Dramatizados adoctrinantes y con moraleja

Dramatizados adoctrinantes y con moraleja

A eso aspiran los mandamases: a telenovelas y seriales adoctrinantes y con moraleja favorable al sistema, en la tradición del más rancio realismo socialista

Cuba, Dramatizados
(Fotograma de la teleserie “La Otra Guerra”/Captura de pantalla)

LA HABANA, Cuba. – La telenovela “Entrega” y la segunda temporada de la serie “Lucha contra bandidos: la otra guerra”, son destacadas por los decisores de la cultura oficial como excepcionalmente modélicas dentro de la programación dramatizada de la TV cubana.

A esos dos programas, compitiendo con los seriales policiales norteamericanos como CSI,  se suma  “Tras la huella”, que como sus primos de Sector 40, Móvil 8 y Día y noche, está dedicado a exaltar al Ministerio del Interior y a meternos el policía en el alma, convenciéndonos de que los súper-agentes de la Seguridad del Estado y de la Policía Nacional Revolucionaria son invencibles, infalibles y se las saben todas.

A eso aspiran los mandamases: a telenovelas y seriales adoctrinantes y con moraleja favorable al sistema, en la tradición del más rancio realismo socialista.

El serial “La otra guerra”, dirigido por Roly Peña, vuelve sobre el tema del aplastamiento por las fuerzas gubernamentales de las guerrillas anticastristas en los años 60.

Aunque centrada principalmente en el Escambray y en menor medida en otras zonas montañosas del país, fue una guerra civil que involucró a miles de personas, ocasionó centenares de muertos, mutilados y desplazados.  Duró casi siete años, de fines de 1959 a octubre de 1966, siendo, luego de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), el conflicto bélico más largo ocurrido en Cuba (a la insurgencia fidelista solo le llevó dos años y un mes derrocar al régimen de Batista).

La insurgencia anticastrista, para ser aplastada,  requirió el empleo de más de 70 000 efectivos del régimen, armados hasta los dientes por los soviéticos. Pero en seriales como “La otra guerra” y películas como “El hombre de Maisinicú”, se presenta a esa insurgencia como grupos de “bandidos” (la denominación oficial para los alzados), dedicados principalmente a robar y asesinar civiles, que huían despavoridos de los milicianos.

En “La otra guerra”, que se desarrolla en el sur de Matanzas, en las proximidades de la Ciénaga de Zapata, los militares del régimen -especialmente los dos protagonistas, los oficiales interpretados por Fernando Echevarría y Jorge Martínez- son valientes, sacrificados, sensibles. Y los alzados, despiadados asesinos, sin un asomo de humanidad.

Si la mayoría de los alzados contra el castrismo eran campesinos y excombatientes de la lucha contra la dictadura  de Batista, ¿cómo se explica  la metamorfosis que los convirtió en tales monstruos? ¿Serían siempre así?

Ambos bandos cometieron atrocidades, pero el régimen solo habla de las atrocidades  de sus enemigos. Y encima, las exagera.

Si los alzados se dedicaban a robar y a asesinar campesinos, incluso mujeres y niños,  ¿por qué   los pobladores de las lomas los  apoyaban? Tan es así que el régimen consideró preciso  el traslado forzoso de cientos de familias campesinas del Escambray a Pinar del Río, a los llamados pueblos cautivos Guane y Briones Montoto, para evitar que abastecieran a los alzados y se sumaran a sus filas.

“La otra guerra” sirve a los propósitos oficiales de reescribir la historia, satanizando a sus oponentes.

Y hablando de historia, de los conflictos sentimentales y laborales de Manuel, un joven profesor de Historia de Cuba, trata la telenovela “Entrega”.

Manuel vendría a ser la contrapartida de la profesora Carmela de la película “Conducta”. En medio de sus conflictos amorosos y con un hermano delincuente, Manuel, con inusuales y nada ortodoxos métodos, trata de despertar el interés por la asignatura en sus apáticos alumnos, amén de inculcarles valores éticos, y claro, el amor por “la patria, la revolución y el socialismo”, que para él, como para todo buen castrista, son una misma cosa: algo así como la Santísima Trinidad.

En uno de los capítulos, Manuel exalta ante sus alumnos a los terroristas que ponían bombas en las calles habaneras en los años 50 y los pone como ejemplos a imitar.

Supongo que para Che Guevara, el profe Manuel sería lo más parecido al hombre nuevo a que  puede aspirarse en estos momentos de despetronque

nacional. Y ni se diga para Díaz-Canel, que no se cansa de insistir en la importancia de la enseñanza de la historia (de la historia oficial, claro) para “la continuidad” que propugna.

La novela, dirigida por Alberto Luberta (hijo) y Osvaldo Doimeadios, cuenta con varias subtramas que le sirven de gancho. Entre ellas,  un asesino en serie de mujeres, que acecha a la esposa de un muy agobiado por problemas personales  oficial criminalista de la PNR. Porque en esta novela también hay policías, dos oficiales muy humanos y razonables, interpretados por los dos mismos actores protagonistas de “La otra guerra”: Jorge Martínez y Fernando Echevarría (el mismo de aquel spot “No nos entendemos”).

En la era raulista,  las telenovelas de Cubavisión empezaron a parecerse más a los culebrones de Globo o Univisión que a la vida de los cubanos. Se desarrollaban en  calles limpias e iluminadas; en casas amplias, pintadas y bien amuebladas; en pulcros hospitales donde no faltaban  médicos ni  medicamentos; en paradisíacos centros de recreación donde los personajes consumían despreocupadamente y pagaban con CUC.  No había solares ni pordioseros. Nadie pasaba hambre. Siempre había agua en la ducha. Todos vestían bien. Ni siquiera había gente fea. Y la chusmería era light, dosificada, simpática.

Pero como hubo menos temas tabúes, las telenovelas empezaron a parecerse un poco más a la vida real y aparecieron personajes hasta entonces inusuales: ex presidiarios, enfermos de SIDA, vendedores callejeros, jóvenes descarriados, alcohólicos, jineteras.

El Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), pese a que tiene que competir con “el paquete” y “la antena enemiga”, ha declarado la guerra a la frivolidad y llama a reforzar el “trabajo ideológico” sobre los televidentes. Por eso es de esperar que vengan más personajes como el profesor Manuel, los policías interpretados por Fernando Echevarría y Jorge Martínez, o los milicianos de La otra guerra.

¡Y creíamos  que los novelones con teque de Maité Vera eran cosa del pasado! No se asusten, cuando a falta de presupuesto para hacer  nuevas telenovelas, se decidan a reponer “El viejo espigón”.

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Acerca del Autor

Luis Cino

Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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