El intrusismo profesional de Díaz-Canel

El intrusismo profesional de Díaz-Canel

Graduado de ingeniería eléctrica, es un asiduo practicante del intrusismo profesional, en especial al tratar de sentar pautas en la teoría económica

Miguel Díaz-Canel Cuba cultura economía
Miguel Díaz-Canel este miércoles en el Palacio de Convenciones de La Habana (Foto: Cubadebate)

LA HABANA, Cuba. – Las autoridades cubanas, sobre todo las relacionadas con el sector de la cultura, se destacan sobremanera en el combate contra el intrusismo profesional. En ese sentido sobresale la promulgación del controversial Decreto 349, que impide la contratación de artistas no formados en las escuelas de arte gubernamentales.

Sin embargo, y como es lógico suponer, ese Decreto no se aplica cuando son los miembros de la nomenclatura quienes incursionan en temáticas para las cuales no fueron formados profesionalmente. El propio Miguel Díaz-Canel Bermúdez, graduado de ingeniería eléctrica, descuella como un asiduo practicante del intrusismo profesional, en especial al tratar de sentar pautas en la teoría económica.

Durante su discurso en la clausura de la más reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y como parte de su arenga en pro de la sustitución de importaciones, el mandatario expresó que “Importar acomoda y se transforma en un vicio que mata la iniciativa”.

Si los gobernantes aspiraran a un país autárquico, o sea, cerrado totalmente al comercio internacional, tendría cierto sentido la enemistad oficialista hacia las importaciones. Pero no sucede así, pues ellos quieren exportar cada día más. Es decir, pretenden vender y no comprar. ¿Qué pasaría entonces si todas las naciones hicieran suyo el discurso del señor Díaz-Canel? Se acabaría el comercio internacional, ya que nadie desearía comprar nada.

La situación se complica cuando advertimos que este sinsentido enarbolado por el Presidente no es simplemente una opción táctica, sino que, al parecer, asume ribetes estratégicos.  No se renuncia a las importaciones como consecuencia de  la difícil situación de las finanzas externas del país. La expresión de Díaz-Canel en la Asamblea Nacional indica que la batalla contra las importaciones es a muerte.

Cerrar la economía a las importaciones afecta en primer término a los consumidores, quienes sufren escaseces y desabastecimientos debido a la muy probable imposibilidad de la industria nacional —situación agravada en el caso de Cuba— de satisfacer la demanda total de la población. Las naciones que brindan un mayor nivel de vida a sus ciudadanos son, en su gran mayoría, aquellas que abren su economía a los mejores bienes provenientes del exterior.  En nuestros días resulta paradigmático el caso de China, empeñada en mejorar la calidad de vida de su pueblo, y por tanto organizando ferias internacionales que promuevan las importaciones.

El señor Díaz-Canel debía de comprender que el problema no consiste en limitar las importaciones, sino en tratar de aumentar las exportaciones. Porque si nuestros rubros exportables  aportaran los ingresos adecuados, la isla podría importar sin preocupaciones todo lo que resulte más costoso e inviable producir en el país. Le aconsejamos que consulte las estadísticas anteriores a 1960. En aquellos tiempos, sobre todo en los años cincuenta, los comercios cubanos estaban invadidos, para beneplácito de los consumidores,  de productos de primera calidad, buena parte de ellos de procedencia estadounidense. Y casi siempre la isla reportaba un superávit en su balanza comercial. Ello era así por la potencialidad de nuestras exportaciones, con especial destaque para el azúcar y el tabaco.

Ahora, en cambio, estamos condenados a convivir con las tarimas y los anaqueles semivacíos. Todo a causa de la endeblez de los rubros y sectores que generan ingresos en divisas —recordar que el turismo, una de las locomotoras de la economía, empezó con mal paso el 2019—,  y también por las convicciones teóricas del “economista” Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

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