Entre lujos: así viven dos miembros de la casta comunista en Cuba

Entre lujos: así viven dos miembros de la casta comunista en Cuba

Manuel Vázquez Seijido, conocido como “el segundo de Mariela Castro”, y el diputado Luis Ángel Adán Robles gozan de un alto nivel de vida

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Adán Robles y Seijido junto a Mariela Castro (foto cortesía del autor)

LA HABANA, Cuba. – Un día antes del referendo constitucional, un artículo publicado por el medio digital independiente Tremenda Nota mostraba evidencias de que hubo ocultamiento de información sobre el apoyo mayoritario de los cubanos a que el derecho al matrimonio igualitario fuera contemplado en la nueva constitución, redactada e impuesta por el Partido Comunista de Cuba, con la intención de perpetuarse en el poder.

Los datos, que hubieran inclinado la balanza a favor de la comunidad LGBTIQ de la isla, jamás fueron llevados al debate en la Asamblea Nacional, mientras uno de los pocos diputados declaradamente a favor del artículo 68, el joven Luis Ángel Adán Robles, terminó plegándose al voluntarismo retrógrado del régimen, tal como hiciera Mariela Castro, directora del CENESEX, una institución del Ministerio de Salud Pública encargada de controlar y manipular políticamente los temas sobre sexualidad e identidad de género.

El desmentido público, que causó la censura del sitio digital así como de otros medios independientes, arrojó más evidencias sobre la inmoralidad, la inconsecuencia, así como el verdadero rostro de figuras del oficialismo que, luego de intentar proyectarse públicamente como defensores de los derechos de minorías históricamente segregadas por el régimen comunista, se revelan como instrumentos de manipulación.

Sin embargo, la doble moral no es una rareza en los predios del oficialismo, más bien ha sido un denominador común entre quienes integran la cúpula del poder en Cuba, así como entre quienes aspiran a alcanzar alguna vez el Olimpo del comunismo tropical.

Así, mientras los discursos del Partido Comunista de Cuba instan a los ciudadanos al sacrificio perpetuo por la “construcción” del socialismo, mientras los bajos salarios impiden el desarrollo personal, mientras el desabastecimiento se generaliza y aumentan las leyes y decretos contra la acumulación de capital legítimo, unos pocos privilegiados en Cuba se exhiben disfrutando de las “bondades” de un sistema que, por un lado, premia lealtades políticas, protege de acuerdo con vínculos de sangre y, por el otro, castiga severamente las disidencias.

Pero, en los tiempos que corren, las redes sociales han servido no solo para canalizar y difundir esa información que el régimen cubano no quisiera hacer pública sino, además, para develar los verdaderos rostros de ese “hombre nuevo”, retorcido ideológicamente que, por un lado, jura ser como el Che Guevara, es decir, un extremista de izquierda, pero, por el otro, sucumbe a los placeres del capitalismo, al punto de que la vanidad lo conduce a divulgar en sus cuentas de Facebook o de Instagram esos momentos en que se sienten “ellos mismos”.

Ya el nieto de Fidel Castro, ese que ha aparecido en la hoy censurada en Cuba revista Vanidades y cuya familia asiste a los desfiles de Chanel y pasea en yate por el mediterráneo, se ha llamado (o fue llamado) a contar y ha limitado el acceso a sus perfiles, pero las fotos circulan por ahí para revelar al mundo la “dolce vita” de los Castro.

Otros miembros de la casta comunista han sabido manejar mejor sus cuentas y mantienen un rígido control acerca de lo que comparten con los amigos o hacen público, aunque a veces las cosas se les salen de control o de vez en cuando algún indiscreto los atrapa “in fraganti”, o ya haciendo compras en Miami o ya disfrutando de un cóctel en un hotel de lujo de La Habana, en esos mismos lugares donde a los empleados cubanos se les retiene más del 70 por ciento del salario o donde se los obliga a “donar” un porciento de las propinas a las Milicias o a cualquier “tarea de la revolución”.

La mayoría de las veces se justifican diciendo que algún amigo los invitó cuando no acuden a aquello de que el salario “extrañamente” les alcanza para tales excesos.

Así lo han hecho también aquellos que en varias ocasiones han sido emplazados, como figuras públicas que son, para que den cuenta al pueblo cubano sobre por qué pueden darse una vida que al ciudadano promedio en la isla le está prohibida.

En ese caso están Manuel Vázquez Seijido, conocido como “el segundo de Mariela Castro” y el diputado Luis Ángel Adán Robles, quienes constantemente publican imágenes en sus cuentas donde cualquiera, por ingenuo que quiera fingirse, puede apreciar que gozan de un nivel de vida muy por encima de lo que el propio régimen considera como “normal”, cuando se trata de fijar salarios estatales o controlar los ingresos personales con impuestos  excesivos.

No obstante, Vázquez Seijido y Adán Robles, uno como “segundón” y el otro como diputado (de segunda, de acuerdo con el triste papel que le tocó desempeñar previo al referendo),  apenas se han sentido en la necesidad de ofrecer una explicación veraz de por qué comen en caros restaurantes, fiestean en hoteles de lujo, algo a lo que debieran estar obligados tan solo por una cuestión de vergüenza frente a un pueblo que ve tales actos como quimeras.

Se sabe que ha habido alguna que otra reacción desde sus propias cuentas por parte de estos dos individuos que se prestaron al juego de ocultar información esencial que pudo beneficiar a las mismas minorías que dicen defender, pero ninguna ha sido creíble como respuesta para quienes saben que tomar una cerveza en el Kingbar o disfrutar de un trago en la terraza del Packard supone un estatus económico por el cual sería cuestionado cualquier opositor al régimen comunista e incluso hasta el más exitoso de los expoliados “cuentapropistas”, incluso, de haber sido invitados por amigos, ¿por qué no eligieron algo mucho más modesto, como el café del Pabellón Cuba o cualquier pizzería en moneda nacional, un helado en Coppelia o los bordes de una piscina en un “campismo popular”? Enigmas del socialismo cubano.

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