Sobornos y deterioro: la salud en Cuba está patas arriba

Sobornos y deterioro: la salud en Cuba está patas arriba

¿De qué sirve que haya nueve médicos por cada mil habitantes, si tantos de ellos no están al servicio del pueblo, sino alquilados por el gobierno en otros países?

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Cuerpo de Guardia de policlínico cubano (Foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – Es frecuente escuchar a funcionarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como Margaret Chan, decir que los cubanos “deben sentirse muy felices de tener líderes que se preocupan y son conscientes de la importancia de la inversión en el sector primario de salud, y de que toda la población pueda tener libre acceso a la asistencia médica”.

Al escuchar estas palabras, cualquiera puede pensar que en Cuba el sistema de salud es una maravilla, y que tenemos libre acceso a una atención médica de excelencia como la que reciben los extranjeros o dirigentes y funcionarios de alto rango en hospitales especiales con los recursos y medios más avanzados. La propaganda gubernamental no se cansa de destacar los logros de Cuba en el sistema de atención primaria de salud, con el médico y la enfermera de la familia, y en policlínicos con los equipos básicos de atención comunitaria.

En días pasados la televisión informaba que Cuba muestra parámetros de salud de nivel mundial, como la cantidad de médicos por habitantes (9 por cada mil). Pero, ¿de qué sirven esas cifras, si dichos profesionales no están al servicio del pueblo sino alquilados por el gobierno en otros países?

Según el doctor Roberto Morales Ojeda, titular de Salud Pública, “en el sector primario (postas médicas y policlínicos) se pueden resolver el 70 % de los problemas de salud de la población cubana”. Lo que no dice es que para eso sería necesario solucionar otras dificultades económicas y organizativas, tales como el abandono en que se encuentran muchos de los consultorios, la falta de medios e insumos, así como de médicos, enfermeras y técnicos, además de que los que quedan no atienden regularmente. Como resultado, la población hace colas o deambula de un consultorio a otro en busca de un médico, o se ven obligados a acudir a las salas de urgencia de los hospitales.

Otra gran traba en los policlínicos es la falta de especialistas, que atienden una o dos veces al mes y en ocasiones no asisten, lo que dilata el lapso entre consultas –a veces incluso meses–. Así le sucedió a Julita, una anciana de 77 años a la que se le presentó un grave problema circulatorio. La doctora la remitió al angiólogo, pero la consulta era en un mes. Julita fue entonces al Instituto de Angiología, donde la atendieron de urgencia, pero para el seguimiento la “despacharon” para su “área de salud”. Y es que de la posta médica no remiten directamente a los institutos, sino al especialista del policlínico local, con quien “hay que morirse”, sea bueno, regular o malo. A veces da con el diagnóstico, a veces no. En los institutos admiten por urgencias, pero no por consulta regular. Para eso hay que ir de parte de una amistad.

Por su parte, Ulises está con una crisis de columna. La doctora lo remitió al especialista del policlínico, pero no hay turnos hasta mediados de septiembre. Mientras espera, está de certificado médico. “Gracias a los medicamentos que me mandó mi hermano me he aliviado, porque aquí no hay nada para esto”, afirma.

Dado que el deterioro de los centros asistenciales, de los equipos, la falta de médicos y especialistas así como de medicinas, afectan los servicios de salud, es un secreto a voces que las personas, apremiadas por la necesidad, acuden al soborno. Escandaloso, sí, pero como dicen muchos parafraseando al gobierno: “La salud pública es gratis, pero cuesta”.

No se puede negar que la atención primaria de salud que le corresponde al pueblo está patas arriba, la cacareada excelencia de la medicina cubana es otra de las grandes falacias del régimen. Bien que lo sabemos los que por necesidad alguna vez hemos acudido a uno de estos servicios, y en el camino nos enfrentamos al maltrato, la indolencia, la falta de sensibilidad del personal que labora en estos centros. Lo peor es que, como con el transcurso de los años nos acostumbramos a la indiferencia y el maltrato del personal, cuando este nos dispensa la atención básica ya creemos que es lo único que funciona bien en los centros asistenciales.

El deterioro alcanza también a centros especializados como el Hospital Provincial Gustavo Aldereguía Lima, de Cienfuegos. Allí, el paciente Mario Estupiñales Fernández ha ingresado cinco veces en seis meses para operarse, pero por roturas de equipos se han suspendido las intervenciones. Un riñón apenas le funciona, lleno de cálculos. Esta negligencia le trae graves problemas de salud y económicos a este cubano de 48 años, trabajador del Combinado Azucarero Industrial Central Manuelita, pues hace nueve meses esta de certificado médico.

Nos cansamos de escuchar repetir a los dirigentes del ramo que los objetivos fundamentales de la salud pública cubana son una mayor calidad y expectativa de vida, y servicios de salud satisfactorios. No obstante, cuando un enfermo tiene que acostarse en un colchón lleno de chinches en el Miguel Henríquez (Benéfica) del municipio Diez de Octubre, o las cucarachitas le pasan por encima en el Calixto García, o los baños están tupidos, rotos y sin agua, no hay asientos para acompañantes, o cuando los pacientes de quimioterapia del Instituto Nacional de Oncología y Radiología (INOR) pasan horas en una sala sin ventilación, obviamente estos objetivos no se cumplen.

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