¿Fue el Ismaelillo fiel a la esperanza de Martí?

¿Fue el Ismaelillo fiel a la esperanza de Martí?

Este 22 de noviembre se cumple el 140 aniversario del nacimiento del General José Francisco Martí Zayas Bazán, el Ismaelillo

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GUANTÁNAMO, Cuba.- Este 22 de noviembre se cumple el 140 aniversario del nacimiento del General José Francisco Martí Zayas Bazán, el Ismaelillo, hijo de nuestro Apóstol José Martí y de Carmen Zayas Bazán.

Nació en La Habana y fue bautizado en la Iglesia Nuestra Señora de Monserrate. En septiembre de 1879 José Martí fue deportado por segunda vez a España debido a sus ideas independentistas, hecho que produce profundo dolor al Apóstol y una separación que se repetiría a lo largo de su vida.

Quien haya leído el encabezamiento del famoso libro de versos coincidirá en que es una significativa demostración de las lacerantes circunstancias en que vivía el Apóstol cuando lo escribió: “Hijo: espantado de todo me refugio en ti”. ¿Qué espanto pudo haber sido aquél para que Martí se refugiara en su hijo como única esperanza, depositario de nobleza y de fe en el mejoramiento humano? ¿Fue el Ismaelillo fiel a esa esperanza?

¿Quién fue el Ismaelillo?

Conocemos poco sobre la vida de José Francisco Martí Zayas Bazán, pero gracias a la publicación del libro “Vida de Ismaelillo, el hijo de Martí”, escrito por Paula María Luzón Pi —del cual nos hemos valido para escribir este artículo de recordación— podemos mitigar esa ignorancia.

Como afirma la autora, todavía existen muchos aspectos por esclarecer en la vida de este hombre, teniendo en cuenta la desaparición de fuentes muy importantes, como cartas familiares y otros documentos que seguramente registraron parte de su vida, los que ayudarían a arrojar más luz sobre su trayectoria.

Desde niño, debido a las actividades políticas de su padre, vivió en las casas de sus abuelos y familiares maternos en Camagüey y con los abuelos paternos en La Habana.

En Camagüey hizo sus estudios elementales y terminó el bachillerato en el curso 1893-1894. Ese año matriculó la carrera de Derecho Civil en la Universidad de La Habana, la cual no pudo continuar debido a su situación económica.

Luego de conocer la muerte de su padre expresó su voluntad de incorporarse al Ejército Libertador. Pudo hacerlo después de sortear incomprensiones familiares, la vigilancia de la corona española y la custodia encargada a amigos en la emigración.

Con 18 años se incorporó al Cuartel General del Departamento Oriental al mando del General Calixto García, bajo cuyas órdenes se mantuvo durante todo el resto de la guerra, la cual terminó con el grado de Capitán.

Luego de reunirse con su madre en los EE.UU., donde se encontraba desde poco antes de terminar la guerra cumpliendo una misión de Calixto García, regresó a Cuba.

Quiso continuar sus estudios universitarios pero no pudo debido a su precaria situación económica.

En 1902 se incorporó al ejército republicano y cuando se produjo la segunda intervención norteamericana, debido a sus conocimientos del idioma Inglés, fue nombrado ayudante personal de William H. Taft. Cuando este fue sustituido por Magoon pasó a ser su ayudante de campo.

Desde 1908 ocupó altos cargos en el ejército republicano, llegando a ser Jefe del Estado Mayor. Hizo estudios militares en los EE.UU. y creó el boletín del ejército, revista mensual que tenía como objetivo divulgar temas militares sobre Cuba y otras naciones.

El 18 de julio de 1917 se le concedió el retiro del ejército por razones de salud. Para entonces ya era General.

Trabajó como Secretario de Estado del gobierno de Mario García Menocal, pero ejerció el cargo poco tiempo para apartarse de la política.

Su rechazo a la corrupción existente quedó demostrado cuando renunció a su candidatura como representante del Partido Conservador en la provincia de Camagüey, al enterarse de que para ser nominado tenía que aprobar la compra de votos y otros delitos electorales.

Se opuso tajantemente a la reelección de Gerardo Machado y ante la publicación de un artículo ofensivo en su contra, escrito por Ramón Vasconcelos, le respondió con una hidalguía y honestidad que están presentes únicamente en hombres extraordinarios.

Después de la caída de Gerardo Machado se vinculó al ABC —convertido en partido político—, del cual llegó a ser su vicepresidente, aunque por razones de salud su participación en él fue limitada.

Su posición ante la crisis política que vivió el país a finales de la década de los años treinta del pasado siglo fue decisiva para que se convocara la Asamblea Constituyente en 1940. Todas las fuerzas políticas de la época, incluyendo a los comunistas, reconocieron su integridad moral.

Por los servicios prestados a la patria se le confirió la Orden Nacional de Mérito Carlos Manuel de Céspedes el 18 de abril de 1944.

Falleció el 22 de octubre de 1945 en su casa del Vedado —donde hoy se encuentra el Centro de Estudios Martianos— junto con su esposa, a los 66 años.

A pesar de que algunos han tratado de enturbiar su trayectoria, vinculándolo con la masacre de los Independientes de Color, la vida se encarga de colocarlo todo en su justo lugar y un ejemplo de ello es la obra de la investigadora Paula María Luzón Pi.

Prueba de la entereza que tantos admiraron en El Ismaelillo es este párrafo de la carta que escribió en respuesta al insultante artículo de Vasconcelos.

“¡Tenemos que desarraigar tanta podredumbre, tanta audacia, y tanto desprecio por nuestro pueblo!; acabar con esa oligarquía entronizada y encasquillada en privilegios y prebendas, romper esa muralla de intereses creados, que impiden todo paso hacia el mejoramiento de nuestra vida nacional en todos sus aspectos, social, político y económico; que desprecia a la opinión pública, o niega su existencia, y que ha llegado al convencimiento de que ni siquiera vale la pena de hacer la farsa de unas elecciones por encontrar el procedimiento más cómodo de prorrogarse en el poder, sabe Dios hasta cuándo”.

Sus palabras mantienen una actualidad extraordinaria, sencillamente porque todavía no se ha logrado materializar el sueño de su padre de que Cuba sea una nación con todos y para el bien de todos.

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