo tan pronto un oficial de la Seguridad del Estado la visitó para advertirle de los inconvenientes que le acarrearía estar conmigo.

A mi esposa, con la que estoy casado hace 19 años, no consiguieron intimidarla para que me dejara y la expulsaron del trabajo por ser “no confiable por estar casada con un contrarrevolucionario”.

A mis dos hermanos, que simpatizan con el gobierno, también han intentado utilizarlos para que me disuadan de escribir en “la prensa enemiga”.

Los represores tratan de crearte sentimientos de culpabilidad por los problemas que pueden tener tus familiares si tú no cedes a sus chantajes. Te pintarán como un irresponsable, casi como un monstruo, y se esforzarán porque te reprochen y te culpen a ti y no al régimen, por las represalias que tomen contra ellos.

Muchos amigos, por miedo, te esquivan o te dan la espalda. Incluso hay algunos, que viviendo en el exterior, cuando vienen a Cuba, no te buscan ni te llaman por teléfono, porque temen que eso les traiga problemas con las autoridades y que no los dejen volver entrar en su país a visitar a los suyos.

A otros amigos, eres tú quien deja de frecuentarlos, para no “perjudicarlos”. Me pasa con muchas amistades con las cuales he dejado de relacionarme para evitar que les vayan a cuestionar sus tratos con un disidente. Son escritores, músicos, cantantes, periodistas, pilotos, actores, actrices, y pudieran sus jefes y jefecillos llamarlos a contar y hacerles pagar un alto costo por andar con “malas compañías”.

Se extrañan, se siente la ausencia de tantos amigos. Es triste la soledad, especialmente en estos finales de año. Queda el consuelo de que un día volveremos a estar juntos. Cuando ya no haya que eludir a alguien para evitarle líos, cuando no haya que temer por lo que uno piensa y con quien se relaciona, y vuelvan los que se apartaron, y los que no tengan de qué arrepentirse, no duden para abrazarte.

luicino2012@gmail.com

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