Soberana 02: una meta delirante para atraer turistas

Soberana 02: una meta delirante para atraer turistas

La llegada de una mayor cantidad de viajeros supone un potencial aumento de enfermos que podrían empeorar la situación epidemiológica nacional, y obligaría a destinar para su consumo bienes y recursos que cada día se alejan más del alcance de los cubanos

LA HABANA, Cuba.- El gran sueño de la zafra del setenta se ha multiplicado por diez, y ahora son cien los millones que promete Cuba. Cien millones de dosis de la Soberana 02, el candidato vacunal que se halla a las puertas de la Fase III del ensayo clínico, serán producidas este año “si todo sale bien”, acotó el Dr. Vicente Vérez, director del Instituto Carlos J. Finlay, donde se desarrollan los proyectos de inmunización contra el virus SARS-CoV-2, Soberana 01 y 02.

A través de un sandunguero spot de la cadena Telesur, se le ha comenzado a dar promoción a la vacuna cubana con la cual se pretende inmunizar a toda la población de la Isla en 2021, satisfacer compromisos de exportación —Venezuela, Irán y Viet Nam estarían entre las naciones beneficiadas— y destinar una parte al turismo que desee viajar al paraíso caribeño que además de playas, mojitos y sexo a buen precio, podría garantizar la única vacuna producida por un país subdesarrollado.

El material publicitario de poco más de un minuto muestra imágenes cuidadosamente escogidas de La Habana, donde aparecen contadas personas caminando por calles pulcras del Centro Histórico. Los planos cerrados dirigen la mirada del espectador hacia lo que interesa: casonas coloniales bañadas por la luz del trópico, plazas adoquinadas, ciudadanos de buena apariencia, bares que invitan al trago o el café, y un mozo diligente que espera junto a mesas listas para recibir a los esperados visitantes.

De la suciedad, los edificios derruidos, la precariedad de la vida, las aglomeraciones y la policía organizando el caos como puede, ni una sola imagen. Hay que vender a Cuba como sea. Si algunos esperaban el cierre del aeropuerto para contener el actual incremento de casos positivos, pueden tener la certeza de que las fronteras abiertas son más necesarias que nunca.

Apenas iniciado el año Cuba registra las cifras de contagio más alarmantes desde que en marzo de 2020 se detectara el primer caso diagnosticado con coronavirus en el país. En aquel momento las autoridades se negaron a cerrar el aeropuerto, asegurando que los controles a los pasajeros recién llegados y la excelencia del sistema de salud serían suficientes para contener la propagación. “Nuestro país está listo para detener y controlar esta enfermedad”, afirmó Bárbara Cruz —directora de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo (MINTUR) — en rueda de prensa donde fue presentado el plan de prevención y control de la COVID-19 en el sector turístico.

La decisión del régimen fue duramente criticada por la población, pues mantenía operando la vía más expedita para diseminar la epidemia, y con tamaña negligencia contribuía a disminuir la percepción de riesgo entre los ciudadanos. El escenario vuelve a repetirse en condiciones mucho menos favorables, con una crisis económica agravada en extremo, y el pueblo entregado sin susto a la brega cotidiana, convencido de la ineficiencia gubernamental para contener el rebrote.

Con cifras sostenidas de más de 500 casos positivos y no menos de tres fallecidos por día, todas las esperanzas se mueven hacia la Soberana 02, blanco del choteo popular gracias a un agravio estético en forma de cartel que hace días circula en redes sociales. Un artículo del periodista Ernesto Pérez Chang, publicado recientemente en CubaNet, maneja la hipótesis —nada exagerada— de que el aumento de enfermos forma parte de una estrategia del régimen para disponer de personas suficientes en las cuales ensayar la vacuna y evaluar su eficacia a gran escala. La sospecha de que los cubanos serán utilizados como conejillos de indias empieza a cobrar sentido ante la insinuación de que los turistas que visiten la Isla podrían recibir la Soberana 02 una vez terminado el ensayo clínico, si tal fuera su deseo.

El pasado 9 de enero la agencia Reuters publicó información sobre el acuerdo firmado entre Cuba e Irán para realizar las pruebas del candidato vacunal en la población de ese país del Oriente Medio, puesto que la Isla no tenía una tasa de infección lo suficientemente elevada. Desde esa fecha el panorama ha cambiado de forma radical, y mientras la veloz propagación de la COVID-19 provee los pacientes necesarios para el ensayo, las autoridades de la salud incorporan la Soberana 02 a la propaganda para atraer turismo, un plan tan arriesgado como irresponsable, en especial porque la vacuna no se encuentra lista.

La llegada de una mayor cantidad de viajeros supone un potencial aumento de enfermos que podrían empeorar la situación epidemiológica nacional, y obligaría a destinar para su consumo bienes y recursos que cada día se alejan más del alcance de los cubanos. La pretensión de que “cien millones de dosis van” luce quimérica atendiendo a la incapacidad de Cuba para cumplir cualquier meta, ya sean 30 libras mensuales de viandas per cápita, o dos millones de toneladas de azúcar durante el período de zafra.

La propaganda oficial para reanimar la industria turística evidencia que el régimen está desesperado. Por si fuera poco, Canadá, principal emisor de visitantes a la Isla, acaba de prohibir los vuelos al Caribe hasta el 30 de abril con el objetivo de proteger a sus ciudadanos de la pandemia. Dicho inconveniente supone otro motivo para recibir viajeros de cualquier parte, a pesar de la diseminación de nuevas cepas del virus (británica, danesa, sudafricana y brasileña) que no han sido lo suficientemente estudiadas y para las cuales la Soberana 02 podría no ser efectiva.

El castrismo arriesga la salud del pueblo confiando en el éxito de una vacuna que se ha tragado casi la totalidad de los recursos del país. La prioridad es conseguir liquidez y mantener a toda costa la imagen de potencia médica; aunque el voluntarismo político quede aplastado por otra meta delirante y sin la menor posibilidad, no esta vez, de convertir el revés en victoria.

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Ana León

Anay Remón García. La Habana, 1983. Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Durante cuatro años fue profesora en la Facultad de Artes y Letras. Trabajó como gestora cultural en dos ediciones consecutivas del Premio Casa Víctor Hugo de la Oficina del Historiador de La Habana. Ha publicado ensayos en las revistas especializadas Temas, Clave y Arte Cubano. Desde 2015 escribe para CubaNet bajo el pseudónimo de Ana León. Desde 2018 el régimen cubano no le permite viajar fuera del país, como represalia por su trabajo periodístico. Su página de Facebook es https://www.facebook.com/analeonperiodista

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