Cuba podría correr la misma suerte de Valbanera

Cuba podría correr la misma suerte de Valbanera

La isla fue, hace mucho tiempo, el sitio que deseado por un sinnúmero de ciudadanos del mundo que pensaban en abandonar sus países

Vista panorámica de La Habana
Vista panorámica de La Habana (Foto: El Diario)

LA HABANA, Cuba. – Cuba fue, hace ya mucho tiempo, un sitio que aparecía con frecuencia en el imaginario de un sinnúmero de ciudadanos del mundo que pensaban en abandonar sus países; pobladores de cualquier geografía indagaron en las bondades de esta isla para luego decidir el viaje. Desde Asia nos llegaron chinos y japoneses, y también tocaban nuestras costas, para establecerse, ciudadanos suecos, yucatecos, franceses…, e incluso norteamericanos.

Desde el siglo XVIII se hizo común que la isla de Cuba estuviera en el imaginario de quienes no se conformaban con el sueño y decidieron concretarlo, haciendo lo “imposible” para conseguir nuestras costas y disfrutar de las muchas ternuras de esta tierra. Desde hace siglos esta isla reconoció las tantísimas añoranzas de esos foráneos que pretendían abandonar sus países y probar suerte en estas latitudes.

Así, desde las islas Canarias, nos llegó Silvestre de Balboa, quien, con “Espejo de paciencia”, fundara la escritura literaria en esta tierra, en ese Camagüey al que llamaban Puerto Príncipe. Desde esa isla también nos llegaron Leonor Pérez y Mariano Martí, los padres del apóstol, y muchos, muchos más. A principios del siglo XX llegaron todos mis bisabuelos, cada uno “por su lado”, y aquí se unieron y fundaron sus familias, que era una manera de fundar la nación.

Esta tierra hacía notar, sin dudas, sus efluvios, esos chispeos que emanaban de ella para que atravesaran mares y montañas y fueran percibidos en lejanos pueblos. Esta tierra dio la bienvenida a muchos forasteros, y también grillete y cepo a los que hicieron el forzado viaje desde el África. Cuba fue pródiga con algunos y cruel con otros, sin embargo, el deseo de hacer el viaje para establecerse por acá no terminaría hasta 1959.

El Valbanera habla a favor de esas añoranzas que esta isla despertó en los forasteros. Muchos querían hacer el viaje, soñaban con echar anclas en la isla. El Valbanera, ese barco que se hundió cuando intentaba ingresar al puerto habanero con 488 personas a bordo que perdieron la vida, es prueba de ello. Y esa noche triste de la historia cubana cumple ahora cien años.

El 10 de agosto de 1919 había zarpado el Valbanera del puerto de Barcelona con muchos tejidos. En Málaga subieron vinos, aceitunas, frutos secos y 34 pasajeros, mientras que Cádiz aportaba 521 vidas; y un elevado número de canarios se unió luego a la travesía en cada una de las islas en las que atracó el navío.

Aquel barco construido en Glasgow fue una prueba de los entusiasmos que despertaba esta isla, incluso en la lejana Europa. Pero muy poco se habla hoy de esas pasiones que esta tierra avivaba en otros tiempos, de los deseos de desembarcar en ella, cuando el transporte aéreo era aún una utopía. Muy poco conocemos, al menos desde el discurso oficial, de los muchos inmigrantes que escogieron a esta isla como destino final; quizá para que no se compare con las indiferencias que hoy despierta en los ciudadanos del mundo la posible migración hacia esta tierra para probar suerte, para mejorar sus destinos.

El Valbanera zozobró, según algunos, porque en Glasgow cambiaron una v por b, porque en lugar de escribir Valvanera, que era el nombre la virgen de La Rioja a la que estuvo consagrado, rotularon Valbanera, aunque no sería ese cambio, ni siquiera el barco hundido y los muchos desaparecidos, lo que hiciera que, tras el “triunfo” de 1959, ya nadie quiso hacer largas estancias en esta isla; solo unos días de turismo y sexo, y luego la vuelta, el regreso al lugar de origen. Esta Cuba comunista despertó también, como nunca antes, los deseos de hacer viajes al revés, de hacer una marcha sin regreso, aunque no consiguieran emprender la travesía en un barco tan grande, y de segura apariencia, como el Valbanera.

Desde acá crecieron los deseos de marcharse, mientras que desde los “muchos allá” se dejó de pensar en Cuba como exilio. Diferente a lo que ocurría en aquellos días, muy pocos soñaron con vivir en Cuba, en mejorar sus economías en esta isla. A diferencia de aquellos tiempos, ahora, y desde acá, crecen los deseos de hacer el viaje, aunque no consigan el avión o el barco seguro. En Cuba la emigración se volvió esencial, y se hace de cualquier forma, sin que se sueñe con una embarcación salida de un astillero de Glasgow, como el Valbanera, para alejar la miseria, para dejar atrás las represiones y las figuras dictatoriales. Aquí ya no se sueña con el avión ni con un barco seguro, como esos que salen de los astilleros Hyundai Heavy industries de Corea del sur.

Los cubanos ahora sueñan con un viaje que los aleje de estas costas, y muy poco se piensa en embarcación segura ni en fabricantes; poco importa que el navío salga de la ciudad de Ulsan en Corea del Sur o que se construya en Shanghai. A los cubanos una balsa les resulta suficiente, incluso unos neumáticos bien inflados para emprender un viaje sin regreso, un viaje que consiga un futuro próspero, como esos barcos que construyen los coreanos que no son comunistas, en la ciudad de Ulsan.

Acá se piensa ahora en el viaje que consigue la escapada aunque, en tiempos del Valbanera, muchos de quienes venían “de allende los mares”, asociaran a esta tierra con un futuro próspero, con un porvenir fértil que muchos conseguían realmente; pero los tiempos cambiaron, y ya a nadie le interesa exiliarse en Cuba. Ahora lo importante, “solo para los de acá”, es hacerse de una empresa naviera en casa para escapar luego, y poco importa ponerle un nombre a la embarcación que esté bien escrito, aunque por ello aparezca la misma mala suerte que asistió al Valbanera.

En Cuba se sueña con hacer el viaje, lo que antes de la llegada del comunismo no sucedía, al menos no con tanta fuerza y evidencias. Quizá sea culpa de que en esta isla, como en aquel Glasgow, ya no se reconoce la buena ortografía, y eso lo prueba esa maestra que escribió “Bienbenidos” en el pizarrón para hacer cumplido a sus alumnos en el primer día de clases; curiosamente ella cometió el mismo error que la compañía naviera. Ella cambio la “v” por la “b”, como aquellos viejos armadores de barcos en Glasgow.

Todavía muchos atribuyen la desgracia del hundimiento al hecho de poner una b donde debió estar una v; y ahora ese cambio nada sutil, de la maestra cubana, podría ser la causa de un sinnúmero de desgracias escolares, de incontables catástrofes en el nuevo curso, que puedan traducirse en suspensos, en repitentes, en una pésima formación de los futuros profesionales. Podría ocurrir que el capitán de un barco ordene girar a “vabor” y encalle, que se ofrezca al visitante una carta de “binos”, una “habitasión confortavle”.

Cien años hace que zozobró aquel barco lleno de sueños, de muchos que venían a conseguir la vida que añoraban, y nosotros ahora hacemos el camino al revés, porque cambiaron muchos las cosas, porque acá ya no somos bienvenidos, ahora somos “bienbenidos”, “vienamados”. Cuba se viró al revés, y se hunde como el Balvanera, y ojalá nos asista un poco de suerte, que ese pataleo que asiste a los ahorcados, a los que están por ahogarse mientras intentan llegar a otra geografía, termine salvándonos, y que no nos toque esa “suerte” que asistió a los tripulantes del Valbanera en aquella noche del nueve de septiembre, en la madrugada del diez.

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