Cuba debe regresar a la lista de países promotores del terrorismo

Cuba debe regresar a la lista de países promotores del terrorismo

Ojalá que las palabras de la administración Trump no sean meras bravatas, como ha ocurrido con las proferidas por otras administraciones

Raúl, Díaz-Canel y Nicolás Maduro terrorismo cuba
Raúl, Díaz-Canel y Nicolás Maduro en una cumbre del ALBA-TCP en La Habana (Foto Trabajadores)

LA HABANA, Cuba. – En sus intentos de acercamiento a la dictadura castrista, Barack Obama pensó —como hombre decente y de buena voluntad que es—, que cada gesto suyo sería reciprocado. Fue una ingenuidad extraordinaria.

Si algo logró la administración de Obama con sus medidas unilaterales fue fortalecer la estructura económica de la cúpula despótica que mal dirige este país desde hace sesenta años. De paso, le otorgó recursos que, obviamente, no tenían ese fin, pero fueron desviados para darle continuidad a la represión contra los opositores pacíficos y periodistas independientes.

Está registrado para la historia el desplante que le hizo el castrismo al primer presidente negro norteamericano a su llegada al aeropuerto internacional José Martí, y también las groserías que vertió la prensa faldera sobre él, apenas sobrevolaba el territorio nacional rumbo a Argentina. Eso dice mucho de la postura solariega de la dictadura cubana y de la de sus testaferros mediáticos.

Entre las medidas adoptadas por la administración de Obama estuvo la de sacar a Cuba de la lista de los países patrocinadores del terrorismo, una concesión gratuita que lo único que logró fue fortalecer el cinismo castrista.

Es sabido que durante sesenta años —sobre todo en las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta del pasado siglo— Fidel Castro se dedicó a subvertir el orden constitucional y democrático de numerosos países del continente y el mundo. Quien arengaba al pueblo cubano en largos y monótonos discursos donde reiteraba su pedido de respeto para la soberanía cubana —usurpada por la dictadura—, jamás respetó la de otros países, a los que envió grupos terroristas y apoyo logístico, llegando hasta intervenir militarmente en Angola para apoyar al movimiento liderado por Agostinho Neto, de inspiración marxista. Se sabe que en Cuba recibieron adiestramiento terrorista etarras, sandinistas, tupamaros y un largo etc de grupos, para los cuales la frase del Che de que había que convertir a cada revolucionario en una máquina de matar era su divisa preferida.

En lo interno el castrismo continúa violando grosera y cotidianamente elementales derechos humanos de la ciudadanía, a la cual tiene sometida a una férrea dictadura cuyos métodos de vigilancia, intercepción de las comunicaciones y de la correspondencia, hostigamiento y  detenciones ilegales contra los opositores pacíficos y periodistas independientes se ha convertido en una práctica estatal que vulnera lo establecido en la Ley de Procedimiento Penal y en la propia Constitución.

Resultan extremadamente cínicas y mentirosas las declaraciones de altos dirigentes del castrismo negando la presencia militar cubana en Venezuela y, sobre todo, las de las fueras de la seguridad del Estado, que se sabe han penetrado al ejército venezolano y son las que controlan su actividad de inteligencia. Es sabido que los militares cubanos vuelan a Venezuela vestidos como médicos y personal civil, la misma práctica que el castrismo ha utilizado en otras ocasiones. También es conocido que recientemente a muchos de los jóvenes que cumplen el servicio militar activo se les preguntó acerca de su disposición de ir a defender ese país.

En tales condiciones, haber sacado a la dictadura más asesina, despótica y corrupta de todo el continente occidental, de la lista de países patrocinadores del terrorismo no fue solo un error sino un estímulo para los esbirros cubanos, esos mismos a los que se vio por estos días en las redes amenazar con armas de fuego, golpear y acosar con perros a los estudiantes congoleños que protestaban pacíficamente en una escuela de medicina de La Habana. Ese es el verdadero rostro de la dictadura cubana y de sus esbirros.

Las actuales medidas dispuestas por la administración del presidente Donald Trump evidencian que parece que al fin los norteamericanos se han percatado de que con una dictadura dirigida por gente de tal ralea no puede haber condescendencia. Ya era tiempo.

Cualquier medida que tienda al debilitamiento de la cúpula gobernante y a limitar los recursos que ella y sus familiares despilfarran en gastos superfluos, en una vida muelle que incluye lujosas mansiones y autos, así como costosos viajes por el extranjero, mientras los cubanos comunes estamos acosados por el hambre en medio de una crisis alimentaria, será bienvenida por quienes somos discriminados, perseguidos y nos encontramos abandonados a nuestra suerte.

Sabemos que quienes pensamos así, en caso de que el enfrentamiento entre ambos países se radicalice, tenemos preparada, en el mejor de los casos, la cárcel y, no hay que dudarlo, una bala o una muerte accidental en cualquiera de las calles por donde andamos, que para eso hay bastantes cobardes y abusadores en las filas de la Seguridad del Estado. Pero ese es el riesgo que debe saber correr todo hombre congruente aferrado a la defensa de la libertad de su patria.

El regreso de Cuba a la lista de países promotores del terrorismo no es sólo una necesidad, sino que también lo es que se promulguen nuevas medidas, incluso más radicales, que por fin tiendan a exterminar de raíz a la dictadura. Ojalá que las palabras de los principales dirigentes de la administración Trump no sean meras bravatas —como ha ocurrido con las proferidas por otras administraciones— y sea cierto, como anunció John Bolton, de que ha llegado el momento de terminar lo que hace 58 años no pudo hacer la brigada 2506.

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