Los cubanos tienen miedo a vender

Los cubanos tienen miedo a vender

El temor de quienes se promocionaban en los grupos de compra y venta está en ser expuestos públicamente, ya sea en reportajes de la prensa provincial o, peor, en el Noticiero de Televisión

(Foto de la autora)

VILLA CLARA, Cuba. – Cada vez que Daniela sale de su casa para hacer alguna entrega se le hace un nudo en la garganta y siente taquicardia. Debajo de la cama guarda apenas tres cajas de distintos productos que le quedaron cuando operaba como vendedora por cuenta propia en la zona común de la candonga de Santa Clara, cerrada desde hace meses, semanas antes de que se confirmara el primer caso de COVID-19 en la Isla.

“Estas cositas no son cubanas, pero tengo miedo”, dice. Daniela abre uno de los bultos precintados y muestra dos pomos de champú, biberones para recién nacidos, tres tubos para sanar las hemorroides, una paca de ajustadores y otros artículos por el estilo que no guardan relación los unos con los otros. Fueron traídos por ella desde Guyana el año pasado, cuando intentó pedir la visa norteamericana y se la negaron.

“Pasé mucho para poder pagarme ese viaje y todo lo que traje lo compré con mi dinero. Tuve que empezar a vender en la candonga, pero la cerraron de sopetón, justo cuando estaba recuperándome, pero ahora tengo miedo”, repite una y otra vez durante la conversación.

Hasta hace una semana, esta muchacha de 29 años operaba con su nombre en el grupo “Revolico Santa Clara”. Una amiga le advirtió que eliminara las publicaciones anteriores, que quitara su número de teléfono, que desapareciera de las redes cualquier prueba que pudiera relacionarla con el llamado “acaparamiento ilícito”. Daniela optó, sin embargo, por cambiarse el perfil comercial en el grupo por otro que protegiera su verdadera identidad.

En una búsqueda rápida en las tres plataformas de ventas más usadas en la provincia (Revolico, La Candonga y Ventas Santa Clara), se advierte que la mayoría de los contenidos antes disponibles, en los que se promocionaban productos de alta demanda, han sido eliminados recientemente y ya no están disponibles. También han existido usuarios que se han retirado de las páginas, según confirmó a CubaNet uno de sus administradores.

“Pongo los clasificados y pido que me escriban al privado”, explica Daniela. “Así están haciendo la mayoría de los vendedores para no enredarse. El miedo que todos tenemos es que lleguemos a una casa a realizar una entrega y sea la de un policía. Lo de menos es que te multen, lo peor es que quiten las cosas y te saquen en el noticiero”.

Tras las noticias de reiterados decomisos a diversos cuentapropistas que almacenaban en sus viviendas productos extraídos de las tiendas recaudadoras de divisas y el propio mercado industrial, un número considerable de vendedores han movido las fichas de dominó para no verse atrapados en estas redadas. La solución ha sido “cuidarse más”, explica el propio administrador y también moderador de un grupo de Telegram.

El pasado 15 de agosto, trascendió en Twitter el arresto de una persona que cambiaba dólares americanos y que fue receptado por un policía mediante un perfil falso en las redes sociales, de acuerdo con un post realizado por el activista Jancel Moreno.

“No se deje llevar por ofertas muy tentadoras. Siempre explique que usted no se dedica a eso. Evite el cambio de grandes sumas de dinero. Asegúrese que está hablando con una persona real y no con la policía. Esto aplica para todo lo que decidas vender”, recomendó Moreno en su cuenta.

Antes de entregar el artículo a domicilio, los vendedores suelen revisar varias veces el perfil de la persona que lo solicita y envían a otra persona en su lugar, a la que se abonan 20 pesos o 1 CUC adicional por el pedido. Generalmente, prefieren que los clientes sean mujeres y aseguran que solo poseen una unidad del producto que se solicita, para no ser acusados de acaparamiento.

El temor principal de la mayoría de quienes se promocionaban en los grupos de compra y venta está en ser expuestos públicamente, ya sea a pequeña escala en los reportajes de la prensa provincial, o peor, que “su caso” repercuta en el Noticiero de Televisión.

Las nuevas medidas para enfrentar el acaparamiento ilícito, los coleros y revendedores, han provocado el desabastecimiento de muchos puntos de ventas particulares que comercializaban productos demandados en las casas cubanas, como el arroz, los frijoles o la manteca de cerdo.  Muchos de estos cuentapropistas se trasladaban por medios propios hacia otros municipios y regiones rurales donde adquirían la mercancía a través de la compra al por mayor a los campesinos para luego venderla en el mercado informal.

Hace pocos días, Amarilys Herrera, miembro del grupo “Santaclareando”, denunció que los propietarios del punto de venta de viandas y hortalizas ubicado en la carretera a Camajuaní fueron interceptados por la policía cuando regresaban de la finca de un familiar en San Diego del Valle.

“Se les decomisó la mercancía y se les puso una multa de 2000 pesos. ¿Cuál fue el delito? No sé. ¿Quién seguirá abasteciendo a la población si se continúa actuando de forma irracional?”, posteó la santaclareña.

Como respuesta a la denuncia en las redes, otros miembros del grupo se manifestaron en contra de un hecho que consideraron irracional y publicaron sus opiniones en defensa de estos vendedores de viandas y hortalizas que “no son millonarios, solamente buscan el dinero sanamente y el pueblo resuelve”, posteó Bárbara Acosta Ruiz.

“Es verdad que, a veces, son caros, pero a ellos mismos se los venden caros, si no fuera por esa gente no hubiera nada”, prosiguió la usuaria.

“Es cierto que hay que controlar las ilegalidades mayores, sobre todo, pero aquí si no llegan, se pasan. Todo es cacería de brujas. Con tantas ilegalidades que hay y se ponen para ese puesto”, expresó Miriam González, miembro también del grupo.

Hasta el momento, solo las TRD han estado en la mira del gobierno. Sin embargo, a raíz de la apertura de las tiendas en MLC en Santa Clara, ha surgido en el último mes una nueva reventa de productos que provienen de dichos establecimientos, a los que puede acceder un porciento muy bajo de la población. Por ejemplo, a Ibis Hernández, una madre que miraba a través de la cristalería de la tienda Agua y Jabón del boulevard, le propusieron dos tubos de pasta Colgate y tres kilos de detergente. “Evidentemente, la reventa se ha pasado para la parte de los dólares, porque es donde hay cosas. Esa gente sí que no tiene miedo a vender, porque ni son coleros, ni acaparadores, son gente con verdes en una tarjetica a la que le sacan provecho”.

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Acerca del Autor

Laura Rodríguez Fuentes

Laura Rodríguez Fuentes

Periodista. Ha escrito para Vanguardia, OnCuba, La Jiribilla y El Toque. Reside en Villa Clara

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