Vivir sin futuro: el “miedo legítimo” de los migrantes cubanos

Vivir sin futuro: el “miedo legítimo” de los migrantes cubanos

Lejos de frenarse el flujo migratorio desde la Isla, cada nuevo obstáculo parece un incentivo para escapar cuanto antes hacia cualquier punto del hemisferio

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Migrantes cubanos en Ciudad Juárez. Foto archivo

WEST PALM BEACH, Estados Unidos. – Apenas cinco años atrás, cuando los gobiernos de Estados Unidos y Cuba restablecieron relaciones diplomáticas tras 18 meses de conversaciones secretas, hubo voces agoreras que vaticinaron el fin de los privilegios de los migrantes cubanos en el país norteño.

A tenor con este sombrío pronóstico, comenzó a producirse un incremento acelerado del número de nacionales que abandonaban la Isla tanto por mar como por tierra. El éxodo continental no se ha detenido ni siquiera con el fin de la política de “pies secos/pies mojados”, cuando –convirtiendo en realidad los rumores- el ya para entonces presidente saliente, Barack Obama, anunció su derogación inmediata a partir del 12 de enero de 2017.

Por su parte, el mandatario entrante no solo no restableció dicho privilegio migratorio, sino que más bien reforzó los obstáculos. De hecho, durante el actual mandato se produjo el cese de las funciones consulares en la embajada de EEUU en La Habana, lo que dificulta la realización de los trámites correspondientes. A esto se suma la significativa disminución del número de visas otorgadas en los últimos tres años, la reciente eliminación del visado de entradas múltiples vigente por cinco años y la marcada ralentización que han sufrido los procesos de reunificación familiar.

Pero ahí no se detienen los inconvenientes. En tiempos recientes la avalancha de solicitantes de asilo en la frontera sur de EEUU, mayoritariamente procedentes de Centroamérica, supera las capacidades de respuesta de las autoridades estadounidenses e impide tanto el procesamiento de las solicitudes como la asimilación y adecuada atención en los puestos fronterizos destinados a la acogida temporal de migrantes.

Así las cosas, en un intento de remontar la crisis, este lunes 15 de julio la web oficial del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU ha publicado una nueva normativa para los solicitantes de asilo, que entrará en vigor a partir del martes 16 de este propio mes.  La nueva regulación no hace distingos por orígenes nacionales en su texto y, en consecuencia, potencialmente podría aplicarse también a los migrantes cubanos.

“Un extranjero que entre o intente entrar en EEUU a través de la frontera sur sin haber solicitado protección en un tercer país fuera de sus países de ciudadanía, nacionalidad o de última residencia legal habitual que hubiese transitado en camino a EEUU, no es apto para asilo”, reza la norma que viene a arrojar otra sombra de incertidumbre sobre el futuro de los migrantes isleños, especialmente entre aquellos que no pueden justificar un “miedo legítimo a ser perseguidos” o que por lo general evitan solicitar protección en los países de tránsito, ya sea por temor a ser deportados a Cuba o por evitar la habitual extorsión de un gran número de funcionarios corruptos.

Entretanto, la administración Trump continúa tejiendo estrategias de contención contra la migración ilegal y buscando acuerdos con los países emisores o de tránsito con vistas a contener el desordenado éxodo hacia su frontera. Tampoco se conoce hasta qué punto el exilio cubanoamericano pueda influir (o esté dispuesto a hacerlo) a favor de la actual migración cubana. Hay sectores que –comprensiblemente- toman distancia de las nuevas oleadas de migrantes que se declaran “perseguidos políticos”  en la frontera y una vez alcanzada la ansiada green card  retornan de visita a la Isla como emigrados económicos.

Es temprano para las aseveraciones lapidarias, pero todas las señales tienden a sembrar alarmas entre los más suspicaces aspirantes a alcanzar el sueño americano, despertándoles temores acerca de una eventual desaparición de la Ley de Ajuste Cubano, vigente desde 1966, última prerrogativa que le va quedando a los cubanos y que les permite legalizar su estado migratorio y solicitar la tarjeta de residente permanente una vez transcurrido un año de su entrada al territorio estadounidense.

Por el momento, lejos de frenarse el flujo migratorio desde la Isla, cada nuevo obstáculo parece más bien un incentivo para escapar cuanto antes hacia cualquier punto del hemisferio, poniendo preferiblemente rumbo norte. Porque lo que sí resulta incuestionable es que el único y verdadero miedo legítimo de las decenas de miles de cubanos que emigran cada año es el de vivir y morir en un país donde se sienten condenados a no tener presente ni futuro.

(Miriam Celaya, residente en Cuba, se encuentra de visita en Estados Unidos)

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