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jueves, 20 de enero, 2022 3:00 am

Las pirañas del funcionariado castrista

Muchos del funcionariado, en uniforme verde olivo o con guayabera, aspiran a poder un día imitar a los excamaradas del PCUS convertidos en multimillonarios
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LA HABANA, Cuba. — En el año 2011, cuando la magnitud de la actual crisis del castrismo era   inimaginable, el general Raúl Castro se refirió en tono amenazante a “los burócratas corruptos, con cargos obtenidos a base de simulación y oportunismo, que utilizan las posiciones que todavía ocupan para acumular fortunas, apostando a una eventual derrota de la Revolución”.

Ya en aquel momento, la alta dirigencia estaba advertida de que la burocracia-funcionariado se había convertido en la más peligrosa amenaza para la supervivencia de  eso que todavía se empeñan en llamar “la Revolución”.

Raúl Castro y sus segundones saben que muchos miembros de ese funcionariado son pirañas enloquecidas y voraces, pero no pueden prescindir de ellas y tiene que resignarse a sus dentelladas. Por eso, el combate a la corrupción en que dice el régimen estar empeñado desde hace años es una guerra paternalista y regañona que se libra con el menor número posible de bajas. Son pocos los culpables y los castigados con nombres y apellidos. Tampoco hay castigos que merezcan ser considerados como tales.

En Cuba, como ocurrió en la Unión Soviética y todos los demás países del llamado “socialismo real”, el aparato burocrático acumuló poder, se hizo gigantesco, inamovible y se ha fundido con el funcionariado para ejercer, a nombre de la máxima dirigencia, la dictadura sobre el proletariado.

Esa burocracia-funcionariado es el reservorio de los inmovilistas y de los retranqueros de la ortodoxia.   Paranoica, recela de todo y de todos, censura y prohíbe, se niega a ceder espacios y pone trabas a cualquier intento de reforma.

Pero a quienes se refería Raúl Castro es a esos del funcionariado que se encuentran agazapados entre los inmovilistas y que se dan cuenta de que el barco, al que le entra agua por todas las vías, se hunde irremisiblemente y hacen cálculos de los provechos que pueden sacar del naufragio. Han aprendido las lecciones de los oligarcas del chavismo-madurismo, de la piñata sandinista y, sobre todo, de los excomunistas rusos que restauraron el capitalismo tras el desplome de la Unión Soviética.

Los restauradores del capitalismo en Rusia surgieron de la Nomenklatura comunista: los altos burócratas, ejecutivos, funcionarios y generales que conquistaron sus inmensas fortunas apropiándose de los bienes del Estado durante la privatización de la economía que siguió a la disolución de la Unión Soviética.

Muchos del funcionariado, en uniforme verde olivo o con guayabera, aspiran a poder un día imitar a los excamaradas del PCUS convertidos en multimillonarios, como Roman Abramovich (dueño del Chelsea Football Club), Yuri Milner y Mijail Jodorkovsky.

A ellos, a los funcionarios y militares que pudiesen estar afilándose los dientes para el entierro del castrismo, para que no se alebresten ni embullen, los mandamases quieren inculcarles la idea de que la Ley Helms-Burton les impedirá ser los sepultureros.

Y tiene cierta lógica la advertencia de los mandamases. De aplicarse el capítulo III de la ley de protección de los derechos de propiedad de los nacionales estadounidenses, los bienes expropiados por el régimen castrista –incluidos los bienes de los cubanos exilados– tendrían que ser devueltos por el gobierno que sustituiría al actual régimen como condición indispensable para ser reconocido por  el gobierno de Estados Unidos y que este le levante el embargo. Y luego de las devoluciones y las compensaciones, bien poco quedaría del botín para los aspirantes a oligarcas.

Esa es la idea que quieren dejar sentada los mandamases en las mentes calenturientas de los ambiciosos agazapados. Quieren convencerlos de que no vale la pena el desmontaje del castrismo, que es mejor que se atrincheren, sean leales y se conformen con lo que ya tienen y lo que puedan seguir robando.

Pero, ¿quien cree todavía que la Ley Helms-Burton, más allá de complacer al  sector más radical del exilio y de servir al régimen cubano para hacerse la víctima y justificar su ineficiencia y sus descalabros, es practicable y tiene probabilidades en un escenario post-castrista?

Los que ya están en la piñata y los que faltan por sumarse, insaciables como son, no van a desanimarse por lo que digan los mandamases. Ni siquiera se dan por aludidos. Esperando el momento propicio, siguen sacando sus cuentas. Saben hasta dónde pueden estirar los pies y las manos. Acostumbrados al trapicheo y la economía de bodegueros, son pacientes, taimados y se conforman con lo que puedan rapiñar… por ahora.

Hace mucho que empezaron a acumular capital, conocimientos y relaciones. Muchos hombres de negocio extranjeros, luego de tanto tiempo de tratar con ellos, pueden preferir a los malos conocidos comunistas, antes que a los buenos por conocer, respetuosos del estado de derecho pero ingenuos,  inexpertos e ignorantes del know how.

Ante los capitalistas extranjeros que han demostrado ser tan inescrupulosos como ellos al invertir en Cuba y aprovecharse de la explotación de la baratísima mano de obra nativa, la principal ventaja de los agazapados en GAESA y los ministerios es que han demostrado tener mano dura para hacer que los cubanos, carentes de derechos, trabajen como esclavos y no protesten.

Cuando el largamente agonizante régimen castrista acabe de fallecer, ahí estarán los mafiosos de la piñata con los paracaídas puestos, prestos a expedir el certificado de defunción, preparados, luego de exponer sus coartadas, para entrar en cualquier tipo de arreglo y trapisonda. Y no precisamente como porteros o aguanta-mamparas.

Por supuesto que saben que no podrán comprar yates de 100 millones de dólares, mansiones en Silicon Valley ni terrenos en la Luna, que ellos no son Elon Musk. No son tontos. Ellos, mejor que nadie saben en qué estado de depauperación han dejado el país.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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