Cuba: el amargo cuento del tabaco

Cuba: el amargo cuento del tabaco

El habano es un producto que apenas tiene de cubano el sudor y las penurias de quienes lo cultivan y tuercen.

Un torcedor de tabaco (Foto: Ernesto Pérez Chang)

LA HABANA, Cuba. – A pesar de que la pandemia ha puesto en jaque la economía mundial, el tabaco torcido cubano ha continuado exportándose y, de acuerdo con la información publicada en la prensa oficialista, la producción no se ha visto afectada y hasta se ha mantenido estable de acuerdo con los planes.

El propio Alejandro Gil, ministro de Economía, aún en medio de la crisis que atraviesa el país asegura que la exportación del rubro pudiera asegurar un ingreso anual regular sobre los 300 millones de dólares. Se trata de una meta que objetivamente podría ser alcanzada. En 2018, con la participación china, la venta de los habanos se incrementó en un 12% respecto a años anteriores, habiéndose reportado las mayores ganancias en 2017 con 500 millones de dólares por exportación.

Tan a viento en popa está yendo todo que se espera que las ventas del presente año superen las de 2019, cuando el Grupo Empresarial Tabacuba reportó más de 260 millones de dólares de ganancia neta por la venta de habanos en el exterior donde un solo torcido de calidad superior suele alcanzar precios exorbitantes. Tanto así son las cotizaciones y su atractivo en el mercado que una buena parte del turismo a la Isla es convocado por el tabaco.

Sin dudas, adquirir un habano en una tienda especializada dentro de Cuba resulta mucho más económico que comprarlos en Europa o Asia ya sea legalmente o de contrabando, aun cuando en las zonas de tiendas “libres de impuestos” de los aeropuertos cubanos un puro cualquiera puede superar los 30 dólares, o en el establecimiento Cohiba Atmosphere del Hotel Manzana Kempinski un torcido Cohiba Pirámide Extra cueste sobre los 30 dólares, un precio que bien pudiera ser considerado de “oferta” cuando el costo promedio en Internet ronda los 50 dólares la unidad.

A precio de oro

En las subastas del súper promocionado Festival del Habano, la oferta inicial —ya no el remate— de una caja de 50 habanos Cohiba ha estado fijada en los 200 000 euros, de acuerdo con información del sitio web de Habanos S.A., mientras que en la más reciente convención, celebrada en febrero de este año y conducida por la célebre Casa Christie’s de Londres, las recaudaciones se acercaron a los 5 millones de dólares, habiéndose rematado dos humidores, con una selección especial de vitolas de marcas estrellas, cada uno en cerca de 2 millones y medio de USD. 

Un humidor como este se vende en más de 2 millones de dólares en las Ferias del Habano (Foto: Ernesto Pérez Chang)

Tan solo el precio del paquete individual de actividades de un turista que quisiera asistir al Festival del Habano (en el que no se incluyen otros gastos como alojamiento, cenas, pasajes, etcétera) estuvo fijado en los 2075 dólares, repartidos entre el cóctel de bienvenida para una sola persona (350 USD), las visitas a una vega en Pinar del Río y a una manufactura tradicional (125 USD), asistencia al seminario de expertos (400 USD), la gala previa a la subasta (500 USD), mientras que la presencia en el acto de clausura, a donde asistieron cerca de 3000 personas, tuvo un costo de 700 USD per cápita.

Aunque no es posible saber con exactitud el monto real de las recaudaciones de los Festivales del Habano —pues no se publican reportes pormenorizados de manera oficial sobre el tema—, de acuerdo con lo aparece disperso en publicaciones como Excelencia S.A. y la propia web de Habanos S.A., más testimonios ofrecidos por personas con ciertas responsabilidades en la organización del evento, se puede inferir que estaría sobre los 20 millones de dólares, teniendo en cuenta las ganancias directas e indirectas que deja por una parte al sector turístico, por concepto de bienes y servicios, así como a la industria tabacalera por ventas directas en el marco del propio Festival y por la firma de nuevos contratos de exportación y convenios de inversión extranjera.

El rostro más sombrío del habano

Sin embargo, ya dentro de las fábricas y en los campos de cultivo de la industria tabacalera de manera lamentable abundan los fuertes contrastes entre el derroche de dinero fuerte, el glamour del turista que llega a la Isla a degustar un habano ya sea en el Hotel Manzana o en el balneario de Varadero, y la dura realidad laboral de torcedores, campesinos, técnicos y demás integrantes de un gremio de obreros y artesanos que en su totalidad no supera en el país los 60 000 trabajadores, de acuerdo con los datos más recientes de la empresa Tabacuba y las Empresas de Acopio, Beneficio y Torcido de Tabaco provinciales.

Un puñado de personas que, atendiendo a los bajos salarios y las malas condiciones laborales, muy poco se beneficia de los más de 300 millones de dólares anuales generados por las ventas de poco más de 30 millones de habanos que se producen todos los años en la Isla, ya sea para exportar, para comercializar en frontera o ya como regalías que ayuden al régimen a condicionar favorablemente la percepción del producto “Cuba” en los diferentes ámbitos internacionales.

Fue a inicios de julio de este año que la noticia del derrumbe de los techos de la vieja y emblemática fábrica Partagás, en La Habana, ocupó los titulares de la prensa y provocó reacciones de enfado entre los trabajadores, quienes habían reclamado insistentemente que se aceleraran las acciones de restauración del edificio, iniciadas casi diez años atrás pero que aún permanece sin ejecutarse en más del 80%, de acuerdo con información ofrecida por varios de los inversionistas del proyecto consultados por CubaNet. 

La fábrica Partagás, que este noviembre cumplirá 175 años de fundada, está situada precisamente al fondo de ese Capitolio Nacional recién rehabilitado para festejar los 500 años de La Habana, a pesar de no reportar ingresos a la economía sino, por el contrario, enormes gastos de mantenimiento al albergar un Parlamento que apenas funciona muy pocos días en el año y en un contexto político donde se torna innecesario puesto que el poder de decisión no lo tienen los diputados sino el Partido Comunista.

La restauración del edificio Partagás, por su parte, ha sido de las obras más dilatadas en el tiempo entre todos los proyectos a cargo de la Oficina del Historiador de La Habana. Se inició en 2011, precisamente el mismo año en que estallara uno de los mayores escándalos de corrupción de la industria tabacalera cubana y que implicó a quien fuera vicepresidente de Habanos S.A. y a más de una decena de funcionarios de la entidad. Al parecer los millonarios desfalcos de la administración influyeron en la ralentización del proceso inversionista.

“Todo quedó paralizado mientras duró el proceso de investigación”, comentó a CubaNet Teresita Rodríguez, trabajadora de la dirección económica de Partagás en aquel momento: “Se reacomodaron otros locales, los trabajadores quedaron en peores condiciones de trabajo y además con el peligro de que los techos se vinieran abajo y murieran unos cuantos”.

“Es una obra difícil porque no han querido vaciar el edificio temporalmente”, comenta bajo condición de anonimato uno de los arquitectos encargados del proceso inversionista. “No han querido mudar los locales para no detener la producción. Eso ha hecho mucho más lento todo, además de que no se respeta el presupuesto, han faltado los materiales porque se priorizan otras obras. Después del derrumbe todo cambió pero yo he escuchado a los trabajadores y están muy descontentos porque sí, el edificio lo están restaurando, pero en realidad no se habla de mejorar las condiciones de trabajo, los medios con que cuentan no son los mejores, ni los salarios, las normas han aumentado. Al final van a tener un edificio muy bonito para atraer turismo pero ¿de qué les sirve?”, concluyó el especialista.

Vida de un obrero del tabaco

En una ciudadela del barrio de Los Sitios, en Centro Habana, vive Armando. Aunque todavía es muy joven lleva ya casi una década laborando como torcedor en la fábrica Partagás. Él forma parte de una tradición familiar de tabaqueros y aunque gana menos de 100 dólares como salario mensual dice estar enamorado de su oficio. Pero en los últimos tiempos ha estado pensando en buscar otra ocupación mejor remunerada o incluso ponerse a elaborar habanos por su cuenta, aunque sabe que el contrabando de tabaco es penado con la cárcel.

“Las normas han subido, las condiciones de trabajo no son buenas y la materia prima cada día es peor, nada de eso ayuda, la gente dice ‘coño, es un buen salario’, pero 100 dólares no son nada hoy en Cuba, tienes que vivir sin mujer, sin hijo, sin casa, sin nada, eso te da justamente para sobrevivir tú solo y eso no es vida. Haciendo menos de lo que hago diario y vendiendo a los extranjeros en la calle gano eso mismo en un día. Oye, cuando yo veo que el mismo tabaco que yo hago y por el que me pagan centavos lo venden en el Manzana en 10 y hasta en 40 dólares a mí me da una rabia tremenda”, dice Armando.

Por su parte, Gabriela, anilladora también de la fábrica Partagás, habla de lo abusivo de las normas y compara las condiciones de trabajo con las de un esclavo.

“Las normas están altísimas, el control de calidad súper exigente a pesar de que cada vez traen las peores materias primas, los medios de trabajo son los mismos de hace diez años atrás. En mi caso no es tan complicado pero hay que ver cómo se quejan los torcedores porque no es buen tabaco el que les están dando y por supuesto, llegar a cobrar 2000 pesos (unos 80 dólares) es muy difícil. Y para colmo no puedes protestar porque te sancionan sin cobrar un mes. Eso es prácticamente ser un esclavo”, denuncia Gabriela.

En los campos de cultivo la realidad no es mucho mejor. Los costos de mantener las plantaciones ascienden cada año a igual ritmo que las deudas acumuladas por las empresas estatales pertenecientes al Ministerio de la Agricultura, encargadas de acopiar las hojas, con atrasos de pago que ponen en peligro las producciones así como la fidelidad de los campesinos al cultivo del tabaco, una planta que necesita de mayores atenciones que cualquier otra. 

La falta de fertilizantes y plaguicidas debido a que, habiendo los recursos financieros, no están siendo importados en los volúmenes requeridos, ha atentado contra la calidad de las cosechas y esto a la vez se ha traducido no solo en dificultades para los torcedores, a los que se les hace difícil cumplir las normas, sino en el abandono de la fabricación de determinadas marcas de calidad que necesitan de un producto de excelencia.

“Muchos campesinos han dejado de cultivar el tabaco. No es rentable. Lo que se les paga al final del año aunque parece mucho, en realidad no es nada. En la televisión se habla de 1000 y 2000 dólares por una cosecha en la que trabajaron decenas de hombres pero divide eso y verás que es un salario bajísimo, sin contar que a veces pasan hasta otro año más para poder cobrar ese dinero”, comenta José Luis, cultivador de tabaco en Pinar del Río.

“El colmo es que no te dan nada y que te exigen una hoja perfecta, pero además si dejas de cultivar tabaco te quitan la tierra porque esa es la condición. Uno en esa tierra hace otras cosas, cría puercos, pero si dejas de sembrar tabaco te la quitan y se la dan a otro, así que no protestes. Lo que pagan es una miseria, lo que pasa es que uno se pasa el año sin ver un medio (centavo) y entonces cuando cobra 20 000 o 30 000 pesos parece mucho, pero no te alcanza ni para un mes. El resto del año, ponte a inventar, a cazar jutías, a pescar en la presa porque del tabaco no se vive, eso es mentira”, dice Pedro, también tabaquero de Pinar del Río.

Aumenta el malestar y las denuncias llegan a las redes sociales

Aunque no ha sido todo cuanto debiera esperarse de un gremio de larga tradición de rebeldía como es el tabacalero, fuerza esencial en el proceso de independencia tanto dentro de Cuba como en ese exilio convocado por José Martí, los obreros de la fábrica Partagás no se han quedado de brazos cruzados y ya es posible dar cuenta de protestas individuales pero que han tenido su repercusión colectiva en redes sociales y suficientes muestras de solidaridad. 

En días pasados un joven obrero fue sancionado por lanzar la chaveta al suelo como desaprobación de las medidas impuestas por la administración con el fin de aumentar la producción pero sin otorgar mayores beneficios ni asegurar mejores condiciones laborales. La acción de tirar la chaveta es un gesto de desacuerdo usado entre los torcedores cubanos desde el siglo XIX, de modo que muchos han calificado la sanción como absurda, desmedida y contraria a la tradición gremial.

“Por hacer uso de la tradición de la chaveta, este es el primer tabaquero sancionado desde que Cristobal Colón descubrió esta Isla”, escribió con indignación un usuario del Grupo Público de Facebook denominado “Gremio de Artesanos” refiriéndose a la sanción administrativa contra el obrero Leandro Leiva Álvarez, de la fábrica Partagás.

No ha sido la primera vez dentro de Partagás que un torcedor acude al gesto de tirar la chaveta y, de acuerdo con lo publicado en redes sociales, varios trabajadores han sido sancionados por la acción: “Esta administración pone y quita las reglas cuando le conviene. Lo sancionaron un mes separado del centro. Eso se llama abuso de poder”, comentó un trabajador de la fábrica.

“Si el mismísimo Don Jaime Partagás estuviera vivo, él lo apoyaría, él fue tabaquero antes que nada”, escribió otra persona vinculada al lugar.

“Pues sí, resulta ser que ya no puedo tirar la chaveta para mostrar mi desacuerdo con decisiones erróneas que toman ellos (la administración) que esperan siempre el alboroto de sus trabajadores para dar y transmitir cualquier información que es de interés de sus trabajadores. En los 174 años que tiene Partagás de fundado esta es la peor directiva que ha pasado por ahí y lo que es peor nadie en Cuba se preocupa por la situación de los trabajadores del centro aunque nos tratan como esclavos. Fui sancionado 30 días para mi casa por lo antes planteado y por un supuesto mal uso incorrecto del nasobuco el cual por mi difícil labor debo quitarme de vez en cuando porque me es imposible hacer una norma bastante exigente y en condiciones pésimas tanto de material como de objetos de trabajo, con los moldes que están en malas condiciones…”, escribía un miembro del grupo de Facebook citado anteriormente y donde además aparecen otras publicaciones que dan cuenta del rostro tenebroso del tabaco en Cuba, muy diferente a las imágenes idílicas que con toda intención de atraer compradores y turistas son asociadas a los puros habanos.

“No se compensa las materias primas con lo que los técnicos exigen, pero la soga siempre parte por el lado más débil”, es uno de los comentarios dejado por un torcedor de la fábrica Partagás en el grupo Gremio de Artesanos, en Facebook.

“Somos esclavos, modernos pero aún somos esclavos”, comenta otro tabaquero.

“Que se venda bien caro el tabaco cubano es perfecto pero que la clase obrera tabacalera obtenga tan poco fruto de esas ganancias es abusivo”, comenta otro miembro del mismo grupo.

La promoción de los habanos está en contradicción con la realidad que viven sus productores (Fopto: Ernesto Pérez Chang)

“Seguimos siendo esclavos y sin distinción de raza seguimos trabajando por un salario extra bajo mínimo por una gran labor no obstante mala alimentación y sin dieta láctea que nuestro trabajo lo pide por el químico del tabaco…”, apuntó otra persona en el debate a raíz de las denuncias.

El 18 de noviembre cumplirá 175 años de fundada la Real Fábrica de Tabacos Partagás y quizás para esa fecha, aunque nadie anuncie beneficios salariales ni mejoras en las condiciones laborales, Habanos S.A. y Tabacuba inundarán los espacios de la prensa oficialista con reportajes sobre lo bien que se vende el tabaco en Europa o sobre la “cubanía” de una labor y un objeto tan ausente de nuestra cotidianidad como lo ha sido en más de medio siglo cualquier cosa que signifique bienestar y placer. El habano es un producto que apenas tiene de cubano el sudor y las penurias de quienes lo cultivan y tuercen.

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Miguel L. Fernández y Ernesto Pérez Chang

Periodistas independientes. Residen en La Habana, Cuba

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