Un ministro de Economía “de la Gran Escena”

Un ministro de Economía “de la Gran Escena”

¿Cuál será la suerte de papá ministro si no lograra más pronto que tarde hacer el milagro económico que le han encargado sus jefes?

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Ministro de Economía, a la izquierda, de vacaciones con la familia (foto cortesía del autor)

LA HABANA, Cuba. – Deporte y espectáculo son los caminos que con frecuencia han elegido los hijos de los dirigentes cubanos quizás para escapar a los duros “experimentos sociales” diseñados por sus padres con el fin de mantenerse en el poder durante más de medio siglo, o tal vez para justificar, bajo el disfraz de artistas o deportistas la vida acomodada y de pocos “sacrificios” que suelen exhibir frente a la cruda realidad en que intentan desarrollar la existencia los llamados “cubanos del montón”.

Las manifestaciones culturales y el ejercicio físico les han permitido a muchos de ellos el vivir para “pasarla bien”, tal como reza la foto de portada elegida por Juan Guillermo Almeida (el cantante hijo de Juan Almeida Bosque) en su página de Facebook, aunque en la realidad jamás descuellen en sus profesiones, por lo general labradas a la sombra del árbol familiar.

Así encontramos desde un Antonio Castro Soto del Valle como presidente o miembro de varias federaciones internacionales de deportes hasta más recientemente los hijos del primer matrimonio del actual presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quienes se decidieron en 2017 a lanzarse al mundo del espectáculo con la agrupación musical D´Cuba.

También la esposa del mandatario, Lis Cuesta Peraza, quien remontara desde funcionaria del Instituto del Libro y directora del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Santa Clara hasta convertirse en Jefa de Servicios Académicos de la Agencia Paradiso, una dependencia del Ministerio de Cultura dedicada al turismo.

Juan Guillermo Almeida (JG), uno de los ejemplos más conocidos de estas usuales vocaciones, no es el único de su estirpe. También a su sobrina Diana Almeida se le ha visto junto a su esposo, como bailarines, en algún video clip del grupo Doble Blanco, a pesar de haberse entrenado durante años como deportista en las escuelas Manuel Fajardo y la EIDE José Martí, siguiendo los pasos de su tío (JG) quien se preparó como nadador en la academia Marcelo Salado entre 1999 y el 2005 pero que jamás rindió lo suficiente en una competición como para hacer carrera y terminó decantándose por la música popular.

Pareciera que el mundo del espectáculo va indisolublemente ligado a la autoridad y tal vez por eso hasta ahora muy pocos han reparado en que existe un nuevo integrante de ese club de “La Gran Escena” del poder en Cuba y se trata de Alejandro Gil Fernández, el actual Ministro de Economía y Planificación, nombrado en julio del 2018 en sustitución del octogenario Ricardo Cabrisas.

Con un ascenso vertiginoso en la última década en los ministerios de Finanzas y Precios y el de Economía, sobre Gil Fernández comenzó a conocerse cuando fueron divulgados aquellos videos donde intentaba explicar el complicado proceso de unificación monetaria que, al parecer, continuará siendo aplazado indefinidamente.

De su vida privada poco ha ido saliendo a la luz desde que fuera nombrado hace menos de un año, pero tal secretismo no llama demasiado la atención porque ha sido algo habitual en lo que respecta a las altas esferas de poder en Cuba, donde tales ocultamientos han servido para impedir que los ciudadanos establezcan comparaciones “peligrosas” entre, por un lado, la realidad que viven y donde sobreviven y, por otro, la fantasía social que le describen los medios de prensa oficialistas, al servicio del Partido Comunista.

Natural de Villa Clara, donde realizó sus estudios, incluida la Universidad, el ministro Alejandro Gil Fernández es hermano de María Victoria Gil Fernández, una presentadora de la Televisión Cubana que alcanzó popularidad en el conocido programa De la Gran Escena que aún se trasmite por Cubavisión.

Vicky, como la conocen en los medios y la nombran los más cercanos, fue parte del equipo fundador del proyecto televisivo que comenzó a finales de 1985.

En principio junto a Edmundo García ‒”célebre” por los bandazos políticos que lo llevaron a emigrar a Miami en los años 90 y a repatriarse en 2018‒, María Victoria Gil se mantuvo más de dos décadas como el rostro del programa hasta hace apenas cuatro o cinco años en que nunca más se supo de su existencia.

Hoy sabemos que Vicki se estableció definitivamente en Tenerife, España, junto a su hijo Daniel Alejandro Trujillo Gil y que administra el Centro Médico Laguna Salud donde su pupilo se desempeña como gerente, a pesar de haber estudiado Derecho en la Universidad de La Habana, graduándose en 2014 para, de inmediato, acogiéndose a la doble ciudadanía, asentarse en la patria de sus ancestros.

Al igual que el hermano en los últimos tiempos, también María Victoria Gil ha navegado con suerte y aunque no logró continuar su carrera como presentadora y cantante, ha podido abrir al menos un par de negocios, tanto en Tenerife como en La Habana, donde aparece como propietaria del conocido club nocturno Habaneciendo, situado en la calle Neptuno, que dice financiar con el dinero que le proporciona tanto el trabajo en el Centro Médico de Tenerife como un pequeño establecimiento de masajes y medicina natural que abriera en 2017, luego de recibirse como terapista en el Instituto Superior de Estudios de la Salud, de España.

Pero no solo la hermana Vicki es quien aporta a la familia del advenedizo Alejandro Gil Fernández ese ángulo “espectacular”. También la esposa del ministro, Gina González García, participa de algún modo en el mundo de la cultura desde su puesto de Gerente Comercial y especialista principal en Comercio Internacional de la disquera Bis Music, perteneciente al grupo Artex.

Antes Gina había trabajado, durante años, en el departamento económico de la empresa Río Zaza, tristemente célebre por los casos de corrupción asociados al empresario chileno Joel Max Marambio Rodríguez (amigo de los Castro y caído en desgracia), y que salieron a la luz en 2011.

Graduada de la CUJAE en 1985, Gina se unió en matrimonio con Alejandro en 1989 y tuvieron dos hijos, Alejandro y Laura María, esta última con una gran inclinación hacia el modelaje, a juzgar no solo por las fotos que sube a su cuenta de Facebook sino por haber prestado su rostro para algunos carteles promocionales, aunque finalmente se ha decidido por concluir los estudios de Licenciatura en Contabilidad y Finanzas en este verano del 2019, quizás inspirada por el éxito de su padre quien apenas en un lustro ha logrado ser mucho más conocido que su hermana locutora y cantante en cuarenta años de carrera, e incluso ha podido darle a la niña una vida mucho mejor que la llevada anterior a 2014, cuando apenas era un funcionario más, sin otro beneficio que el salario mensual, según muestran las imágenes publicadas por Gina en sus cuentas de Facebook, donde se revela una vida sin demasiados lujos ni excesos, al menos durante esa época en que ni siquiera imaginaban el giro que darían sus vidas unos años después.

Laura María Gil González, ahora en plena bonanza, gusta de frecuentar con sus amigos la Fábrica de Arte, bailar en los Jardines de la Tropical, divertirse en el Habana Café del hotel Meliá Cohiba, vacacionar en Varadero, Rusia y Sevilla o visitar a su tía y primo en Tenerife para pasar la Navidad, como sucedió este último diciembre.

Nada diferente a lo que se puede esperar de alguien que comienza a integrarse a una especie de Corte Real donde, para avanzar y ascender, se requiere más discreción de élite que convicción ideológica, de modo que solo resta esperar cuál será la suerte de papá ministro si no lograra más pronto que tarde hacer el milagro económico que le han encargado sus jefes, todos miembros de una clase superior a la que, sin abolengo militar, apenas se asoma como cualquier intruso.

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