Cuba, más de medio siglo sin derechos humanos

Cuba, más de medio siglo sin derechos humanos

Durante 66 años y nueve meses hasta hoy día, “la floración más noble de la cultura” de la nación, la moral y sus tradiciones, fueron arrancadas de cuajo

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Soldados de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior o ‘Boinas negras’ como estos en una zona céntrica de La Habana han sido desplegados en las zonas más golpeadas por Matthew, al extremo oriental de Cuba. 2016 (Archivo)

LAS TUNAS, Cuba. – Triste día para Cuba hoy. Mientras los cubanos cargamos el estigma de 66 años con los derechos universales pisoteados, hoy las naciones civilizadas celebran el 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948,

Vienen violándose reiterada y sistemáticamente los Derechos Humanos en Cuba desde el lunes 10 de marzo de 1952, (¡qué casualidad!) hasta este otro lunes, hace hoy la friolera de 66 años y nueve meses.

Mediante el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, Fulgencio Batista suprimió la Constitución de 1940, sustituyéndola por lo que llamó “Estatutos Constitucionales” del 4 de abril de 1952.

Ciertamente el régimen del general Fulgencio Batista no suprimió los derechos económicos, y hasta en ese período (1952-1958) la economía en la Isla creció, siendo preponderante el capital del inversionista nacional respecto al extranjero.

Pero no sólo de pan viven las naciones civilizadas. La censura de prensa, la derogación del Código Electoral de 1943, los arrestos arbitrarios, torturas, ejecuciones extrajudiciales de opositores políticos y violaciones de los derechos humanos, en suma, hicieron que los cubanos a decir de mi padre “se alzaran contra Batista”.

Ya en el primer lustro de los años 30 lo cubanos se habían alzado contra la dictadura de Gerardo Machado. Y derribado el dictador, habían luchado por gobiernos justos.

Y en ese bregar democrático, los cubanos habían blindado sus derechos. Adelantándose ocho años a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Constitución de 1940 era suficientemente fiable como para ser de Cuba una democracia digna.

En ese contexto, en el número 25 de la revista Bohemia en junio de 1952, el doctor Rafael García Bárcena (1907-1961) escribió:

“Cuando Batista y su vieja guardia abandonen el poder, podremos decir que la noche quedó atrás, pero no sólo porque nos hayamos librado del 10 de marzo, sino también porque habremos rebasado el 9 de marzo.”

Se equivocaba el doctor García Bárcena. La madrugada del 1ro de enero de 1959, “cuando Batista y su vieja guardia” abandonaron el poder, se instaló en Cuba el castro-estalinismo, la dictadura dinástica de más larga data que ha tenido América.

Fidel Castro, transformando la Constitución de 1940 a su imagen y semejanza en “Ley Fundamental”, en febrero de 1959 se convirtió en Súper Primer Ministro y transformó Cuba en feudo. Vidas, haciendas y libertades podían desaparecer de un plumazo, mediante “leyes revolucionarias”. Y desaparecieron.

Pasando sobre derechos constitucionales, en juicios sumarísimos, sin garantías procesales, decenas de cubanos fueron condenados a muerte, algunos, en instalaciones deportivas cuales si fuese un circo romano.

Criminales de guerra nazis no hubieran tenido la clásica compostura germánica ante los “tribunales revolucionarios” castristas. Así comenzaron fusilando en 1959, y, prosiguieron matando en los años 60, 70, 80, (así fusilaron al general Ochoa en 1989) y así fusilaron en 2003 a tres jóvenes afrocubanos por intentar llevarse a Estados Unidos una lancha de pasajeros.

Desde el mismo año 1959 y hasta el día de hoy, miles de hombres y mujeres fueron al presidio político por oponerse al castrismo. Otros miles, también fueron a la cárcel, no por ser activistas políticos o delincuentes comunes. Fueron al calabozo por ser agricultores y vender su café saliéndose del monopolio castro-estalinista. O por ser vaqueros y sacrificar sus reses y vender las carnes fuera del monopolio castro-estalinista.

Millones de dólares invertidos en disímiles industrias fueron expropiados desde 1959. Y cuando ya no había industrias, fincas, hoteles o bancos que expropiar, en 1968 Fidel Castro emprendió la llamada “ofensiva revolucionaria”, desposeyendo a los limpiabotas hasta de sus cajones.

Y ahora, en 2018, pretende el castrismo que, los limpiabotas desposeídos, los vendedores de fritangas, cuyos tenderetes fueron sacados de circulación como los de toda suerte de buhoneros, hagan “trabajo por cuenta propia” depositando sus dineros en los bancos castristas.

Negocio difícil. Esos “bancos” ya hicieron un “canje de moneda” de muy mal recuerdo para los cubanos, pues, el Presidente del Banco, un argentino, en lugar de firmar con su nombre, rubricó los billetes con su apodo, Che.

Firmaba el “Presidente del Banco Che” los pesos cubanos, autenticando: “Garantizados íntegramente con el oro. Cambio extranjero. Convertible en oro y todos los demás activos del Banco Nacional de Cuba. Este billete constituye una obligación del Estado cubano”.

Pero todos sabían que, pese a la grandilocuencia del firmante, era aquella una paparrucha de carterista consumado, pues, tales papeles-monedas, ni tenían garantía en oro ni credibilidad en cambio extranjero.

A raíz de las acciones legales recién tomadas por la OEA por violaciones de derechos humanos dentro de Cuba, y de presuntas infracciones de derecho internacional de derechos humanos que conceptuarían delitos, voceros del régimen se apresuraron a afirmar que, en Cuba, no se cometen torturas.

¿Conocen los voceros del régimen castrista el concepto de tortura? Evidentemente no. Ellos mismos, negadores de la tortura, han sido torturados en Cuba.

La “Declaración sobre la protección de todas las personas contra la tortura y otros tratos o penas crueles o degradantes” dice:

“Se entenderá por tortura todo acto por el cual un funcionario público, u otra persona a instigación suya, inflija intencionalmente a una persona penas o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o confesión, de castigarla por un acto que haya cometido o que se sospeche que ha cometido o de intimidar a esa persona o a otras”.

Fíjense… “funcionario público”, y, técnicamente, un funcionario público necesariamente no tiene que ser policial o parapolicial.

Y observen… “sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales”. Y sólo no tortura un policía en un interrogatorio para conseguir una confesión: también es tortura cuando se castiga “por un acto que haya cometido o que se sospeche que ha cometido (alguien) o de intimidar a esa persona o a otras”.

El castro-comunismo-estalinismo-fascismo-neocolonialismo, (¿cómo conceptuar a gente tan cambiante aferrada al poder?) viene torturando desde 1959.

Primero torturó a sus propios oficiales y soldados descontentos, enviándolos a trabajos forzados, dando pico y pala cuando faltaron peones en las construcciones, o haciendo de macheteros cuando faltaron brazos en los cañaverales.

Torturó a religiosos, librepensadores y homosexuales enviándolos a campos de trabajos forzados. Torturó a escritores, censurándolos y haciendo que hicieran de bibliotecarios… y ahora, en 2018, pretende amordazar no sólo la palabra oral y escrita, sino también la música, la danza y las imágenes.

Antecesora de los derechos universales, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre en el preámbulo dice: “Es deber del hombre ejercer, mantener y estimular por todos los medios a su alcance la cultura, porque la cultura es la máxima expresión social e histórica del espíritu. Y dado que la moral y las tradiciones constituyen la floración más noble de la cultura, es deber de todo hombre acatarlas por mandato universal”.

Esa es la razón por la que la nación cubana se encuentra desorientada, sin rumbo: durante 66 años y nueve meses hasta hoy día, “la floración más noble de la cultura” de la nación, la moral y sus tradiciones, fueron arrancadas de cuajo. Y esa es la tarea impostergable de los cubanos: rescatar la moral y tradición libertaria de los padres fundadores. Es el único modo de tener Derechos Humanos en Cuba.

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