Cuba y el nicho vacío de la soberanía

Cuba y el nicho vacío de la soberanía

No habiendo independencia económica ni alimentaria, el castrismo se aferra a un golpe mediático que podría atraer a potenciales inversionistas

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(foto: Granma)

LA HABANA, Cuba. – Se avecinan medidas más fuertes para contener el avance del coronavirus en La Habana. Las autoridades se aprestan a anunciar un cierre total de la capital que se niega, tanto por las incesantes aglomeraciones como por las indisciplinas sociales, a disminuir la cantidad de focos de contagio. La situación se agrava a pocos días de que el régimen anunciara la posibilidad de que “Soberana 01”, el prototipo de vacuna desarrollado por científicos de la Isla, se convierta en el recurso salvador de la crisis epidemiológica nacional; pero también del descalabro moral hacia el cual se precipita el sistema cubano de salud.

Era cuestión de tiempo antes que se hiciera evidente la incapacidad de la dictadura para continuar enfrentando los estragos de la pandemia con una economía en estado vegetativo. La logística que se requeriría para mantener la capital bajo siete llaves está lejos de los menguados bolsillos de una administración que no ha encontrado el esperado alivio económico en la estrategia de vender productos de primera necesidad en dólares; un movimiento arriesgado que ha elevado al límite el rechazo de los cubanos a la omnipotencia inútil del Partido Comunista.

Los ladrones de guayabera están contra las cuerdas. El embargo continúa agravando la insoluble miseria dejada por seis décadas de malas decisiones políticas y administrativas. Países que hasta ayer hacían la vista gorda con los impagos de Cuba, hoy, con el agua al cuello a causa de la pandemia, buscan cobrar las millonarias sumas pendientes, y conociendo la naturaleza del régimen cubano parecen mal dispuestos a dejarse enredar con justificaciones o promesas cifradas en el mañana.

Los acreedores quieren su dinero y Cuba sigue sin producir. La soberanía nacional ahora depende de un pedazo de plástico con una banda magnética, o de una vacuna que parece alentada por intereses político-ideológicos, como las viviendas concluidas a toda prisa para ser entregadas el 26 de julio y que no tardan en revelar su chapucera factura para disgusto de los nuevos inquilinos.

Poner nombre de panfleto a un ensayo clínico ridiculiza el esfuerzo de los científicos cubanos. Es el “casi logro” de turno con que el régimen busca llenar el nicho vacío de la soberanía, abierto a cuanta alternativa ayude a prolongar la vida del castrismo. La vacuna es un ardid para manipular la buena voluntad de las naciones que caen, una y otra vez, en el engaño de la revolución y su “potencia médica”. El país bloqueado que no solo resiste, sino que progresa en la consecución de una terapia para inmunizar a su sufrido pueblo contra la COVID-19. Hay que ayudar, piensan, y siguen dándole dinero al castrismo, que a su vez lo invierte en más propaganda y más represión.

La misma dictadura que, al cabo de décadas dejando erosionar sus suelos, reconoció hace un mes, por primera vez, la necesidad de crear un Banco de Fomento Agrícola, sigue recibiendo plata de Naciones Unidas supuestamente para impulsar la producción de alimentos. Mientras tanto, los cultivos se pudren en los campos y la carne de cerdo se echa a perder por toneladas en las neveras del Estado, sin que se conozca el destino de los trabajadores responsables por tan dolorosa negligencia.

No habiendo independencia económica ni alimentaria, el castrismo se aferra a un golpe mediático que podría atraer a potenciales inversionistas, sobre todo países del área que no tendrían acceso inmediato a la vacuna que Estados Unidos u otras naciones poderosas pudieran sacar eventualmente al mercado. De superar los ensayos clínicos, “Soberana 01” se convertiría en la primera terapia inmunizadora contra la COVID-19 desarrollada por un país de América Latina, lo cual captaría el interés de gobiernos con menos recursos y difícil acceso a las vacunas que se encuentran en distintas fases de prueba en los laboratorios líderes de la industria biofarmacéutica global.

Con el pretexto de crear una vacuna en el menor tiempo posible para preservar nuestra soberanía, Díaz-Canel exhorta a los científicos cubanos a producir la terapia anti-COVID en un tiempo récord (tres meses), una maratón tipo “zafra de los diez millones”, aunque no para sacarnos del subdesarrollo, que de ahí no saldremos jamás; sino para apuntalar la economía y darse un baño de gloria ante la comunidad internacional.

Bien saben los cubanos que hablar hoy de soberanía es menos que nada. Si la vacuna llegara a ser efectiva serviría para combatir una infección transitoria, pero no la grave metástasis que consume al país. Junto al pueblo se salvarían también sus captores; que retomarían, con las arcas engordadas, el modelo que simulan querer dejar atrás para engañar a los cándidos. Es triste verlo así, pero “Soberana 01” podría ser, en igual medida, el remedio que necesita Cuba para que el trapiche socioeconómico arranque de nuevo, y para que el castrismo se asegure cinco años más en el poder, como mínimo.

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Acerca del Autor

Javier Prada

Javier Prada

La Habana, 1979. Graduado de Lengua Inglesa por el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, durante ocho años fue maestro en los niveles de enseñanza Medio y Superior, donde también debió impartir clases de Historia de Cuba debido al déficit de personal docente. Desde 2014 se desempeña como profesor particular de inglés. En su tiempo libre se dedica a la pesca y el dibujo. Actualmente incursiona en la prensa independiente.

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