Eran tres monedas y ahora son cuatro

Eran tres monedas y ahora son cuatro

Ya no basta con tener y ganar en CUC, que a partir de ahora comenzará a caer en picada frente al dólar por las posibilidades que ofrece

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La dualidad monetaria se complica. El dólar se impone (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – No había concluido el programa televisivo donde se anunciaron las nuevas medidas económicas cuando ya los primeros efectos comenzaron a registrarse en los precios de algunos productos.

En el sitio cubano de compraventas en internet, Revolico.com, que por su dinámica pudiera servir como indicador del comportamiento del mercado informal en Cuba, el precio de aires acondicionados, como de televisores, refrigeradores y otros electrodomésticos registraron un descenso considerable con respecto a días anteriores.

Equipos del tipo split, de una tonelada de capacidad, que estuvieran entre los 620 y 650 CUC, en cuestión de minutos bajaron su precio hasta en un 10 y 15 porciento, como muestra de la desesperación de los revendedores por salir de una mercancía que, a finales del mes de octubre, con la apertura de los comercios estatales destinados a la captación de moneda fuerte, pudiera estancárseles, arruinándoles el negocio.

Pero el efecto de caída apenas duró unas horas. Ya en la mañana de este miércoles volvieron a alcanzar los niveles anteriores, quizás como una señal  de la poca confianza en la estabilidad de las ventas estatales anunciadas, así como en la capacidad de las instituciones estatales para garantizar no solo un surtido de calidad que satisfaga las demandas sino además el control de los recursos.

De acuerdo con lo que han venido comentando algunas personas en la calle desde ayer en la noche, es también muy probable que el procedimiento establecido para la compra de mercancías, que precisa de la adquisición de una tarjeta en las sucursales bancarias, así como la imposibilidad de extraer el dinero en efectivo y en moneda norteamericana cuando el propietario decida cerrar su cuenta, influirá en que una gran mayoría de los cubanos, sobre todo aquellos que reciben sus ingresos de modo informal, sin mediar transacciones bancarias, continúen acudiendo a ese mercado subterráneo que les garantiza pasar inadvertidos.

Tal vez por eso, el nerviosismo experimentado en las primeras horas posterior al anuncio oficial ‒que se tradujo además en un período de congestión de las líneas telefónicas entre las 7 y 30 pm hasta pasadas las 9 de la noche‒, ya en la mañana del miércoles había desaparecido, aunque se espera que el flujo de mercancías que arriba a la isla por medio de las llamadas “mulas”, fundamentalmente desde Panamá, disminuya por el momento, hasta tanto no se tenga una idea de lo que habrá de suceder en los días venideros.

Lo cierto es que, lejos de que el gobierno cubano cumpliera con el compromiso, incluso expresado en los llamados “Lineamientos del Partido Comunista”, de eliminar la dualidad monetaria y cambiaria, hoy se agrega otra moneda al caótico juego de la economía interna cubana, profundizando las diferencia entre los ciudadanos, creando categorías sociales entre quienes reciben remesas del exterior y tienen acceso a las divisas convertibles, y aquellos pobres que ganan su salario en dos “monedas nacionales”, el CUP y el CUC, que cada día pierden valor.

Si antes se trataba de eliminar dos monedas en un contexto donde existían tres (el CUP o peso cubano no convertible, el CUC o peso convertible no respaldado en las reservas y el CUC fuerte, solo usado en las transacciones entre determinadas empresas estatales), ahora asistimos al establecimiento de una cuarta que se impone a las demás y que, según resulte el “experimento”, quizás termine dolarizando todo el comercio interno, como alguna vez lo hiciera el decadente CUC.

Ya no basta con tener y ganar en CUC, que a partir de ahora comenzará a caer en picada frente al dólar por las posibilidades que ofrece, sino que se vuelve mucho más marcada la obligatoriedad de abandonar Cuba, de emigrar, si se desea adquirir privilegios como este nuevo de comprar en dólares o aquel no tan viejo de poder invertir como empresario o subirse a una embarcación, tres cosas prohibidas a un cubano de a pie, ese cuya familia no ha cumplido con el principio fundamental que sostiene la disparatada economía socialista: enviar uno de sus miembros al exilio para que se convierta en emisor de remesas.

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