Cuba mata

Cuba mata

Uno oye “Cuba salva”, entendida Cuba como el régimen castrista, y piensa en el aterrador saldo de muertes durante estos 61 años

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Familiares de fallecidos en accidente aéreo en La Habana, 18 de mayo de 2018 (foto EFE)

LA HABANA, Cuba. – #CubaSalva, entendida Cuba como el régimen que se arroga el monopolio de la patria, es el nuevo estribillo de la propaganda castrista en tiempos de pandemia.

Lo repiten hasta el agobio, como si quisieran competir con el “Jesús salva” de los evangelistas. Y uno no sabe a qué se refieren, si a los médicos cubanos que prestan sus servicios rentados en decenas de países y a los que el estado cubano roba el 70% de sus salarios; a los galenos y personal de enfermería que hacen prodigios con lo poco que tienen en los maltrechos hospitales de nuestro país para atender a los enfermos; o a los científicos de Labiofam, que cual curanderos de feria itinerante, buscan, si no sirve el interferón, el elíxir milagrero contra la COVID-19, ya sea el anamú, el veneno de alacrán o la superchería homeopática hecha a base de hígado de pato disuelto en un tin de alcohol, y agua, mucha agua.

A lo que no creo que se refieran con el dichoso lemita es a algunas medidas absurdas e inoperantes que ha adoptado el gobierno frente a la COVID-19 y que no logran evitar el riego de contagio en las aglomeraciones y rebatiñas para conseguir comida y detergentes, o la desfachatez inaudita de pedir a la población que done dinero para producir alimentos. Y ni hablar de los abusos policiales, que están a la orden del día luego que los mandamases les dieran luz verde a los policías para ser más severos. En vez de un cuerpo de agentes públicos que velan por el bien de la ciudadanía, la PNR parece un hostil ejército de ocupación. ¡Y todavía se atreven a pedir que el aplauso de las nueve de la noche sea no solo para el personal de la salud, sino también para la policía!

El régimen castrista, que siempre intenta sacarle provecho a todo, se está aprovechando de la crisis de la COVID-19, no solo para aumentar el control social, ahogar al sector privado y reprimir a los opositores, sino también para mejorar su imagen internacional exportando médicos a otros países y presentando al sistema de salud cubano como el mejor del mundo.

Basta oír los despropósitos de los periodistas parlanchines del NTV o lo que recientemente declaró a CubaDebate el inefable Abel Prieto, sin nasobuco, inspirado en plan de profeta, arrellanado en un sillón de la Casa de las Américas que ahora dirige.

Uno oye “Cuba salva”, entendida Cuba como el régimen castrista, y piensa en el aterrador saldo de estos 61 años: los millares de cubanos de ambos bandos muertos en enfrentamientos fratricidas, los fusilados, los presos que sucumbieron por hambre y falta de atención médica, los muertos en las aventuras guerrilleras en América Latina o las guerras en África para complacer los antojos napoleónicos de los mandamases castristas, los ahogados o devorados por los tiburones en el estrecho de la Florida, las víctimas del hundimiento del remolcador 13 de marzo, incluidos más de una decena de niños, los que perdieron la vida en las selvas de Centroamérica en el intento de llegar a la frontera norteamericana, los fallecidos en el desplome de un avión en La Habana perteneciente a una aerolínea de dudosa reputación y rentado por Aeronáutica Civil, las tres niñas aplastadas por un balcón en la Habana Vieja…

Y el futuro no pinta mejor. Todo lo contrario.

Según datos de un reciente estudio, en el primer trimestre de este año hubo en Cuba más defunciones que nacimientos. Las parejas prefieren esperar tiempos mejores para tener hijos. Y esos tiempos no acaban de llegar, ni se avizora que estén cerca. Y por eso, gran número de cubanos, sobre todo los jóvenes siguen emigrando, como sea y adonde sea.

La población cubana pronto estará mayoritariamente integrada por personas que rebasan los 60 años. Y su calidad de vida cada vez es peor. Se alimentan mal y no disponen de las medicinas que necesitan, porque el gobierno, según alega, no dispone de dinero para pagar sus deudas y poder comprar medicamentos en el exterior. Si a eso se suma el empeoramiento de las condiciones higiénicas y el estado calamitoso de los hospitales, se entiende por qué aumenta la tasa de fallecimientos de ancianos y enfermos crónicos.

Con este panorama de espanto que no pueden componer por su apego testarudo a las viejas y fracasadas fórmulas, quieren los mandamases venderse como los salvadores de la humanidad.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956).
Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura.
Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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